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"No salgo en la tele y vendo cinco millones de discos"

El compositor de cabecera de Emir Kusturica vuelve a la carretera con su charanga gitana para presentar nuevo disco. Actuará el 14 en Cádiz, el 16 en Madrid y el 18 en Barcelona

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Cuando Goran Bregovic (Sarajevo, 1950) compuso a finales de los ochenta la banda sonora de El tiempo de los gitanos, el exitoso filme de Emir Kusturica, el mundo sabía de un país llamado Yugoslavia por Drazen Petrovic y poco más. Lamentablemente, el país balcánico se convirtió poco tiempo después en foco de atención de todo el planeta y el motivo no fue ni la muñeca letal del baloncestista ni los ritmos de charanga gitana del músico. La Guerra de los Balcanes pilló a Bregovic en París. 'A nivel personal, ser un exiliado no es una buena posición, pero en el plano artístico es distinto. Tomas distancia de tus raíces y te das cuenta de que incluso tus diminutas raíces tienen algo que enseñar', explica al teléfono desdeBelgrado.

Bregovic es el único músico balcánico que ha llevado su música a todos los rincones del planeta. Estrella del rock del mundo comunista en los setenta, su éxito internacional llegó cuando dejó de copiar lo que hacía occidente y escuchó lo que sonaba en su interior. Y oyó charangas gitanas. Las mismas que suenan en su nuevo disco, un directo titulado Alkohol que presentará a partir del sábado en España: el 14 de marzo en Cádiz, el 16 en Madrid y el 18 en Barcelona.

¿Por qué un disco en directo y por qué ahora?

No planeo mis discos, no estoy en el negocio musical de una manera ortodoxa, nunca llego al Top 10. Lo único que me importa es grabar discos cuando el material que tengo me gusta, como es el caso de este.

¿De qué se trata?

Me pidieron que actuara en un concurso de charangas gitanas. Toqué un repertorio que no suelo mostrar, canciones que normalmente sólo tocamos para nosotros: antes de subir al escenario, en los ensayos, en las fiestas El repertorio es distinto, nuevo y muy especial.

Dedica el disco al alcohol, pero en el libreto del disco confiesa que la bebida fue la causa de la separación de sus padres cuando era niño. ¿Es un disco de redención?

Puede ser, ese es uno de los objetivos de la música. La música no es algo necesario, puedes sobrevivir sin ella. Es como la sal, puedes comer sin ella, pero el sabor no es el mismo. La vida sin música sería menos sabrosa.

Parece que durante toda su vida ha hecho lo contrario de lo que se esperaba de usted. ¿Es esa la única forma de avanzar?

De joven fui la gran estrella del rock en el mundo comunista. En esa época cometí muchos errores. En la industria del entretenimiento no sabes si estás trabajando por la música o por el éxito. Ahora ya no voy en esa dirección, no soy un artista comercial. Quiero hacer lo que realmente me gusta hacer. Eso es lo que te permite avanzar.

¿En qué se diferenciaba el concepto estrella del rock en el mundo comunista?

Creo que era lo mismo. Quizás era más importante en el lado comunista, porque éramos los únicos que enseñábamos sistemas de valores distintos. Musicalmente no era nada del otro mundo, tan sólo copiábamos lo que se hacía en Occidente. Pero a nivel social era algo muy importante.

¿Cuándo empezó a interesarse por la música balcánica?

Me interesó siempre. En lo que se refiere a la música, es imposible no estar conectado con tu tradición. Les pasa a todos, desde Stravinsky a Lennon. Mi primer trabajo fue en un bar de striptease, cuando tenía 17 años. Y ahí ya tocaba música balcánica. Los bares de striptease en el mundo comunista no eran sólo el lugar donde ibas a ver a chicas desnudas. Eran locales escondidos donde iban intelectuales y artistas. En esos sitios me di cuenta de que me lo pasaba muy bien tocando. Y para ser honesto, es lo que busco con la música: pasarlo bien.

¿Cómo definiría la música que hace actualmente?

Hay quien dice que hago música tradicional, pero no es verdad. Yo hago música contemporánea. La diferencia es que mi contemporaneidad está un siglo por detrás de la contemporaneidad de Occidente. Por eso mi música contemporánea suena tan antigua.

¿Está trabajando en alguna banda sonora?

