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"No es posible un ajuste de 40.000 millones sin un gran quebranto social"

Secretario general de CCOO. Defiende la labor de los sindicatos para tratar de evitar un deterioro del empleo

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Esta semana, sindicatos y patronal enviaron un documento al Gobierno en el que figuraban varios acuerdos (sobre solución extrajudicial de conflictos, absentismo y mutuas o traslado de festivos, entre otros) y también constataban sus desacuerdos en, por ejemplo, contratación. Hoy acaba el límite que el Gobierno les puso a los agentes sociales para el pacto. Ignacio Fernández Toxo (A Coruña, 1952) insiste en que los plazos son del Gobierno y reivindica una salida de la crisis que no cargue sistemáticamente los esfuerzos sobre los hombros de la clase trabajadora.

¿Cómo valora el proceso de negociación con la CEOE?

'Hay un sector de la CEOE que trabaja conscientemente para dinamitar el acuerdo'

Lo que hemos avanzado hasta ahora contiene acuerdos importantes que van a configurar, por ejemplo, un marco distinto de solución de conflictos laborales que pretende evitar la excesiva judicialización. Por otra parte, en lo que tiene que ver con contratación o despido, las posiciones están muy alejadas. No digo que sea imposible el acuerdo, pero hay un sector muy visible de la patronal que quiere dinamitarlo y está trabajando conscientemente para ello, probablemente porque creen que han llegado los suyos al Gobierno y quieren que el Ejecutivo actúe. Es una visión de muy corto recorrido, a costa de un conflicto social grave justo en el momento en que necesitamos consenso.

Como en otras ocasiones, parece que cuando el acuerdo era posible, la CEOE ha vuelto a poner sobre la mesa sus posiciones de máximos...

Ya en mayo del año pasado estuvimos a punto de alcanzar un acuerdo en negociación colectiva y alguien se encargó de dinamitarlo. Fue conocido el documento de la patronal de Madrid que planteaba una línea radicalmente distinta de la que se estaba trabajando. ¿Estamos en las mismas? Eso tiene que decirlo la CEOE. Nosotros no hemos cerrado las negociaciones, creo que todavía hay espacio y materias para poder acordar.

'En estos momentos, las propuestas de la patronason absolutamente inasumibles'

La patronal ha planteado ahora la congelación de los salarios para los próximos dos años...

La clave es un equilibrio en relación al crecimiento de los salarios para los próximos años teniendo en cuenta que hay siete millones de trabajadores con salarios por debajo de los mil euros que no pueden tener el mismo tratamiento que otros que disponen de otros niveles de renta. Hay que hacer una política salarial que se acomode a las necesidades de empresas que lo están pasando realmente mal y a aquellas otras que tienen mercado, actividad y viven con cierta normalidad. Del acuerdo tiene que salir una indicación a los sectores de la distribución comercial de que los precios de los alimentos se tienen que moderar y a los gobiernos que los precios regulados (como luz o gas) tienen que contenerse para que el esfuerzo que se le pide a la gente no se vea contrarrestado con una escalada de precios. La tercera pata es la fiscalidad: acabar con las bonificaciones y exenciones en Impuesto de Sociedades y limitarlas a las empresas que reinvierten en el tejido productivo.

Entonces, ¿para los sindicatos sigue siendo irrenunciable que el pacto de salarios se acompañe del de precios y beneficios?

'La izquierda tiene que resolver su crisis; nosotrosno somos el sustituto de la acción política'

Por supuesto que sí. No sé lo que será posible, hablo de lo necesario: un compromiso del Gobierno, empresas y trabajadores para mejorar las condiciones de competitividad de la economía española. Me niego a que recurrentemente sólo se exija sacrificios a rentas del trabajo y salarios.

Hasta ahora, la patronal no parecía dispuesta a pactar sobre beneficios y precios...

Yo he entendido que había mejor disposición que en otros momentos, pero son palabras que se lleva el viento si no se concretan.

La CEOE ha propuesto una vez más abaratar el despido...

En estos momentos sus propuestas son absolutamente inasumibles, tanto en salarios como en contratación y despido. Lo que hay que plantearse es si podemos hacer algo con vocación temporal que no suponga una modificación estructural del marco laboral pero que permita animar el mercado laboral. Podemos explorar medidas transitorias para la crisis con vocación de desaparecer cuando la tasa de paro se reduzca.

¿Qué margen hay de negociación?

En este momento no hay reuniones, pero la negociación seguirá y espero que la mesa de negociación actúe. Me resisto a creer que no hay posibilidad de acuerdo y no quiero dejar con las manos absolutamente libres ni al Gobierno ni a quienes desde la CEOE le piden que tome decisiones inmediatamente; e intento hacerlo desde la mesa de negociación, porque prefiero hacerlo desde ahí que desde otro lugar. Espero que en los próximos días haya un escenario real de negociación, y que este Gobierno no cometa los mismos errores que el anterior, aunque uno ya lo ha cometido: intentar establecer un plazo imperativo para el fin de la negociación.

Entonces, ¿por qué los sindicatos se prestan a negociar otra reforma laboral?

Yo tengo una opinión sobre la urgencia o no de una reforma laboral, pero sé que se va a hacer. Intentamos representar lo mejor que podemos y sabemos los intereses de la gente que nos ha votado en las elecciones sindicales. Sería suicida dejar actuar exclusivamente a las fuerzas que pretenden aprovechar la crisis para deteriorar las condiciones de las relaciones laborales. Lo que no quiero es que después de un resultado como el que ha habido en las elecciones generales, alguien busque en los sindicatos el sustituto de la acción política. La izquierda política tiene que resolver su crisis existencial. Tampoco estoy en la lógica de limitar los daños, pero cuantos más consiga limitar, mejor.

¿Ha habido más contactos con el Gobierno?

Ha habido contactos telefónicos y propuestas de encuentros que no se han materializado. Es hora de que el Gobierno ponga las cosas encima de la mesa y convoque una mesa formal de negociación para sustanciar los procesos.

¿Cree que el próximo ajuste de 40.000 millones merecerá una contestación social?

Depende de cómo se haga, pero no es posible un ajuste de 40.000 millones sin un grave quebranto social en, por ejemplo, el futuro del sistema de sanidad pública, el sistema educativo o de prestación de servicios. Este Gobierno tendría que pedir que se relajen los tiempos y criterios del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, como debería haber hecho el anterior. La reforma fiscal, que nace con vocación transitoria, tiene que incorporar nuevos elementos: recuperar el impuesto de patrimonio, sucesiones y donaciones, exigencias a las SICAV y lucha decidida contra el fraude. Hay que exigir la imposición de una tasa a las transacciones financieras, si no a nivel internacional, en Europa, y que se exija una aportación a los bancos en España. Ahí están los recursos que harían innecesario ese ajuste de 40.000 millones.

Como presidente de la Confederación Europea de Sindicatos, ¿cree necesaria una movilización a ese nivel para corregir la deriva de la UE?

La situación en Europa es muy distinta según hablemos de unos países u otros y la percepción que los sindicatos tenemos no es la misma en Holanda, con un paro que no llega al 3%, que en España. Hay un cierto temor a que la equiparación en Europa se haga por los parámetros del sur en materia de derechos y protección. El riesgo es que se haga con el vaciado del estado de bienestar. Europa necesita un nuevo contrato social. Hay una apisonadora que va circulando por encima de las conciencias. Hay que reconstruir valores y alternativas al pensamiento único.