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"Como no paremos esto, volveremos al siglo XIX"

Secretarios generales de UGT y CCOO en Andalucía. Los líderes de las centrales mayoritarias se enfrentan al reto del éxito de la huelga

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Manuel Pastrana y Francisco Carbonero, líderes en Andalucía de UGT y CCOO, se enfrentan mañana al desencanto, la frustración y, en ocasiones, el miedo de trabajadores y parados. Confían en vencer y reventar así la reforma laboral del gabinete Zapatero.

¿Qué pasa con esta huelga, en la que ministros del PSOE han salido a defenderles de ataques del PP?

Manuel Pastrana. Hay una batalla política tremenda de carácter ideológico, con respecto a la huelga y a las políticas económicas. Hay también una carga emocional muy fuerte. Esto motiva esta sensación de esquizofrenia colectiva. Nosotros hemos sido coherentes. Convocamos la huelga cuando el Gobierno ha adoptado medidas contra los trabajadores.

¿Hay desesperanza, una sensación de que está todo vendido?

'Se nos vende como moderno que no tengamos derechos ni podamos defenderlos'

Francisco Carbonero. Cada día hay más adhesiones. El miedo que están metiendo los empresarios y la desinformación dificulta que los trabajadores vayan a la huelga. Aquí no se han visto todavía las consecuencias reales de la reforma laboral.

¿Les han fallado a los parados?

M.P. Llevo 20 años comprometido con la UGT. No recuerdo una sola propuesta ni convenio en que no haya tenido presentes fórmulas para la creación de empleo.

El paro ha sido utilizado por unos y otros. Si con una huelga se resolviera el paro, la haríamos un día sí y otro no. Lo primero es garantizar que tengan unos mínimos medios de vida. Que 426 euros es una miseria, evidentemente, pero menos es nada, que es lo que existía antes. Eso hemos hecho. Hay mucha desinformación. Lo que no podemos hacer CCOO y UGT es generar empleo. No somos empresas. Hemos hecho todo lo que podíamos hacer.

¿Deberían haber convocado antes la huelga?

M.P. En estos dos últimos años, ha estado permanentemente flotando en el aire el interés de la oposición política y económica para que los sindicatos fuésemos una bomba que erosionase al Gobierno. Y ahora parece que no es necesaria la huelga, porque el Gobierno por sí solo se ha erosionado suficientemente. La huelga se convoca porque las medidas del Gobierno no generan una situación difícil, sino una auténtica catástrofe.

P.C. En la huelga general quien para son los que trabajan, aunque la ciudadanía se sume. Con los recortes se da una confluencia de intereses. Cuando esos parados tengan trabajo, estarán en esa misma situación. La reforma laboral tiene un efecto dominó. Si los salarios van a ser más bajos, habrá menos cotizaciones, menos ingresos, menos con que mantener las pensiones y, en consecuencia, menos sistema público y Estado del bienestar. Se provoca una disminución de derechos en cascada y se empobrece la ciudadanía. De eso no se escapa nadie. Sólo algunos ricos.

¿Qué está en juego el 29-S?

P.C. Desde luego, no la simpatía ideológica de cada uno. Está en juego la destrucción del Estado del bienestar. Y la gente tiene que ser consciente de ello. Como no seamos capaces de parar esto, no sólo mañana sino en el futuro, este país va entrar en un retroceso tremendo. Al siglo XIX. Esto no es una cuestión de que los sindicatos salgamos tocados o no, esto va contra los ciudadanos y los más débiles.

El presidente ha dicho que no va a reformar la reforma. ¿Qué harán después del 29-S si no rectifica?