Siempre lo hago. Mi música es como la banda sonora de la vida de alguien. Todos nosotros tenemos nuestra propia banda sonora: nuestras canciones favoritas, los discos que nos han marcado... Yo es lo que intento hacer: bandas sonoras, todo el tiempo. En algunos casos esa banda sonora tiene una película detrás y en otros casos son películas en tu cabeza o en la mía.

¿Encuentra alguna explicación a su éxito internacional?

Hay gente que dice que sólo tiene éxito lo que sale en televisión y eso no es verdad. Nunca he salido en la televisión y he vendido más de cinco millones de discos en los últimos seis años. El público tiene curiosidad, tiene ganas de descubrir compositores. Hay un mundo cultural gigante que circula paralelo a la industria del entretenimiento. El mundo no es como aparece en la televisión, eso no es real.

El público, ¿reacciona de forma distinta a su música según donde esté tocando?

Está el tópico de que la gente del norte es fría y la del sur caliente. Yo no me creo esos estereotipos. La música es un lenguaje y, si lo hablas bien, todo el mundo lo va a entender. La música está antes que el lenguaje oral y la escritura. El flamenco, si es bueno, va a gustar igual en Andalucía que en Burundi. Mi música es una música pequeña y honesta.

Sus directos invitan a la fiesta. ¿Cuál es la clave para conseguirlo?

Lo único que intento es pasarlo bien. En un concierto puedes tener un magnífico equipo de iluminación y un soundsystem extraordinario, pero lo importante es lo que transmiten los músicos: tu felicidad sobre el escenario. Además, mi orquesta mezcla a muchos músicos: unos son virtuosos, pero hay otros que tocan lo justo. Y esa mezcla es otra de las claves de la conexión con el público.

¿Se considera un artista punk?

No sé lo que significa punk. Para mí, el punk es música que provoca locura. Y esta locura procede del amateurismo, que hace que todo suene un poco desafinado. El fin del punk fue el disco God save the Queen. Era la primera vez que sonaban afinados (debido al productor, por supuesto).

¿Cómo elige a sus músicos?

Las charangas son normalmente familias. Yo solía tocar con dos, pero era difícil reunirlas. Finalmente, he elegido músicos que me gustan.

Estudió Filosofía y Sociología en un país comunista. ¿Marx sigue vivo?

Es curioso porque, a día de hoy, las ideas de Marx son las últimas nuevas ideas. Todo está en desarrollo tecnología, industria, pero no hay nuevas ideas después de Karl Marx.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como un compositor decente de un país con una pequeña cultura musical. Sólo 15 millones de personas hablan mi lengua y tengo una audiencia en todo el mundo. Es la primera vez que pasa esto. Puedo servir de ejemplo para otras culturas pequeñas: es posible llegar a todo el mundo.

Una estrella del rock en el bloque comunista
Goran Bregovic cumplió todos los tópicos del rockero. Le echaron de un colegio tras otro hasta que acabó en una banda de rock. Tras militar en distintas formaciones de su localidad natal, Sarajevo, a mediados de los setenta formó Bijelo Dugme (Botón blanco), banda que consiguió un éxito abrumador en Yugoslavia, llegando a ser considerado el grupo de rock más importante del país. Se separaron a finales de los ochenta.

Cuando Goran encontró a Emir
El mismo año en que se disolvió Bijelo Dugme, Goran Bregovic compuso la banda sonora de la película ‘El tiempo de los gitanos’, de Emir Kusturica. El disco fue un éxito que catapultó a Goran Bregovic al otro lado del ‘Telón de acero’, precisamente en el año en que caía el muro de Berlín. El músico repetiría en otros dos clásicos de Kusturica: ‘Arizona dream’ (1993) y ‘Underground’ (1995).

Mano a mano con Iggy Pop
El éxito le permitió colaborar con algunos de sus ídolos, como Scott Walker o Iggy Pop. “¿Sabes cuánto tiempo tardamos en grabar la canción de Iggy Pop? Diez minutos. Es inmediato. No puedes decirle que hay una nota desafinada, porque es Iggy Pop, con su nota desafinada, pero Iggy Pop”, dice Bregovic.

Banda de bodas y funerales
Desde 1998, Goran Bregovic recorre el mundo con su Banda de bodas y funerales, una orquesta que oscila entre los diez y los 37 miembros. “Con ellos he tocado por todo el planeta: en el Kurdistán, en Islandia, en Siberia”, enumera el músico. Esta banda le acompaña estos días por España.