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El Nobel turco Orhan Pamuk, poco optimista sobre el ingreso de Turquía en la Unión Europea

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El Nobel de Literatura turco Orhan Pamuk declaró que el ingreso de Turquía en la Unión Europea (UE) sería "bueno para todos" y demostraría "que no hay choque de civilizaciones", pero se mostró "menos optimista" que tiempo atrás sobre el posible éxito de tales negociaciones.

"En 2005 las negociaciones se presentaban felices, pero en los últimos cinco años los conservadores, los nacionalistas y el Ejército turco, así como los conservadores europeos, Alemania y Francia, las bloquearon exitosamente", dijo en entrevista con Efe.

Pamuk (Estambul, 1952) se encuentra en Guadalajara para participar en la Feria Internacional del Libro (FIL), la mayor cita editorial del mundo hispano, y presentar en ella su último libro, "El museo de la inocencia".

"Tras este bloqueo, la gente se siente un poco resentida, y yo no soy tan optimista como lo era entonces", explicó. "Pero, lo siento, no lloro por ello todo el tiempo, soy un novelista", puntualizó.

El Nobel consideró que sería muy bueno para los turcos y los europeos, "y para todo el mundo", ver "como un país musulmán se une a Europa de manera armoniosa". "Sería una prueba de que no hay choque de civilizaciones", una tesis que han lanzado algunos historiadores y en la que él, no sólo no cree, sino que la considera "una mentira".

El escritor está seguro de que muchos europeos ven con buenos ojos la incorporación de Turquía, "pero hay demasiadas provocaciones" para que salga adelante.

"Lo mismo sucede con Turquía. La gente lo quiere (el ingreso), pero no comprende que deben cambiar los estándares, que Turquía debe respetar los derechos humanos, la libertad de expresión", explicó.

La incorporación a la UE no es un asunto de índole económica o política, sino "ética", para el autor de "Me llamo Rojo".

En cuanto a la libertad de expresión en su país, Pamuk considera que ha habido pequeños avances: "No juzgan a la gente muy famosa, como yo, pero existe persecución de escritores y, especialmente, de periodistas políticos, que son torturados", dijo.

Mencionó, sin embargo, que en enero deberá afrontar la reapertura de la causa en su contra por unas declaraciones que hizo hace años sobre el genocidio de armenios en Turquía, y que le han valido denuncias de algunos sectores.

"Espero que la cierren pronto, no quiero ser dramático, quiero mantener cierta distancia de ella", dijo.

Pamuk está escribiendo "muy intensamente": "Gané el Nobel a una edad relativamente temprana, así que para mí no es una pensión para retirarme, pero me permite dormir en casa", dijo el escritor, a quien el galardón ha convertido en "una persona ocupada".

No reniega de ello, ya que le ha hecho "más feliz" el hecho de que su obra llegue a más gente.

Ahora mismo se encuentra recopilando una serie de discursos que ofreció en la Universidad de Harvard para presentarlos como ensayo, y se encuentra a la mitad de una novela sobre un vendedor callejero que pierde su trabajo por el desarrollo de la tecnología.

Sigue también enfrascado en su proyecto de recrear el museo de su último libro, "El museo de la inocencia", donde un hombre colecciona objetos que ha compartido con su amada o que le recuerdan a su pasado amor, como una obsesión.

Espera abrirlo en un año; sabe que muchos no confían en que lleve a cabo lo anunciado, pero está determinado a sacarlo adelante.

Pamuk se mostró encantado de visitar México para participar en la FIL, y consideró que existen puntos en común con la sociedad descrita en la novela, la turca de los setenta hasta finales de siglo, y otros países.

Consideró que en Latinoamérica también existe hoy el problema que retrata en la novela, el de las restricciones morales sobre las mujeres y su goce de la sexualidad. "En el corazón de mi novela está el tabú que existe sobre la virginidad", apuntó.

De hecho, consideró, esto es algo que sucede en muchas partes del mundo, particularmente en las sociedades no occidentales, como India.

Juan Ramón Peña