M.P. Seguiremos. La situación va a ser tan grave que esta guerra la perderá el Gobierno actual y todos los que sigan tomando medidas contra los intereses de la mayoría en beneficio de los de siempre. Zapatero actúa igual que Felipe González y José María Aznar. Ningún presidente antes de una huelga muestra disposición a cambiar sus decisiones. Y todos, después, las han cambiado. Precisamente Zapatero es de los presidentes el más voluble. Un día dice una cosa y luego la cambia, o aduce que ha cometido un error media plantilla del BOE. No vamos a parar. No podemos lavarnos las manos con los derechos de los trabajadores, aunque haya quienes se mantengan indiferentes, sean prisioneros del miedo, de la resignación y de la presión de las empresas.

P.C. Duda mucho quien permanentemente se reafirma en lo que va a hacer o en lo que es. El presidente decía que era la vanguardia de la izquierda en el mundo y fíjese dónde ha terminado, plegado absolutamente a las políticas más conservadoras y neoliberales. Si Zapatero tiene el sentimiento de pelear por la igualdad, sabe de la injusticia que está cometiendo. No puede tener la conciencia tranquila. Creo que rectificará.

¿Hay un cifra de seguimiento que distancie el fracaso del éxito?

P.C. No. El éxito será cuando los centros de las ciudades estén parados, el comercio, las industrias y el transporte esté parado. Cuando se dé una sensación de paro generalizado. Eso va a pasar mañana.

M.P. Un éxito sería que parasen los que realmente pueden parar. Todos los trabajadores pueden hacer la huelga en teoría, es un derecho constitucional. Pero estamos detectando que por su eventualidad, por sus contratos basura, por mil motivos, miles y miles de trabajadores van a ver pisoteado su derecho a la huelga. Un fracaso sería que el gran tejido de la empresa no parase. Eso no va a ocurrir. Cientos de miles de trabajadores se van a sumar porque son conscientes de que tienen que moverse. Si no, está todo perdido. No hacer nada sólo ayuda a los intereses de quien ha colocado en el paro a cuatro millones y en una situación de indefensión a quienes conservan el trabajo.

P.C. Y va a haber piquetes. Debemos informar y liberar a los trabajadores de la presión de los empresarios.

¿Es más fácil convocar una huelga a un Gobierno del PP que a uno del PSOE?

M.P. En esta ocasión trabajamos para una huelga frente al Gobierno, a la derecha, al poder económico y gran parte de los poderes mediáticos. Eso es lo que dificulta la huelga. Hay unos niveles de desinformación terribles. Hay tanto campaneo que es imposible oír lo que nadie dice. Evidentemente, el esfuerzo es mucho mayor cuando sólo un partido pequeño como IU comparte los objetivos y la huelga.

P.C. Nunca hacemos huelga a los partidos. Da igual quien esté y apoye. No vale amenazar con un '¿cómo nos vas a hacer una huelga a un partido de izquierda?', cuando las políticas que desarrolla son absolutamente conservadoras.

¿Saben que en muchos ambientes, aun de izquierda, el debate no es huelga sí o huelga no, sino si ustedes tienen legitimidad o no?

M.P. Estoy absolutamente sorprendido de la cantidad de intelectuales y expertos en sindicalismo que hay a la izquierda y a la derecha. En UGT somos terriblemente autocríticos. Ahora, rechazo absolutamente que los sindicatos estemos obsoletos, que no hayamos sido capaces de adaptarnos a los tiempos y que debamos admitir que lo moderno sea que la gente tenga que trabajar como mi abuelo. De sol a sol, sin derechos. Se nos vende como moderno que los trabajadores no tengan ni derechos ni posibilidades de defenderlos. Oiga, eso ya pasó a finales del siglo XIX y el XX.

P.C. A menos sindicatos, menos derechos. Hay aquí una batalla ideológica tremenda y no es reforma sí o reforma no. Se trata de saber si los poderosos que nos han metido en la crisis sacan tanta ventaja de ella. Es la avalancha. Es un discurso de ultraderecha. Si la derecha política y la económica aúnan intereses, con un Gobierno que les está haciendo el juego, y logran llegar al poder sin sindicatos, tienen la cuadratura del círculo. Se perpetuarán.