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Novelas que hacen 'bang bang'

Tom Drury se suma a autores revitalizadores del western como Charles Portis y Cormac McCarthy

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Entre la novela urbana del este y las historias beat del oeste, la amplia explanada central de Estados Unidos y su frontera con México también están habitadas por la literatura. La América profunda, la que autoriza el mayor número de ejecuciones por pena de muerte al año, aquella de la cual salen los gobernadores más conservadores y donde el Tea Party encuentra a sus fieles votantes, tiene a unos narradores que jamás se han preocupado por las neurosis de las dos costas americanas. Y ahora han regresado a las librerías.

Los cineastas Ethan y Joel Coen tienen bastante que ver con la reedición en castellano de papá William Faulkner y Charles Portis, así como del éxito de Cormac McCarthy. Sus adaptaciones cinematográficas llenas de premios y buenas críticas han conseguido que las editoriales exploren en su viejo fondo y rescaten a estos vaqueros, cuyas historias abordan sin remilgos las viejas pasiones: amor, odio, violencia. Y también han dado la posibilidad de publicar a nuevos valores como Tom Drury. Al cine se suma, además, el deseo de volver a mirar a los hombres, más allá de las grandes ideas. Porque en tiempos de confusión, de zigzag en los pensamientos, quizá lo único a lo que vale la pena agarrarse es, como dijo Faulkner 'el sexo y la muerte: la puerta de delante y la puerta de atrás del mundo'.

Drury acaba de publicar en nuestro país su primera novela, En el condado de Grouse'

Tom Drury (Iowa, 1956) es uno de los últimos escritores publicado en España cuyas novelas transcurren en el Medio Oeste. En 2009, la editorial 451 lanzó La región inmóvil y hace un par de meses llegaba a las librería En el condado de Grouse, su primera novela. En ella, un coro de personajes secunda al triángulo protagonista, formado por un sheriff, una fotógrafa y el exmarido de esta, un buscavidas cuyos mayores objetivos son recuperar a su mujer y encontrar un trabajo. No hay tecnología en esta historia. Ni tampoco marcas de botellas de agua mineral, coches o productos electrónicos.

Lo curioso de esta novela es el tempo: recuerda a la cámara de David Lynch en Twin Peaks pero sin el toque surrealista. A pesar de los diálogos exactos de los que hace gala, un silencio estremecedor recorre toda la novela de Drury. Sus personajes cavilan y sufren en una especie de espera continua. Están anclados en el Medio Oeste, en un condado imaginario en el que nunca pasa nada, pero en el que pueden haberse cometido una docena de crímenes. Secretos y mentiras. Y tristeza. Y otra vez Faulkner: 'Entre la pena y la nada, me quedo con la pena', dijo una vez el escritor. Porque eso, al menos, significa que estás vivo.

Nacido en el estado de Arkansas, Charles Portis es un autor con dos vidas en España: una la tuvo en los años sesenta, la otra en la actualidad. Pero las dos han coincidido con una adaptación al cine de su novela True Grit (Valor de ley), adaptada recientemente al cine por los hermanos Coen: una curiosa historia sobre la amistad que se establece entre un vaquero y una niña publicada por primera vez en 1968. Tiene un toque de John Wayne (de hecho, la primera versión cinematográfica, realizada en 1969 por cuyas novelas transcurren en el Medio Oeste, la protagoniza este actor), pero con mucha mayor sutilidad que las clásicas novelas y pelis del oeste del Séptimo de Caballería y la cacería de indios.

Portis es el autor de Valor de ley', llevada al cine recientemente por los hermanos Coen

Antes de ser escritor, Charles Portis fue periodista y el oficio también aparece bien marcado en su literatura. La atención a los detalles es minuciosa. Y, después, no se pierde en obtusas reflexiones: diálogos ágiles, ideas exactas. Acción y comicidad. La ironía nutre este western que a veces roza la autoparodia del género.

El oeste posapocalíptico

'Se puede confiar en las malas personas: no cambian jamás', dijo Faulkner una vez. Y esta máxima es la que se ha aplicado a la literatura Cormac McCarthy, un escritor que pasó toda su infancia en Knoxville (Tennessee). McCarthy consiguió la fama mundial con las novelas No es país para viejos (2005) y La carretera, que obtuvo el Premio Pulitzer en 2007, aunque antes ya se consideraba un autor de culto por novelas como Meridiano de sangre, Sutree o En la frontera. Escritor meticuloso, sus novelas son, en muchos casos, western apocalípticos que se exigen paciencia al lector. A McCarthy le interesa lo corpóreo y por eso se regodea en sus descripciones. Disfruta con un tempo lento, como Tom Drury. Y con la experimentación, como Faulkner. Además de personajes con muchas maldades. Eso es lo que ocurre en la frontera cuando llega un tipo dispuesto a matar a discreción.

'No entiendo a los escritores que no escriben sobre la vida y la muerte', dijo en una ocasión McCarthy. En sus novelas a veces no pasa nada; en otras, sucede todo. Y, por supuesto, hay sexo, maldad y violencia. 'La vida es un camino sin retorno', escribió Faulkner. Y la literatura, parece, es el mejor vehículo para contarla.