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Los novelistas frente al desafío de la Historia

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La escasez de datos contrastados en torno a la biblioteca convierte a ésta en presa fácil de especulaciones narrativas. De hecho, la historiadora Leticia de Castro, experta en la colección alejandrina, recuerda que 'casi toda la historia en torno a la biblioteca está basada en suposiciones.'

Luis Manuel Ruiz enumera las contradicciones a las que el narrador de novela histórica se somete. Por ejemplo, habla de encontrar el punto intermedio entre la novela para el gran público, 'la novela de bestseller', precisa, y la calidad literaria: 'Yo no trato de producir comida rápida'. Es por ello por lo que Ruiz subraya que en su novela de 400 páginas hay cabida para discutir tanto la teología cristiana como cuestiones filosóficas. La opinión del escritor sevillano al hilo de la novela histórica es también positiva: 'Durante mucho tiempo se consideró como un gueto, pero se ha demostrado que tanto a nivel nacional como internacional hay autores capaces de hacer productos de calidad'. ¿Un ejemplo? 'García Jambrina. Con El manuscrito de piedra consiguió una novela de misterio muy solvente'. Al mismo tiempo, Galaz habla de reivindicar la novela histórica como un género que también puede ser 'serio, en el que hay cabida para autores como Robert Graves; una corriente que autores como García quieren ampliar'.

Rigor documental

La postura de Ruiz es de crítica a ciertas tendencias de la novela histórica, no tanto por la ausencia de rigorismo documental como por el exceso de datos: 'Grandes clásicos como Walter Scott o Stevenson cometen anacronismos que no son verosímiles desde un punto de vista histórico'. Y Justin Pollard, asesor de Amenábar durante el rodaje en Malta, también hace un mayor hincapié en la autenticidad y verosimilitud del relato: 'Lo importante no es si uno está de acuerdo o no con cada trabajo académico.'

Por otro lado, no es necesario indagar en las complicaciones que para una historiadora implica trabajar un texto de ficción, por lo que en beneficio del realismo, Olalla decidió recurrir a espacios históricos sin documentación recogida, de tal forma que la autora consigue respetar 'el pensamiento de la época sin adulterar ningún hecho'.