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Nigeria también quería una revancha que queda pendiente

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Si Argentina buscaba hoy borrar de un plumazo el fantasma de Atlanta 1996, Nigeria clamaba venganza ante los albicelestes por la derrota encajada en el Mundial sub'20 de 2005, con muchos de los protagonistas de entonces sobre el césped de "El Nido", una revancha que no pudo consumar y que quedó pendiente.

Mucho se ha hablado durante los últimos cuatro días, en las informaciones previas sobre la final olímpica disputada hoy en el flamante Estadio Nacional, más conocido por "El Nido", de la posibilidad de revancha que ofrecía el partido para Argentina, que, derrotando a Nigeria, además de colgarse el oro, podría por fin pasar página y olvidar lo ocurrido en otra final de infausto recuerdo para la albiceleste, la de Atlanta 1996.

En aquella, disputada en el Sanford Stadium de Athens, Georgia, ante 86.000 espectadores, el conjunto africano, espléndidamente liderado por Kanu, pero en el que también jugaban Okocha, Ikpeba, West, los dos Babayaro, Oliseh, Babangida, Amokachi y Amunike, que ya había eliminado a Brasil en semifinales en otro encuentro épico, hizo saltar la banca al remontar un 1-2 con el que parecía que Argentina iba a conseguir su primer oro olímpico.

Los Ayala, Crespo, Ortega, Claudio López, Simeone, Chamot, Zanetti, Sensini, Gustavo López y Cavallero asistieron impotentes a la repetición del juego veloz y ofensivo exhibido por los nigerianos ante Brasil y no pudieron evitar la remontada merced a un tanto de Amokachi a un cuarto de hora del final y otro de Amunike, el decisivo, cuando el italiano Collina se aprestaba a enviar a ambas selecciones a la prórroga.

Pero el duelo de hoy también era una ocasión ideal para que Nigeria saldara cuentas con Argentina por otra final, más próxima en el tiempo y por tanto más real, por cuanto los protagonistas del encuentro de hoy eran apenas unos niños en 1996 que no grabaron en su memoria lo sucedido en Atlanta: la del Mundial sub'20 de 2005 disputado en Holanda, que ganó la albiceleste 2-1 con dos goles de penalti de Messi, el último, cometido sobre Agüero, a quince minutos del final que inutilizaron el tanto de Ogbuke Obsasi.

Además de Messi y Ogbuke Obasi, otros trece jugadores presentes hoy en "El Nido" lo estuvieron también entonces en el Galgenwaar Stadium de Utrech: los argentinos Garay, Zabaleta, Gago, Agüero y Navarro y los nigerianos Vanzekin, Apam, Adeleye, Adefemi, Kaita, Isaac, Okoronkwo y James, dirigidos en Holanda por el mismo hombre que en Pekín, Samson Siasia.

Al final, el encuentro, tedioso, se pareció poco al eléctrico duelo de Atlanta y repitió más los esquemas presenciados en Utrecht, entre ellos, el papel desarrollado en Argentina, entonces y hoy, por Messi, referencia albiceleste al que sus compañeros buscaron insistentemente para que solucionase el atasco ofensivo de los sudamericanos.

Tal y como sucedió en Holanda, Nigeria pudo adelantarse en un marcador que finalmente, cuando el "runrun" de la posible prórroga e incluso los penaltis ya había comenzado a extenderse por las gradas de "El Nido", abrió con maestría, con un toque de suprema calidad, Di María, al que los africanos dejaron solo ante Vanzekin como lo estuvo Messi hace tres años desde los once metros.

Por delante en el electrónico, Argentina, como ya hiciera en Utrecht echó mano de un oficio del que aún carecen las jóvenes "águilas verdes".

Nigeria lo intentó en Holanda y lo volvió a intentar hoy en "El Nido", pero su falta de picardía y tablas en ataque impidieron que plasmara sobre el bochorno pequinés su superioridad física, aliñada con buena dosis de voluntad, ganas e ímpetu, los que proporciona "el poder de Dios", según explicó Chinedu Ogbuke tras ganar a Bélgica en semifinales.

Los africanos merecieron mejor suerte entonces y volvieron a hacerse acreedora de ella hoy ante una Argentina que no se pareció en nada a la de la semifinal ante Brasil, pero supo aguantar hasta el pitido final del húngaro Kassai, que dejó pendiente otra revancha para el futuro.