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Los nudos de los incas y los marineros se trenzan en el Primavera de novela

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Los nudos, sistema de escritura de los incas, y los nudos marineros, siempre presentes en el lenguaje náutico de los cruceros, se han trenzado en "Nudos de sangre", de Agustín Sánchez Vidal, y "Crucero de otoño", de Luis del Val, ganadora y finalista, respectivamente, del Premio Primavera de novela.

"Nudos de sangre", ganadora del Premio Primavera 2008 (Espasa Calpe), se sitúa entre los siglos XVI y XVIII del Perú colonial y trata sobre la búsqueda del tesoro de Atahualpa y de la ciudad perdida de Vilcabamba, cuando los jesuitas fueron expulsados de España por Carlos III.

Agustín Sánchez Vidal relató a Efe que la obra surgió a raíz de un viaje de placer a Perú en el año 2000, en el que quedó impactado por la enorme biodiversidad del país y por cómo este hecho había creado una cultura con la necesidad de adaptarse a un territorio hostil, lo que originó un imperio "muy organizado".

Según el autor, su gran originalidad es su creación sin escritura, con un sistema a base de nudos y cuerdas con las que llevaban la contabilidad y atendían "con gran precisión" las necesidades de sus súbditos, de forma que sabían perfectamente "dónde había una viuda de guerra a la que había que ararle los campos porque eso estaba registrado sin escritura".

El escritor, catedrático de Historia del Cine y de Literatura y especialista en la obra de Miguel Hernández y en la Generación del 27, se sintió fascinado por los "quipus", sistema de contabilidad usado por los funcionarios del imperio inca aún por descifrar, de los que sólo se conservan unos 600 en todo el mundo al ser destruidos millones de ellos por los españoles.

Según Sánchez Vidal, que debutó en la novela en 2005 con "La llave maestra", actualmente la cultura del "quipu" se ha perdido, aunque lo que sí perviven son los vestigios de la cultura inca en la lengua española, al hablar por ejemplo de "la trama de un relato o del nudo de una historia", así como en obras como la construcción de puentes utilizando un sistema de trenzado de cuerdas.

Para el escritor salmantino, los incas tenían una visión del territorio "muy ecológica", totalmente diferente de la "actual explotación intensiva", en la que se privilegiaba por encima de todo lo comunitario hasta que los españoles irrumpieron allí, "se apropiaron de las mejores parcelas e implantaron el sistema que conocemos: el de propiedad privada de la tierra".

Luis del Val, finalista del Premio Primavera con "Crucero de otoño", se aleja mucho en su novela de la milenaria cultura de los incas y se acerca a una mucho más cercana, la del crucero, en la que también están presentes otros nudos, en este caso marineros, utilizados frecuentemente en el lenguaje náutico.

En "Crucero de otoño", el escritor y periodista recurre a una de sus grandes pasiones, los cruceros, para narrar una historia de amor y de intriga con tintes eróticos en la que embarca al protagonista, un espía retirado que vive rodeado de lujo, adulterio y asesinatos.

Según contó Del Val a Efe, la novela surgió cuando cambió su crucero anual en un barco pequeño con amigos por un crucero "de los grandes", en dónde se encontró con el personaje del "gentleman dance", un septuagenario apuesto, vestido de esmoquin "que saca a bailar a las señoras cuyas parejas están tan deterioradas que no lo pueden hacer".

"Me di cuenta de su alto nivel cultural y pensé en lo interesante de conocer la historia de uno de estos personajes", subrayó el escritor, quien dijo que decidió convertir a su protagonista en un ex agente de la CIA y embarcarlo en su última misión por los seductores escenarios de Nápoles, Venecia o Santorini, introduciendo un apunte a la etiología del terrorismo actual.