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Cómo Obama pasó de candidato improbable a favorito

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Por Caren Bohan

La carrera de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos tenía pocas probabilidades cuando la anunció con gran fanfarria en el Capitolio de Illinois en febrero de 2007.

A los 45 años, era una estrella demócrata ascendente que podía hacer historia si se convertía en el primer presidente negro de Estados Unidos.

Pero llevaba apenas dos años en el Senado estadounidense y no contaba con ninguna experiencia en política nacional. La ex primera dama Hillary Clinton, con seis años en el Senado y el apoyo de varios pesos pesados del partido, era la clara favorita.

Y Estados Unidos nunca había elegido a un presidente negro.

Pero una elaborada campaña, una exitoso esfuerzo de recaudación, carisma y hasta una pizca de suerte han colocado a Obama al borde de la victoria en las elecciones del martes contra el republicano John McCain.

Con un carácter tranquilo, voz relajada y un mensaje idealista centrado en la esperanza y el deseo de unir las divisiones, Obama tiene una intensidad que sus oponentes, incluidos Clinton y McCain, tendieron a subestimar.

"Es la persona más dura y competitiva que conozco, pero también es una persona muy civilizada y las dos cosas no siempre van de la mano en política", dijo el estratega de Obama, David Axelrod.

"Creo que quizá la gente malinterpretó cualidades muy positivas como falta de instinto asesino, o algo así", dijo Axelrod, que añadió que los 21 meses de campaña habían puesto a prueba el temple de Obama.

Además de recaudar 600 millones de dólares, cifra que batió todos los récords, y de establecer una gran red de voluntarios de las bases, Obama reunió a un personal reconocido por su disciplina y confidencialidad.

El candidato demócrata obtuvo el apoyo de figuras de alto perfil como la presentadora de televisión Oprah Winfrey; el ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker; Caroline Kennedy, hija del asesinado presidente John F. Kennedy, y, más recientemente, el ex secretario de Estado Colin Powell.

A mediados de octubre de 2007, un sondeo de Gallup mostró que Clinton tenía una ventaja de casi 30 puntos sobre Obama, creando una percepción de una victoria inevitable de la ex primera dama.

La inicial oposición de Obama a la guerra de Irak ayudó a revertir algunas ventajas de Clinton, que había votado una resolución autorizando la invasión de 2003, una medida impopular en la base de su partido. Luego la senadora se volvió crítica con el conflicto bélico.

Esta postura del demócrata como opositor a la guerra en Irak, sumada a su elocuente oratoria, entusiasmó a muchos estudiantes y votantes de clase alta, que comenzaron a asistir a sus mítines.

El analista político Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, elogió a Obama por una campaña "magnífica" y destacó que se había enfrentado a una rival formidable en las primarias.

Tras su elección como aspirante demócrata, la llegada de Sarah Palin a la candidatura republicana fue popular en un principio y colocó a McCain con una ligera ventaja.

Pero a mediados de septiembre surgió la crisis económica y Obama ganó aplausos por lo que los votantes consideraron una reacción más tranquila y considerada, y desde entonces ha conservado su ventaja.

También ha contado con la suerte de llegar en un momento en el que sólo un 13 por ciento de los estadounidenses dijo estar satisfecho con la dirección que el presidente George W. Bush había dado al país.

Pero aunque predijo una sólida victoria de Obama el martes, Sabato dijo que, dado el descontento público por la economía y la guerra de Irak, era inevitable que este año se proclamara un presidente demócrata.

"Cualquier candidato demócrata que fuera nominado en 2008 y fuera de una corriente mayoritaria estaba destinado a ser presidente. Punto", concluyó.