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No están, pero existen

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Que los votantes de Batasuna no aparezcan en los gráficos que publican los medios de comunicación no significa que no existan. La realidad es que hay casi 100.000 vascos que han aceptado la petición, planteada por ETA dos días antes de las elecciones, de introducir en las urnas un voto nulo.

Y tampoco ayuda a entender la realidad publicar evoluciones de voto que por primera vez dan mayoría al bloque constitucionalista basándose sólo en el voto válido, porque no hay ninguna duda sobre dónde se sitúan los casi 100.000 apoyos de D3M.

La verdad es que Euskadi sigue siendo una sociedad mayoritariamente nacionalista, como lo demuestra que un 55% de los electores hayan optado por esa opción.

Pero también es verdad que esa cifra es la más baja de las tres últimas décadas. Y, lo que es realmente importante, que cada vez hay menos vascos que apoyan la violencia. A medio plazo, cuando se puedan analizar los resultados del 1-M con perspectiva, es probable que la gran noticia electoral haya sido el ascenso de Aralar.

El mensaje que han enviado a ETA los más de 34.000 nuevos votantes de Aralar es rotundo: se puede ser independentista sin matices y rechazar el tiro en la nuca. Y los otros miles de votantes de EHAK que ahora se han quedado en casa también han enviado a la banda armada una señal inequívoca de cansancio.

La izquierda abertzale ilegalizada tiene, quizá, la última oportunidad para frenar su carrera hacia el abismo. Y los demás partidos deben estar atentos porque una cosa es que no estén y otra, que no existan.