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Obama sopesa las opciones contra Gadafi ante el "baño de sangre" en Libia

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El "baño de sangre" y el "sufrimiento" en Libia constituyen "un escándalo" y son "inaceptables", afirmó ayer el presidente de EEUU, Barack Obama, quien indicó que su Gobierno prepara "toda una gama de opciones" contra el régimen de Gadafi.

Obama compareció ayer en el Vestíbulo de la Casa Blanca para efectuar su primera declaración pública, desde que las movilizaciones comenzaron en Libia el pasado 15 de febrero, sobre la situación en ese país, donde los muertos se cuentan por centenares en la revuelta popular contra el dictador libio.

En su declaración, el mandatario dijo que ha dado instrucciones a sus asesores para que "preparen toda la gama de opciones con que contamos para responder a esta crisis", tanto medidas unilaterales como otras que se puedan tomar en coordinación con otros socios internacionales.

En este sentido, ha ordenado a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que viaje a Ginebra (Suiza) para participar en la sesión especial sobre Libia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde estará acompañada por ministros de Asuntos Exteriores de todo el mundo.

Obama efectuó su declaración tras una reunión con Clinton para analizar la crisis en el país árabe, donde Gadafi podría unirse a la lista de mandatarios derrocados por la agitación popular que ya encabezan el tunecino Zine el Abedine Ben Ali y el egipcio Hosni Mubarak.

En una situación "tan volátil como ésta", agregó Obama, "es imprescindible que los países de todo el mundo se expresen con una sola voz".

El gobernante no concretó en su declaración sobre qué tipo de medidas se inclina. Previamente su portavoz, Jay Carney, había aludido a la posibilidad de sanciones internacionales.

Por su parte, el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, apuntó la posibilidad de congelar activos del régimen libio. Otras medidas, como la imposición de una zona de exclusión aérea, "son muy difíciles de aplicar".

A diferencia de Egipto o Bahrein, donde EEUU dispone de una importante colaboración económica y militar, Washington cuenta con una menor capacidad de presión sobre el régimen libio, con el que sólo restableció relaciones diplomáticas plenas en 2006, después de que Gadafi renunciara al terrorismo y a las armas de destrucción masiva.

Aunque Obama lanzó un duro llamamiento para que cese la violencia y se respeten los derechos humanos, algo "innegociable", no llegó a pedir directamente la salida del poder de Gadafi.

En su lugar puso el énfasis -como ha ocurrido desde que las manifestaciones en Túnez el mes pasado abrieron la puerta a una ola de agitación popular en todo Oriente Medio- en que tendrán que ser los libios quienes decidan su futuro.

Con ello, la Casa Blanca quiere evitar posibles acusaciones de injerencia en la región.

El régimen de Gadafi comienza a tambalearse tras perder el control de la zona oriental del país, mientras los muertos aumentan por la represión a las revueltas.

Los ataques del Gobierno libio contra su propia población, aseguró, "violan no sólo las leyes, sino el sentido de la decencia más común".

El Gobierno libio, aseguró, tendrá que rendir cuentas por su "fracaso" a la hora de cumplir los estándares internacionales.

"No se trata simplemente de una preocupación nuestra. El mundo entero está pendiente", declaró el presidente estadounidense.

La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) elevó hoy el número de muertos en Libia hasta los 640, más del doble de los reconocidos oficialmente, aunque representante libio en la Corte Penal Internacional (CPI) Sayed al Shanuka llegó a hablar desde París de más de 10.000.

En medio de esta tragedia y de los esfuerzos de los países occidentales para repatriar a sus ciudadanos y sancionar a Gadafi, el dimitido ministro de Justicia libio, Mustafa Abdel Yalil, aseguró que la zona oriental del país "ha sido liberada totalmente del control" de Gadafi.

Macarena Vidal