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Ofensiva para aplacar a los especuladores

El Gobierno informará mensualmente sobre la deuda. La banca tendrá que dar más datos de sus inmuebles. El compromiso de mayor transparencia frena a los mercados 

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El Gobierno decidió salir ayer en tromba para frenar la ofensiva que está sufriendo España en los mercados desde el pasado lunes. Mientras la rentabilidad del bono español a diez años tocaba los 2,60 puntos porcentuales por encima del alemán, un nuevo récord de la era del euro, el Ejecutivo presentó un abanico de medidas, muchas de las cuales se basan en dar al mercado lo que el mercado pide: más información. Esa parece 'la única forma de salir al paso de rumores que, interesada o desinteresadamente, surgen en algunas ocasiones', declaró ayer la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, tras la reunión del Consejo de Ministros.

Por la mañana, Salgado se había desayunado con una información del Financial Times Deutschland en la que se apuntaba a presiones de países europeos y del Banco Central Europeo a Portugal para que aceptase ser rescatado, evitándose así el contagio a España. La presión crecía. Pese a los desmentidos al diario alemán que llegaban de todas las instituciones, el coste de la deuda, desmadrado ya esta semana, seguía creciendo imparable y el Ibex caía de nuevo en picado. Aunque no estaba previsto inicialmente, la vicepresidenta económica anunció su comparecencia tras el Consejo de Ministros y presentó nuevas exigencias de información a la banca, sobre la deuda pública y a las comunidades autónomas. Y funcionó.

Fue como si los especuladores hubieran olido otra vez su desgracia, como cuando tuvieron que salir corriendo en julio tras la publicación de las pruebas de resistencia de la banca, que demostraron que la española era mucho más fuerte de lo que se pensaba. El coste de la deuda invirtió la curva y empezó a caer. Solo cierto repunte al cierre de la jornada hizo que cerrase a 2,44 puntos del bono alemán.

El Ibex cayó el 1,80%, el peor de los principales parqués de Europa, pero una pérdida muy inferior a la que inició el día, que se acercó al 3%. Hay que tener en cuenta que el peso de la banca, la gran castigada de esta semana, es muy alto en el índice selectivo español. El Santander perdió ayer otro 3,68%.

Entre las nuevas exigencias del Ejecutivo hay información nueva casi para cada sector víctima de rumores. Por un lado, está la ya anunciada información trimestral sobre ejecución presupuestaria que tendrán que facilitar las comunidades autónomas. Estas han pasado a ser el foco de las dudas sobre el cumplimiento del objetivo de déficit ahora que se conoce que el desfase de ingresos y gastos del Estado se ha recortado un 47%.

Por otro lado, en vista de que una de las dudas que han discurrido esta semana es la falta de claridad sobre la valoración de los activos inmobiliarios en el balance de los bancos y cajas españoles, el Banco de España va a obligar a las entidades a incrementar el volumen de datos, informó Salgado, confirmando la noticia facilitada horas antes por el subgobernador del Banco de España, Javier Aríztegui. Las comparaciones con el estallido de la burbuja inmobiliaria irlandesa y los problemas de liquidez que han acabado de estrangular a sus bancos son muy peligrosas en un momento del mercado cercano al pánico como el actual.

El ataque a la deuda pública española intentará atajarse también con información. El Gobierno informará mensualmente sobre la evolución de la misma, explicó Salgado, que no perdió ocasión de recordar que el endeudamiento español estará 20 puntos por debajo de la media europea incluso al terminar este año, cuando se espera que alcance el 62,8% de la riqueza anual que genera el país (PIB).

Salgado intentó tranquilizar los ánimos con varios datos más: recordó que el coste de la deuda viva (títulos que todavía no han vencido) está en el 3,6%, aún muy cerca del 3,53% que fue el mínimo histórico y que se marcó en 2009; llamó la atención sobre la 'estabilidad' de los inversores, que son nacionales en un 53%; y apuntó que 'la carga de los intereses sobre el PIB está en el 2,2%, uno de los más reducidos de la zona del euro'. Además, 'ya no hay más vencimientos de deuda en 2010 y el Estado tiene recursos líquidos suficientes para cubrir las necesidades de financiación'.

Aún así, se seguirá con el calendario de emisiones previsto, 'no vamos a suspender ninguna de las subastas de aquí a final de año', comentó Salgado, 'pero se reducirá ligeramente el volumen (adjudicado) en cada una de las emisiones', para limitar en lo posible el sobrecoste que paga la deuda emitida este año respecto a 2009 (un 13,49% más de media).

El próximo ejercicio será otro cantar. Salgado no quiso entrar a comentar las opiniones de analistas que apuntan a que España no podrá permitirse dar una rentabilidad por encima del 6% o el 6,5% , porque a determinados precios los intereses se pueden acabar comiendo el crecimiento de la economía. La vicepresidenta se limitó a recordar que el volumen de emisiones netas previsto para 2011 es de 45.000 millones, cantidad que calificó de 'reducida'. El total de emisiones brutas, sin embargo, está previsto en 192.000 millones: los 45.000 millones nuevos de endeudamiento citados por Salgado más la refinanciación de los 147.000 millones de euros en títulos que vencen en 2011, según el calendario oficial del Tesoro.

No es la primera vez que el FT Deutschland tiene que ser desmentido rotundamente por alimentar la guerra de rumores nacida con los rescates. Ya ocurrió en mayo tras el de Grecia, cuando apuntó a un inminente rescate de España. Ayer, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manual Durão Barroso, tachó la información de 'falsa, completamente falsa'. Lo desmintió también el Gobierno luso, que ayer sacó adelante sus presupuestos para 2011, tijeretazo incluido, y finalmente Alemania.

Pero el economista jefe del Deutsche Bank, volvió a perturbar al mercado al conocerse que en una entrevista con Frankfurter Allgemeine Zeitung sugiere la posibilidad de que el FMI conceda una línea de crédito flexible a España.

Salgado dejó entrever ayer cierto malestar por los comentarios que llegan 'en momentos poco oportunos' por parte del Ejecutivo germano, pese a que Berlín firmó el acuerdo de los países europeos en el G-20 para tranquilizar a los inversores sobre la deuda.