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Obama llega al rescate de Zapatero

El Gobierno se lamenta de que la opinión pública no perciba la importante proyección internacional que ha logrado España

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Mañana, martes y 13 de octubre, el presidente del Gobierno culmina el sprint diplomático de su proyecto exterior para España con una entrevista en la Casa Blanca con el presidente de EEUU. Será el primer mandatario extranjero que tenga la ocasión de felicitar personalmente a Barack Obama por su designación como Premio Nobel de la Paz.

Era el más esperado hueco a rellenar en la agenda internacional de José Luis Rodríguez Zapatero. Ha costado más de cinco años; cuatro de ellos con una dedicación a la política exterior marcada por la rutina, y uno y medio recorrido como una vertiginosa carrera, empapado de la impronta personal del presidente y con algunos logros sin precedentes.

El más importante, precedido de una frenética actividad diplomática, ha sido la consecución para España de un puesto fijo en la nueva gobernanza mundial. 'Nunca estaremos en el G-20 como tal, porque entonces sería un géveintitantos y hay demasiados inconvenientes con los países emergentes y la excesiva presencia europea', reconoce un alto cargo de la máxima confianza de Zapatero. Pero el mismo interlocutor añade: 'Nunca tampoco dejaremos de asistir y participar en los foros de los 20 a todos los niveles'.

Tras la entrevista con Obama en Washington, el mismo día, Zapatero emprenderá una gira por Oriente Próximo para reafirmar el papel de Españaespecialmente reconocido por la comunidad internacional en las negociaciones para la resolución del conflicto en la región. El momento de la visita no ha sido elegido al azar. Sigue de inmediato a su entrevista con Obama y antecede a la nueva hoja de ruta para la zona que se espera que el presidente de EEUU anuncie en breve, probablementeen noviembre.

Moncloa da por seguro que 'España ya nunca dejará el G-20'

La gira comienza con una larga jornada en Damasco. Siria se ha revelado, en sustitución de un amortizado Egipto, como un actor esencial para el desenlace del conflicto de Oriente Próximo, y la relación históricamente privilegiada entre Madrid y Damasco no se escapa a los grandes protagonistas del delicado engranaje que puede llevar la paz a la zona.

En el momento de su mayor proyección internacional, la cruz de la moneda es lo que el presidente deja en casa. Zapatero incorpora a España a los centros de decisión mundial para combatir la crisis y el PP se lleva los réditos electorales, según certifica hoy el Publiscopio.

España ha logrado entrar en el Consejo de Estabilidad Financiera

Miembros del Gobierno y del PSOE confiesan en privado su desconcierto por ese estado de opinión cuando la corrupción de la trama Gürtel que asedia al PP lo único que muestra al ciudadano son 'políticos preocupados por enriquecerse a costa de la cosa pública y en absoluto preocupados por la gestión de esta'. Pero hay también quien realiza un análisis más pragmático: 'Estamos pasando una grave crisis económica ¿Pretenden que los ciudadanos aplaudan al Gobierno por algo? Seamos realistas...'.

La tozudez de los hechos lleva a reconocer como 'desolador' el estado de ánimo al que aboca 'un trabajo que no encuentra eco en la calle'. Aparece entonces la recurrente crítica a los errores de la política en comunicación, que se traducen en una escasa repercusión de los éxitos del Gobierno y una amplia difusión de sus errores, amplificados según el Gobierno por el 'potente aparato mediático de la derecha'.

Desde distintos ámbitos del Gobierno y el PSOE se reconoce la existencia de problemas en la comunicación. Pero se destaca que esos problemas no se reducen a lo que el Ejecutivo comunica sino a como lo está percibiendo el ciudadano. 'La cuestión de la comunicación está en los propios votantes, en la calle. Muchas veces no tiene que ver tanto con cómo sale el mensaje en origen con cómo se recibe'. El votante del espectro de centro izquierdas o de izquierdas tiene una sensibilidad crítica diferente al de derechas.

Zapatero lucha ahora para conseguir más peso en el FMI

Para muestra, un botón: la foto de José María Aznar junto a George W. Bush en Canadá, en abril de 2002. Se celebraba la cumbre del G-8, Aznar asistía como presidente de turno de la Unión Europea y todos los líderes tenían los pies encima de la mesa, pero el mandatario español estaba al lado del estadounidense. La Moncloa filtró a sus medios afines fotos a todo color en las que sólo se veía a Bush y a Aznar. Aquella imagen representó, al menos ante su electorado, la consagración internacional de Aznar, aunque, según recuerdan los socialistas, España no se incorporó al G-8 ni al G-20, 'sóloal G-Azores tiempo después'.

