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Los niños toleran la literatura sin edulcorar

El estreno en cine de 'Donde viven los monstruos' reabre el debate sobre los límites de los libros infantiles

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Las críticas a la reciente película Donde viven los monstruos, de Spike Jonze, no han sido del todo buenas en Hollywood. 'Es oscura. Quizá no del todo para niños', apuntaba The Hollywood Reporter. Muchos de estos críticos ya deben de estar afilando los cuchillos para la versión que Tim Burton ha preparado de Alicia en el país de las maravillas.

Su estreno mundial está previsto para el 5 de marzo de 2010 y las primeras imágenes ya muestran un mundo tétrico y misterioso. Sin el habitual colorido que ha acompañado sus versiones en los libros ilustrados y en las cintas de dibujos animados.

Ambas películas están basadas en los clásicos infantiles de Maurice Sendak y Lewis Carroll, respectivamente. El primero fue publicado en 1963 y el segundo, un siglo antes, en 1865. Los dos libros tienen una estética oscura y esconden cierta perversidad. Critican al mundo adulto y ofrecen la imaginación y la fantasía como salvación ante una sociedad donde crecer supone perder la magia de la inocencia. Sin embargo, aunque entusiasmaran a los adultos por sus diferentes niveles de lectura, desde su publicación fueron concebidos como libros para niños.

Por tanto, ante las aceradas críticas a la película de Jonze, la pregunta es obvia: ¿Son estas historias realmente oscuras o esto no es más que un reflejo de una sociedad que sobreprotege a los más pequeños?

'El miedo al niño provoca que el adulto se comporte como un crío'

El escritor Andrés Barba, autor del relato infantil La alucinante historia de Juanito Tot y Verónica Flut (Siruela), reconoce que esta actitud actual que busca separar de los más pequeños lo perverso, violento o humillante, 'muestra el miedo social al niño y todo lo que tiene que ver con él. Eso es lo que está provocando que el adulto se convierta hoy en un niño y que al niño se le trate cada vez más como a un adulto. Estamos intentando proteger de cosas al niño de las cuáles no debe ser protegido'.

La escritora Care Santos, autora de la serie Inseparables para siempre, manifiesta a su vez que 'los padres son hoy excesivamente vigilantes de lo que los niños consumen. La gente se escandaliza ante la violencia de algunos libros, de algunos cómics, pero lo que muestran es un temor adulto que no tienen los niños'. En la misma línea, el escritor Manuel Rivas habla de la confusión que vive ahora la sociedad: 'Nos hemos puerilizado mucho. Nos pone nerviosos que se diga caca o culo sin entender que lo importante es el fondo de las historias'.

Los psicólogos y los pedagogos consultados por este periódico están de acuerdo con las palabras de estos tres escritores. 'Vivimos en una cultura social que no acaba de entender al niño. Yo creo que esto se debe a que pasamos de una dictadura a una laxitud en las costumbres y en los hábitos, y ahora estamos intentando recolocarnos y buscando los límites en la educación de los hijos', resume el psicopedagogo José María Avilés.

En el mismo sentido, el pediatra José Galbe señala que 'hemos llegado a una sociedad en la que hay muchísimas cosas que no se deben decir. Se le da mucha importancia a cosas que no la tienen y hay una búsqueda total de la corrección política que está siendo contraproducente con los niños'.

Pero es precisamente en la literatura donde no hay que buscar esos límites educativos. Si hay que tener en cuenta ciertos aspectos 'como la violencia demasiado explícita y real, o la inclusión de elementos amenazantes', apostilla Galbe, pero no hay ningún motivo para no mostrar a los niños temas y emociones como la muerte, la humillación, la violencia o la tristeza.

'Lo políticamente correcto está siendo contraproducente con los pequeños'

'Hasta los 10-12 años, un niño asume la muerte de un personaje perfectamente. Eso se debe a lo que nosotros llamamos el pensamiento mágico de los niños. Por eso, ellos no ven cosas realmente terribles como la muerte de la abuela en Caperucita roja', mantiene el pediatra Galbe.

