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Los niños llenan las calles de Castrillo de Murcia (Burgos) atraídos por el Colacho

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La localidad burgalesa de Castrillo de Murcia ha acogido hoy la fiesta del Colacho, en la que se representa el triunfo del bien sobre el mal.

Antiguamente los protagonistas eran niños del propio pueblo, pero este ya no es un requisito, debido a la dificultad de encontrarlos de la propia localidad.

Según ha manifestado el Mayordomo-Colacho, Juan José Dueñas, en ediciones anteriores han llegado a participar niños llegados desde Estados Unidos.

El acto central de esta jornada es la bendición de los niños con el famoso salto del Colacho sobre ellos, acto por el que Satanás, encarnado en El Colacho, huye de Jesús.

Esta tradición se remonta a 1621, año en el que se fundó la Cofradía del Santísimo Sacramento y la Archicofradía Minerva de Roma.

Desde entonces se celebran estos actos, fundamentalmente litúrgicos, pero que entrañan también una importante carga simbólica ya que, al final, se trata de una "lucha del bien sobre el mal", ha explicado a EFE Juan José Dueñas.

Una fiesta reconocida por su principal atractivo, el salto del Colacho.

Un momento en que los bebés, una vez bendecidos, se ponen en fila para que el Colacho los salte.

Un requisito indispensable, ha confirmado Juan José Dueñas, es que tienen que ser menores nacidos y bautizados entre el Corpus anterior y el del año correspondiente.

Aunque esta celebración es conocida como la fiesta del Colacho, este no es el único personaje protagonista.

De hecho, los cinco miembros de la Cofradía tienen su papel, Mayordomo-Colacho, Mayordomo-Atabalero, dos Priores-Amo y un Secretario.

Cargos que se renuevan todos los años, otro de los secretos que da éxito a la fiesta, según Juan José Dueñas.

Otra de las peculiaridades que hacen atractiva la fiesta es la vestimenta del Colacho, con colores muy llamativos, y la birria, una máscara grotesca que le tapa la cara.

También lleva la "cola de caballo" con la que "pega" a los asistentes que participan en las "vueltas del Colacho", porque el Colacho, quien intenta impedir las oraciones, recorre las calles del pueblo acompañado por el Atabalero, quien dirige sus desplazamientos a ritmo de tambor, hasta que huye.