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Otra noche tensa y agridulce en Esquerra

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Después de la cumbre en Palau, ERC obtuvo garantías de llegar a los 3.800 millones, cifra a la que Puigcercós ligó su suerte. Pero el líder de ERC dudaba. No veía garantías de que las promesas no se esfumarían y los sondeos entre los dirigentes conectados a las bases le recomendaban ser puntilloso. Quienes no dudaban eran como quedó claro el viernes los afines al vicepresident Josep-Lluís Carod-Rovira.

Tampoco lo hacía ya su segundo, el secretario general, Joan Ridao (el sábado por la tarde, después de la negociación directa con Zapatero, juzgó de 'comedia' el proceso), que se puso del lado del sector institucional.

Puigcercós se veía algo sólo. Ridao estaba por el sí pese a la falta de garantías, pero también sus consellers de confianza (sobre todo Josep Huguet y Carme Capdevila) y pesos pesados en la Ejecutiva como Enric Aloy, Eduard López o Jaume Sitjà. Ridao y el sector Carod emplearon parte de la noche en presionar, de forma más o menos suave, a presidentes regionales y secretarios nacionales.

El sector Puigcercós estaba roto y él con tantos argumentos por el sí como por el no cedió ante los más pragmáticos entre los suyos y Carod. Entre la inmensa tensión en la Ejecutiva tuvo, eso sí, el detalle de afirmar que todos debían 'votar en conciencia y libertad'.

Algunos de los que le acompañan desde el primer día y lo seguirán haciendo, como la portavoz parlamentaria Anna Simó o David Minoves, y cuadros jóvenes de la cúpula dijeron que no. También el eurodiputado Oriol Junqueras. Entendían que las formas no eran adecuadas, que se incumplía el plazo del Estatut y que la 'letra pequeña' no estaba clara. La cifra de 3.800 sí era compartida por todos.

Al final 27 síes, 10 noes y 4 abstenciones. Pero ahora todos a una con lo conseguido y a parar a los críticos y su consulta interna, que puede arruinar al candidato Puigcercós y al Govern.