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El niño torero seguirá con sus corridas en Francia

Los antitaurinos denuncian la explotación de Michelito, de diez años

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Michelito Lagravère, el niño torero mexicano de diez años que en los últimos días se ha convertido en uno de los símbolos de la barbarie para los antitaurinos franceses, saltó ayer finalmente al ruedo en Hagetmau y hoy lo hará en Gimeaux. Los activistas no consiguieron que las autoridades galas cancelaran estas corridas, como sucedió el pasado fin de semana en las poblaciones francesas de Fontvieille y Arles.

Las becerradas infantiles tienen más de 30 años de historia en el país vecino. Por ello, los argumentos de los antitaurinos para evitar que Michelito trabajara como torero se centraron en su edad, ya que la legislación francesa impide hacerlo antes de los 16 años. Sin embargo, no lograron probar que los padres del niño fuesen remunerados por exponerlo ante una vaquilla que multiplica varias veces su peso.

Esa desproporción no asusta ni al joven torero ni a los miembros del Observatorio de las Culturas Taurinas. Para esta asociación, el niño no corre peligro en una becerrada, en la que no hay banderillas ni se mata al animal. La directora de la escuela taurina de Hagetmau ha ido más lejos al declarar que 'un chiquillo de su edad que juegue al rugby corre el mismo peligro que él'.

El padre de Michelito, el matador francés Michel Lagravère, lo puso delante de un becerro a los cuatro años. Dos temporadas después, el niño mató al primero de una larga lista y empezó a participar en concursos nacionales mexicanos. En Perú, mató a cuatro novillos y acabó saliendo a hombros por la puerta grande. Desde entonces, su carrera ha sido fulgurante. Sólo en lo que va de año ha cortado 55 orejas y 16 rabos.

Los Lagravère viven en Mérida (México), donde el padre trabaja como preparador de toreros. Entre ellos, su hijo, que pasa una hora diaria de entrenamiento físico y cuarenta minutos de 'toreo de salón'. Según declaró Michel Lagravère a Efe, esa dedicación no le impide obtener 'muy buenas notas'.

'Ha nacido en la casa de un torero, me ha visto en un hospital con las cornadas, un toro le metió un pitón en la boca'. Con esta retahíla, el padre del niño torero quiere demostrar que Michelito tiene plena conciencia del peligro que corre. Algo que no le sirvió de mucho a su compañero Jairo Miguel, un español de 15 años, gravemente herido en México hace un año.