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Obama se enfrenta a otro 'Exxon Valdez'

Veinte años después del vertido, EEUU se cuestiona la herencia de Bush, que abrió Alaska a la explotación petrolífera

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En 2001, un barbudo cincuentón con aires de lobo de mar, llamado Joe Hazelwood, todavía servía sopa a personas sin hogar en el Café Bean de Anchorage (Alaska) y recogía basura en las cunetas de una autopista de la región. Hazelwood había sido condenado a 1.000 días de servicios a la comunidad por sus errores al mando del petrolero Exxon Valdez, cuyo accidente, el 24 de marzo de 1989, provocó el vertido de 38.800 toneladas de crudo en las hasta entonces prístinas aguas de la Bahía de Prince William, en el Golfo de Alaska. El capitán Hazelwood fue encontrado 'no culpable' de conducir borracho, aunque apareció alcohol en su sangre varias horas después del accidente, y hoy, 20 años después, se desconoce por qué el barco encalló en el arrecife Bligh.

El error de Hazelwood provocó una de las peores catástrofes medioambientales de la historia. Según estimaciones del Consejo de Administración del Vertido del Exxon Valdez, creado por el Gobierno de EEUU para recuperar el ecosistema dañado, la marea negra mató más de 250.000 aves marinas, 2.800 nutrias, 300 focas moteadas, 250 águilas de cabeza blanca y una veintena de orcas, además de envenenar miles de millones de huevos de salmón y arenque. Y, según este mismo organismo, en algunos puntos del Golfo de Alaska 'el crudo que persiste [74 toneladas] es prácticamente igual de tóxico que en las semanas posteriores al vertido'. Dos decenios después, el Exxon Valdez sigue matando.

La magnitud del desastre obligó a tomar decisiones inéditas hasta entonces. Los antiguos buques monocasco fueron jubilados de manera forzosa en las rutas por aguas árticas y Exxon, la petrolera estadounidense propietaria del buque siniestrado, fue condenada a pagar unos 735 millones de euros por los daños causados al medio ambiente, aunque la limpieza del crudo ha costado hasta la fecha aproximadamente el doble. Incluso George Bush padre, entonces presidente de EEUU, prohibió la explotación de los yacimientos petrolíferos de la Bahía de Bristol, en Alaska, para impedir que se repitiera una tragedia similar a la provocada por el Exxon Valdez.

Sin embargo, la catástrofe parece haberse borrado de la memoria de los políticos. En 2007, George Bush hijo anuló la decisión tomada por su padre y dio rienda suelta a la fiebre del oro negro en la Bahía de Bristol. Y, como denuncia la organización ecologista WWF en un informe realizado con motivo del vigésimo aniversario del vertio, el cambio climático amenaza con convertir las aguas del Polo Norte en una autopista para petroleros. 'En los últimos 20 años el Ártico ha cambiado considerablemente y ahora es mucho más vulnerable', explica Bill Eichbaum, vicepresidente de WWF. 'El hielo marino está desapareciendo y las temporadas de aguas libres de hielo cada vez son más largas, lo que ha creado una carrera frenética para reclamar el gas y el petróleo del Ártico', subraya Eichbaum. 'Necesitamos un tiempo muerto hasta que este ecosistema esté lo suficientemente protegido', añade el líder ecologista.

Presiones a la Casa Blanca

El aniversario del desastre del Exxon Valdez ha aumentado las presiones sobre el nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, para que ponga coto a la explotación del Ártico y convierta en papel mojado las leyes aprobadas por la Administración Bush. En un editorial publicado ayer, el diario The New York Times recordaba que, además de abrir la Bahía de Bristol a las petroleras, el Gobierno de Bush también aprobó planes para la explotación de 160.000 kilómetros cuadrados en el mar de Chukchi, al norte del estrecho de Bering, y otros 130.000 en el mar de Beaufort, al norte de Alaska. Para el rotativo neoyorquino, estos planes 'claman por una reconsideración'.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca y su secretario del Interior, Ken Salazar, tienen la oportunidad encima de la mesa. Obama ha adornado sus discursos con guiños a las energías renovables, pero dejando claro que la extracción de gas y petróleo en la costa de EEUU formará parte del mix energético. Ahora, la elaboración de la nueva estrategia energética estadounidense parece una magnífica ocasión para desmarcarse de la política de Bush. 'Salazar ha hablado de aprovechar la energía del viento y las mareas. Teniendo en cuenta la fragilidad del medio, las necesidades energéticas del país a largo plazo y la amenaza de otro Exxon Valdez, estas posibilidades parecen más seguras que agujerear el Ártico', advierte el periódico progresista.