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"No se ha resuelto aún el problema de volver al crecimiento"

Liaquat Ahamed, antiguo economista del Banco Mundial y gestor de fondos de inversión

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Antiguo economista del Banco Mundial y gestor de fondos de inversión, su relato de cómo los cuatro banqueros centrales (EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania) llevaron al mundo a la Gran Depresión le valió el Pulitzer de Historia 2010. Los señores de las finanzas, editado por Deusto, es un bestseller mundial que en España va por la tercera edición y que ha disparado el interés internacional por sus opiniones sobre la crisis actual.

Usted ha escrito que, en la Gran Depresión, 'el suelo bajo la economía mundial se hundió porque las autoridades aplicaron la medicina equivocada' y que, si entonces faltó visión intelectual, hoy 'el riesgo es la falta de voluntad política'.

'Europa no está preparada aún para una federación fiscal'

El problema en Europa no es que no se supiera lo que había que hacer, sino si sería posible aunar la voluntad política para hacerlo. Aún no conozco todos los detalles del paquete que se ha aprobado, pero parece que hemos conseguido persuadir a los alemanes primero y a los franceses después de que tenían que rescatar a Grecia y a los italianos. Desde luego los hemos convencido para poner mucho dinero encima de la mesa.

¿Será suficiente?

Bueno... En cuanto a los problemas de solvencia, que obligaban a reestructurar la deuda y aplicar rescates, si no se ha conseguido del todo, sí casi por completo.

'Me sorprende que el movimiento de los indignados no se produjese antes'

¿Y en cuanto a los problemas de liquidez?

Ahí necesitamos un prestamista de último recurso, un papel que suele jugar el banco central. Pero el BCE piensa que, si lo hiciera, se comprometería con una excesiva monetarización de la deuda. Aun así, no creo que ese sea realmente el problema, sino que la credibilidad del BCE aún no está claramente establecida, así que crear Fondo Europeo de Estabilidad Financiera ha sido una idea muy inteligente.

¿En qué sentido?

Una de las causas de los problemas de liquidez es la percepción de la posibilidad de que en un futuro se produzca un problema de insolvencia. La gente no compra deuda italiana porque hay cierta probabilidad de que su Gobierno no haga lo suficiente para resolver sus problemas. El esquema de aseguramiento me parece una forma muy efectiva, en términos de costes, de enfrentarse a esa probabilidad.

¿No cree que sería más efectivo crear eurobonos?

Yo creo que hay muchas maneras posibles de enfrentarse al problema. Los eurobonos puede ser una de ellas, pero posiblemente implicaría adentrase demasiado en una federación fiscal en Europa y no creo que este aún preparada para ello. El esquema de aseguramiento, en cambio, envía el mensaje de que se crea un recurso temporal para que no se convierta en el esquema de financiación del sistema, para que no se institucionalice. En el caso de los eurobonos, todos garantizan la deuda de todos. Con el FEEF, en cambio, se provee una garantía para casos concretos con la idea de volver algún día a la disciplina en los déficits.

¿No enseña la Gran Depresión que abusar del control del déficit es contraproducente?

Si, tiene razón. Y desde luego no veo que haya una estrategia para el crecimiento. Lo que aprendimos entonces fue que devaluar la moneda es una forma muy efectiva de revitalizar la economía. Pero en Europa eso no es posible y no me parece que sepamos cómo mantener el crecimiento. Los alemanes dicen: haced lo que nosotros hicimos, controlad los precios, bajad los salarios, mejorad la productividad y seréis como nosotros. El problema es que ellos lo hicieron durante un boom económico global. Así que es cierto, hemos resuelto la mitad del problema, pero no el de restaurar la competitividad y sentar las bases del crecimiento.

Tras estudiar la Gran Depresión, no le habrá sorprendido el movimiento de los indignados

Lo que me sorprende es que no se produjese antes. Los periodos en que coinciden un alto desempleo, un aumento de la desigualdad y programas de ayuda al sistema financiero están condenados a provocar el resentimiento popular. Ocurrió en la Gran Depresión y entonces, como casi siempre, se asoció a una ideología nacionalista y proteccionista muy destructiva que le echa la culpa a los extranjeros. Así que para mí es un alivio que hasta ahora no haya sido así.