'El triunfo del presidente del PP fue total entre sus votantes, ¿pero se imaginan una foto igual de Zapatero con Obama? Es impensable', comentan en las filas socialistas.

José Luis Rodríguez Zapatero ha conseguido, en un año y medio, sentar a España en un G-20 que en la práctica sustituye al amortizado G-8 y también que España ocupe un lugar en el poderoso Consejo de Regulación Financiera (FSB, en sus siglas en inglés), encargado de establecer las reglas que regirán las finanzasmundiales.

Además, con la incansable gestión de la vicepresidenta económica, Elena Salgado, el Ejecutivo pelea para ganar la representación que corresponde a la economía española en el Fondo Monetario Internacional (FMI). El peso de nuestro país en la organización equivale al 1,6%, cuando la economía española representa el 2,1% del conjunto de la economía mundial.

La visita a la Casa Blanca culmina 18 meses de sprint diplomático

Al respecto, el presidente es optimista y así lo ha expresado públicamente. Sin embargo, el documento final de la última cumbre del G-20, celebrada en Pittsburgh (EEUU) el 25 de septiembre, decía que se transferirá una cuota de representación 'a los mercados emergentes y países en desarrollo de al menos el 5%'. España no está en estos parámetros. Aun así, el director ejecutivo del FMI, el francésDominique Strauss-Khan, admitió el mismo día de la clausura del foro de Pittsburgh que 'podría haber cambios entre economías avanzadas que beneficien a España. No se excluye nada'.

Si el resultado en el FMI es el mismo que el obtenido en el G-20, España tendrá más presencia e influencia internacional. Pero el Gobierno tendrá que venderlo.

Política exterior, una exigencia de la crisis
El pasado viernes, el semanario de EEUU ‘The Weekly Standard’ –perteneciente a News Corporation, grupo del que Aznar es consejero–, subtitulaba así una información: “El izquierdista presidente del Gobierno español huye de su hundido país para hacerse una foto con Obama”. En círculos de política internacional se destaca, por el contrario, que el presidente ha jugado fuerte las cartas en el exterior y le ha salido bien. Si España no hubiera logrado incorporarse al G-20, convertido en el foro para la toma de decisiones en la búsqueda de salidas a la crisis mundial, “este país acabaría en el rincón de los sin voz”, explican. La globalización de la economía ha hecho que se difuminen las fronteras entre la política doméstica y la exterior. Además, la Presidencia de la Unión Europea, que Zapatero desempeñará durante el primer semestre de 2010, realzará su proyección internacional y, según las previsiones de la Moncloa, contribuirá también a recuperar el crédito interno.

Sobreexposición del presidente
Los ministros de Interior y Sanidad rentabilizan su gestión política ante la opinión pública gracias a una buena estrategia de comunicación. La imagen del resto del Ejecutivo es la de un Gobierno en el que cada ministro se ocupa de lo suyo y el presidente de lo de todos. El resultado es una sobreexposición al desgaste del jefe del Gobierno. Para corregir esta situación, Zapatero ha pedido a sus tres vicepresidentes que tengan una mayor presencia pública, lo que se ha traducido en comparecencias periódicas de Elena Salgado y Manuel Chaves.

La imagen de improvisación
El PP ha repetido de forma machacona que el Gobierno “improvisa” para generar así la idea colectiva de que Zapatero carece de un plan contra la crisis. Aunque nadie –tampoco el PP–advirtió la dimensión de la crisis, la acusación ha calado, en parte por el abuso que el Gobierno ha hecho de los ‘globos sonda’. El presidente ha tenido que defenderse con el argumento de que “improvisar” también es gobernar una realidad cambiante e imprevisible.

¿Política fiscal de izquierdas?
El Gobierno defiende que la reforma fiscal que incluirán los Presupuestos para 2010 gravará más a las clases medias, pero la impresión mayoritaria es otra. Según el ‘Publiscopio’ de la semana pasada, casi el 60% de los votantes socialistas cree que la subida de impuestos afectará a los que menos tienen. “El deseo de izquierdas se quedó en una política de centro-derecha”, según un veterano socialista. La vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha aumentado la confusión al llegar al extremo de cuestionar
públicamente que el presidente hubiera dicho lo que está grabado: que la subida sería “limitada y temporal”.

El baile de los 420 euros
La ayuda de 420 euros a los parados sin subsidio a partir de enero de 2009 se ha convertido en un paradigma de cómo una medida en positivo se puede volver en contra de quien la promueve. “Toda idea genial debe acompañarse de una cuidada estrategia de lanzamiento”, según los expertos en comunicación.