Por supuesto, hay que ser prudente. 'Lo que no se puede hacer es romper con el concepto de inocencia antes de tiempo. Hay contenidos para los que los niños no tienen capacidad de entendimiento. La lectura tiene que ser crítica, pero acompañada de un adulto. El niño tiene que ir comprendiendo las emociones poco a poco porque al final se va a enfrentar a ellas', sostiene Aviles. Andrés Barba está de acuerdo con él: '¿La humillación es un tema infantil o no? Yo creo que sí porque aunque intentemos no verla, es una experiencia muy cotidiana. ¿El enamoramiento físico? También. Los niños siempre hablan de que tienen 18 novias', admite sarcástico.

Todo es posible

También el escritor Alfredo Gómez Cerdá, último Premio Nacional de Literatura Infantil, apuesta por incluir todo tipo de temáticas en las historias que leen los niños. De hecho, en su último libro, Barrio de Medellín, dos niños roban libros para venderlos y comprar así alcohol para para el padre de uno de ellos. 'El alcoholismo es un tema duro, pero hay muchos niños que lo tienen en su casa todos los días', afirma.

No todos piensan así. La psicóloga infantil Alejandra Vallejo-Nágera cree que no todos los aspectos psicológicos y sociales de la vida real deben aparecer en los libros infantiles. Y tampoco cree que algunos libros considerados para adultos y niños deban ser leídos por los pequeños. 'Creo que hay ciertos aspectos como las connotaciones políticas o la violencia que no tienen por qué aparecer en los libros infantiles. Yo no se los daría a un niño pudiendo tener a mano otros que no tienen estos aspectos', sostiene.

En Alicia en el país de las maravillas un conejo corre veloz siempre pendiente de su reloj. En Donde viven los monstruos, el pequeño Max se adentra en un mundo desconocido donde se convierte en el rey de las cosas salvajes (el título original de Sendak es Donde están las cosas salvajes). Hay una carga moral y aleccionadora implícita. Una advertencia de lo que es realmente el mundo de los adultos. Es lo mismo que ocurre en otros libros que se encuentran en esa estrecha línea donde tanto niños como adultos se divierten leyendo, como Peter Pan, El principito o los libros de Roald Dahl.

Para Andrés Barba la cuestión moral en la literatura infantil es muy importante, ya que 'la cabeza del niño busca la moralidad, lo primero que quiere saber es si algo es bueno o no'. Sin embargo, le preocupa el cariz aleccionador que tienen ahora los libros infantiles que, principalmente, se dan a leer en los colegios, y que pasan de puntillas por las temáticas que sí ha tocado la literatura tradicional infantil. 'Ahora hay libros que tratan la violencia de género, pero creo que no tiene sentido, ya que el niño no entiende ese problema. Lo que sí entiende es la violencia, ya que los niños son violentos y crueles', sostiene.

Algunos pedagogos tampoco están de acuerdo con esos títulos que intentan llevar las problemáticas sociales que aparecen en la prensa a las lecturas escolares. 'No creo que haya que llevar el debate a los niños, porque al final con estos temas lo que se está haciendo es literatura panfletaria', apunta la pedagoga Nora Rodríguez, autora del libro Educar desde el locutorio.

Por su parte, el psicopedagogo Avilés señala que el hecho de que los niños no conozcan cómo funciona el mundo real tiene consecuencias muy negativas: 'Pueden dar lugar a personas muy conformistas o muy violentas, ya que están ante algo que les supera. Lo que se está creando con esta idea de no enfrentar a los niños a nada son personalidades muy poco combativas y dependientes'.

Los autores ven también en estos libros de prescripción escolar una estrategia muy fuerte de los grandes grupos editoriales. Un filón de ventas. Alfredo Gómez Cerdá cree que 'hay una excesiva adecuación a las necesidades de la escuela y ahí sí puede haber cierta censura para los autores'. Vicente Ferrer, editor de MediaVaca, especializada en libros para niños desde hace once años, señala a la Iglesia como la mano que aún dirige muchos de los libros destinados a los pequeños. 'Creo que la Iglesia tiene todavía mucha influencia. Por eso, muchos autores ejercen la autocensura y se habla de forma muy ñoña de cosas como la separación de los padres. Al final, es normal que los niños acaben cogiendo asco a la lectura'.

Pese a todo, aún quedan resquicios por donde se cuela una literatura infantil que se escapa de los discursos ligeros. Es el caso de MediaVaca y también de la editorial gallega Kalandraka. Xosé Ballesteros, editor de esta última, resume su función: 'Nosotros tenemos una responsabilidad con los niños. Hay que hacer productos con dignidad, porque, ante todo, los niños son inteligentes'.