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"Aún soy una niña de doce años y lo he pagado caro"

Entrevista a la escritora Ana María Matute

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Olvidado rey Gudú es el libro que Ana María Matute (Barcelona, 1926) siempre quiso escribir y con el que quiere que la recuerden. Por eso, el legado que ayer depositó en la caja 1.526 de la Caja de las Letras, en la sede del Instituto Cervantes en Madrid, es un ejemplar de esta novela publicada en 1996. Sólo se abrirá a partir del 26 de julio de 2029. Con esta entrega, Matute es la primera escritora la primera mujer fue Margarita Salas en 2008 con un legado en el Cervantes.

¿Qué pensó cuando le propusieron el legado ?

Al principio me dejó sorprendida, pero luego me pareció una idea muy bonita, ya que nos ayuda a persistir en la memoria de la gente.

Repasemos su vida. En 1996 entra en la Real Academia de la Lengua. ¿Qué visión tiene de ella?

Creo que es muy necesaria. Es la cuidadora de la lengua, y desgraciadamente, últimamente se va descuidando. Incluso por personas que tendrían que ser conscientes de que la lengua es importante. Y no maltratarla, y la maltratan.

Usted siempre ha sido exigente.

Sí. Yo corrijo mucho, y siempre se me olvida algo. Cuando lo vuelvo a ver publicado me tiro de los pelos. Soy muy exigente y me parece que hay que serlo. Pero yo lo que siempre he querido ser es legible.

Es la eterna candidata al Cervantes. ¿Desengañada?

No, porque yo no escribo para ganar premios. Escribo porque es mi vida. Para mí la literatura es otra cosa.

¿Qué es para usted?

Mi vida. Además, es la única profesión o una de las pocas que no es en beneficio propio si no para compartir. Un libro no existe si alguien no lo lee. El acto material de escribir es compartir.

Hasta que publicó Olvidado rey Gudú en 1996 estuvo más de una década en silencio. ¿Por qué?

Yo siempre estoy escribiendo, aunque sea mentalmente. Pero no soy escritora de un libro al año, porque creo que es un poco negativo ya que no hay nadie que lo escriba como debe ser.

¿Cómo vivió el fin del franquismo?

Con una alegría muy grande. La sociedad que se produjo bajo el mandato de Franco no me gustó nada. A mí me hizo mucho daño, me prohibió libros. A todos los escritores de mi generación la guerra nos hizo mucho daño. Y la posguerra fue implacable. No debo olvidar tampoco que aprendí mucho, pero con mucho dolor.

¿Cómo sintió la censura de Luciérnagas en 1958?

Muy mal porque también tenía problemas económicos porque estaba casada con una persona muy inadecuada que me había apartado de toda mi familia. Y yo pensaba que ese libro me iba a sacar del apuro, pero como se censuró no vi ni una peseta.

¿Cómo era la relación entre las escritoras de la posguerra?

Nosotras fuimos las pioneras, las que levantamos una voz que hasta entonces había sido muy sofocada. Y teníamos una relación buenísima porque cuando estás bajo un régimen de corrupción y persecución te unes más. Ahora creo que los escritores no están tan unidos.

Usted nunca estuvo en ninguna corriente literaria.

No, no, yo a mi bola siempre. He sido muy independiente.

Siempre ha dicho que la guerra le marcó. ¿Cree que las generaciones actuales reconocen aquel sufrimiento?

No tenéis ni idea. Además no se os informa demasiado bien. La asignatura de Historia está bastante floja.

Usted tiene seis libros juveniles, ¿cree que es una parte de su obra que está ahora olvidada?

No es que se haya olvidado, sino que se ha estropeado, ya que ahora está la manía de lo políticamente correcto. Pero el lobo no es bueno, y las niñas tienen que saber que el lobo no es bueno.

Sus cuentos no son nada edulcorados, y de hecho usted ha dicho: 'Los niños sufren'.

Los niños tienen problemas, como todas las personas. Luego algunos olvidan todo esto, pero el niño que fuimos siempre reside dentro de nosotros. Yo no he pasado de los 12 años, y eso te lo hacen pagar muy caro porque la inocencia no se comprende, se malinterpreta e incluso se desprecia.

¿Qué balance hace de su vida?

Hay más de negativo, pero en mí no ha pesado tanto. Si lo poco bueno pesa mucho más que lo mucho malo, es mejor.