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Los nuevos reyes de León toman Madrid con un ataque final explosivo

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La banda de rock estadounidense Kings of Leon (en español, los reyes de León) ha asaltado esta noche el trono de Madrid tras completar el aforo del Palacio de Vistalegre y vencer algunos momentos salteados de tibieza con una media hora final explosiva.

Tras una discreta entrada sobre el escenario, los cuatro miembros de la familia Followill se han enfundado sus instrumentos y han abierto la veda musical con la apoteósica "Crawl", en medio de un juego de luces blancas apocalípticas, similares a las que pusieron en escena durante su actuación en los premios MTV europeos.

Los brillos chisporroteates y los riff han proseguido con "Molly Chambers", uno de sus primeros éxitos, que ha mantenido esa línea de prolíficas distorsiones guitarreras.

Al espectáculo ideado por el grupo ha ayudado una sencilla puesta en escena basada sobre todo en la luz, con una pared de focos abigarrados al fondo, que se movían según las exigencias de la canción para tratar de crear diferentes atmósferas, si bien en algún momento eso ha devenido en cierta monotonía.

"Radioactive", single de presentación de su último disco ("Come around sundown"), ha sido la tercera canción de la noche y la primera con una acogida notable.

Se ha iniciado entonces un ciclo de canciones de alta intensidad emocional, empezando por "Revelry", que ha proporcionado el primer momento de intimidad de la noche, con el público dejándose mecer por las notas de este tema de su anterior disco, "Only by the night".

Una bola de discoteca inmensa ha descendido entonces desde los cielos para iluminar el pabellón de Vistalegre y convertirlo en un salón de Nashville apto para un baile agarrado gracias a los acordes de "Mary".

"¿Os lo estáis pasando bien por ahí? Es bueno ver que estamos de vuelta", ha dicho el líder de la banda, Caleb Followill, justo antes de acometer "The Inmortals" bajo un universo de estrellas amarillas, que por momentos se han tornado en soles.

El bloque de existencialismo vital ha culminado, tras un pequeño interludio proporcionado por "The Bucket", con "The end" (el final) y ha vuelto a hacer presencia la potencia apocalíptica con "No money" y "Four Kicks".

Los temas de sus tres últimos discos, sobre todo de "Because of the times" y "Only by the night", se han revelado, conforme transcurría la noche, como los que mejor acogida tenían entre el público, como ha sucedido con "Notion", muy aplaudida, y con "Pyro", que incluye un estribillo apto para la tonada colectiva.

Followill se ha echado un trago a la salud de Madrid y ha dado paso a "On call", del disco mejor valorado por la crítica ("Because of the times"), que ha hecho disfrutar a los asistentes con su alta dinámica musical y otro estribillo sencillo y pegadizo.

Se dice que "Come around sundown" es un disco que trata de recuperar el sonido del rock sureño estadounidense, algo que queda plasmado en canciones como "Back down south", quizás uno de esos momentos tibios o flojos, junto a "Manhattan".

El remedio al aburrimiento lo ha puesto "Knocked up", que ha introducido por fin algo de movimiento entre el público, entregado a la tarea de construir con sus brazos en alto una suerte de oleaje.

El público "bello" e "insistente" de Madrid, como lo ha definido Caleb Followill, ha obtenido después uno de sus premios finales con "Use somebody", grammy a la grabación del año y a la mejor canción rock y uno de esos temas que justifica todo un concierto.

De la misma manera que un entrenador con el partido resuelto permite que uno de los jugadores estrella salga del terreno de juego para que sea ovacionado, la banda ha cerrado el grueso de la noche con este tema, sin duda el más aplaudido, a falta de un pequeño epílogo que en este punto de éxtasis se hacía más necesario que nunca.

El broche final ha venido de la mano de "Sex on fire", otra revolución de su repertorio que ha hecho brincar hasta al más acomodado en la sala, y con la potente "Black Thumbnail", que ha hecho brotar del escenario incluso fuego de artificio.

Javier Herrero