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"No soy un gran fan del Gobierno Bush"

Intelectual neoconservador. Uno de los principales 'halcones' en la guerra contra el terror en Estados Unidos

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Richard Perle no quiere que le asocien con George Bush. El analista neoconservador cuyas teorías sobre la supremacía de EEUU sentaron la base de la doctrina Bush de ataques preventivos y justificaron la guerra contra Irak no quiere que le identifiquen con los 'errores' de las dos presidencias republicanas. Errores de fondo y de forma, por no haber impuesto una auténtica ideología y haber dejado los asuntos de estado en manos de la burocracia del Departamento de Estado y de la CIA.

Perle, también apodado el príncipe de las tinieblas, escribió recientemente en la revista conservadora National Interest una sorprendente crítica contra Bush por sus 'fracasadas políticas en materia exterior y de defensa' y llegó incluso, en una conferencia en Washington el pasado febrero, a renegar del término neocon.

El que fuera presidente del comité de asesores del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de 2001 a 2003, y que ahora redacta sus análisis desde su despacho del American Enterprise Institute, asegura que nunca abogó por 'promover la democracia por la violencia'. Y eso que en 1998, junto con Rumsfeld, Paul Wolfowitz, John Bolton y Robert Kagan, escribió una carta abierta al entonces presidente Bill Clinton pidiendo 'sacar a Sadam Husein del poder'.

Con todo lo que sabe hoy ¿volvería a respaldar la guerra en Irak?

Reformularía la pregunta. ¿El precio a pagar fue demasiado alto? Ahora tenemos una situación bastante prometedora, la seguridad parece haberse estabilizado. Creo que es un buen resultado. Pero hemos pagado un precio muy alto.

¿Cree que es hora de retirar las tropas?

Creo que sí, aunque me parece mala idea anunciar una fecha de repliegue.

¿Sigue abogando por un cambio de régimen en Irán?

Sí. Aunque se han tergiversado mis palabras, no equiparo cambio de régimen con intervención militar, incluso creo que ahora sería demasiado tarde. El Gobierno Bush malgastó siete años en este tema. La idea hubiera sido animar a grupos de oposición para que se hicieran con el poder.

Y durante los años Bush, no le hicieron caso.

El establishment diplomático no ve las cosas de la misma forma que el Departamento de Defensa. Hablé con muchos responsables en aquel entonces pero todos desecharon la idea, decían que era demasiado difícil, demasiado arriesgado. Sigo pensando que es una opción válida. Yo abogué por el cambio de régimen en Irak mucho antes del 11-S. En aquel momento no teníamos la alternativa de alimentar una oposición y sólo quedaba la opción militar, aunque no fuera una buena opción. En el caso de Irán, algunas personas hablan de bombardeos estratégicos y limitados. No puedo opinar sobre eso. Pero es cierto que tenemos la capacidad de alcanzar objetivos con gran precisión. Es una opción para EEUU y lo es definitivamente para Israel.

¿Qué haría en Afganistán?

La cuestión no sólo se resume en mandar más tropas. Deberíamos aclarar cuáles son nuestros objetivos.

¿Y no le parece que la situación en Afganistán se debe al escaso interés que le prestó Bush?

No es resultado directo pero sí hubo un momento en que el Gobierno no entendió lo que estaba pasando ahí.

¿Se refiere a la estrategia o a los responsables?

A los responsables por supuesto. Los errores siempre los cometen las personas. La verdad es que la gente encargada de la cuestión afgana no era nada impresionante. De hecho, no creo que el Gobierno fuera muy capaz. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Yo no soy un gran fan del Gobierno Bush.

Sorprende lo que dice.

Bush nunca entendió cómo ser presidente. No fue un buen presidente. Se habla mucho de cómo le juzgará la historia, yo creo que sólo hizo algo importante, supo cómo responder a los ataques del 11-S. Supo tomar en serio la amenaza de un asesinato en masa e implementar medidas de seguridad que minaran la capacidad operativa de los terroristas.

¿Le molesta que le llamen príncipe de las tinieblas?

Ya me he acostumbrado. Circulan muchas anécdotas sobre cómo me dieron ese apodo. Ocurrió cuando yo tenía 20 años y era asistente del senador Henry Jackson. Un periodista británico escribió un artículo sobre mí. Se equivocó y me dio el apodo de Bob Novak (un columnista ultraconservador que tituló sus memorias sobre sus 50 años en Washington El príncipe de las tinieblas). Ahora ya me da igual. Lo que me cansa mucho son las bromas. Eso sí que cansa.