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Un nuevo reto para la sucesora ‘in pectore’

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Banesto es conocido en todo el mundo desde hace años por el patrocinio del equipo ciclista, aquél con el que Miguel Indurain se coronó en París cinco años consecutivos. Ahora, Ana Patricia Botín patrocina a Rafa Nadal y a la selección española de fútbol –ganadora del Mundial este año–. Pero su gestión ha ido mucho más allá. En sus más de ocho años como presidenta de Banesto, ha casi triplicado el tamaño de la entidad (hasta elevar sus activos a 126.000 millones de euros), al tiempo que ha reducido en 1.700 empleados la plantilla, lo que ha permitido mejorar en 13 puntos la eficiencia.

Su gestión le ha hecho merecedora de varios premios a nivel mundial: Financial Times y Wall Street Journal la han nombrado en varias ocasiones la mujer más influyente de Europa, y CNN y Time la situaron como la sexta mujer de negocios con más poder fuera de Estados Unidos.

Ana Patricia pudo felicitar a los integrantes de La Roja al término de la final del Mundial, junto con Nadal, la reina Sofía y los príncipes de Asturias. Se sintió una privilegiada en aquel momento, según confiesa ella misma. Siempre lo ha sido. Es integrante de la familia Botín y la seguramente elegida para ocupar el puesto de su padre, el mismo que anteriormente fue de su abuelo y antes de su bisabuelo. Atrás quedan ya esos duros momentos a principios de 1999 en los que tuvo que dejar todos sus cargos ejecutivos en el Santander por exigencia de Ángel Corcóstegui, entonces consejero delegado del grupo tras la fusión de Santander con el BCH. Él no quería que nadie le hiciera sombra. Emilio Botín le entregó la cabeza de su hija por exigencias del guión, pero sabedor de que con el tiempo se acabarían las servidumbres de la fusión y podría recuperarla para la carrera sucesoria.

El momento llegó el 13 de febrero de 2002. Fue nombrada presidenta de Banesto. Se convirtió en una de las grandes ejecutivas en España y una de las escasas banqueras del mundo. Aunque su posición le convierte inevitablemente en icono de la defensa de la igualdad, una de sus primeras peticiones cuando llegó al banco fue que se le llamara presidente y no presidenta. Ambas acepciones son correctas, pero no deja de llamar la atención que una mujer que ha llegado tan lejos se empeñe en que no le llamen presidenta.

A cambio, en este periodo los empleados de Banesto han ganado en conciliación de la vida laboral y familiar. Ella misma trata de atender a su familia todo el tiempo que las obligaciones de sus cargos le permiten: trabaja alguna tarde en casa, siempre que viaja por España intenta volver a dormir a Madrid y hasta hace poco tiempo ayudaba a sus tres hijos (ahora ya universitarios) a hacer los deberes. De ellos le viene la pasión por el fútbol y el Real Madrid, y a ellos ha intentado inculcar su otro hobby, el golf.

Santander UK es ahora su gran patrocinio. El suyo propio. Si sale bien y aprueba el examen de los mercados internacionales, que mirarán sus movimientos con lupa, tendrá con toda probabilidad como premio el liderazgo de uno de los grandes bancos del mundo. Será su Mundial o su Wimbledon particular.

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