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La ofensiva talibán fuerza una escalada de la OTAN

Las bajas aliadas en Afganistán duplican o triplican las de años anteriores. Washington pide a los países europeos que se impliquen en las zonas donde se libran los combates más duros

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El año ha empezado muy mal para las tropas extranjeras en Afganistán. Con 74 muertos desde enero, las bajas duplican y triplican a las registradas en años anteriores en las mismas fechas. La sangrienta escalada bélica de los talibanes ha causado un centenar de víctimas mortales en la última semana y está obligando a los aliados a cambiar de rumbo.

Además, los talibanes lanzan esa ofensiva en un año de elecciones presidenciales, previstas para agosto.

Mientras la Unión Europea intenta ponerse de acuerdo sobre la cantidad de tropas a enviar y su nivel de implicación, los talibanes esperan provocar una sangría entre las filas extranjeras en los próximos meses, coincidiendo con un clima más propicio para sus ataques y emboscadas.

Estados Unidos ya ha anunciado un envío de 17.000 soldados extra para la misión que la OTAN desarrolla en Afganistán (ISAF). Washington lleva cuatro años pidiendo, con escaso éxito, más compromiso a sus socios en la Alianza Atlántica. Barack Obama ha fijado Afganistán como una de sus prioridades para los próximos años en su política exterior.

Mientras las bajas militares se reducen en Irak al nivel más bajo desde la invasión en 2003, la tendencia es inversa en Afganistán. En lo que va de año, Estados Unidos ha perdido 39 soldados en Irak y 41 en Afganistán. Las bajas se han producido en la 'temporada baja' de los talibanes, quienes lanzan todas las primaveras una ofensiva contra las tropas extranjeras hasta septiembre.

Los países europeos con presencia militar han iniciado una lenta pero gradual escalada militar en Afganistán en los últimos dos años. Aún así, la escasa implicación bélica europea en las zonas más conflictivas del sur del país tiene muy descontento al mando militar de la OTAN y a EEUU.

'En la OTAN hay países con un miedo al peligro a los que debemos seguir presionando', ha declarado el jefe del mando militar de la OTAN para Europa, el general estadounidense John Craddock.

La mayoría de los países intentan mantener una política de 'cero bajas', algo más asumible en el norte que en el sur y este del país. Es en provincias como Helmand y Kandahar, donde EEUU, Canadá y Reino Unido se enfrentan a diario a los ataques suicidas, a las bombas al paso de sus transportes y a las ofensivas contra sus controles de seguridad. En los últimos años se han sumado a las operaciones en el sur Dinamarca (con 700 soldados) y Rumania (900).

El analista Daniel Korski resume en su último informe para el Consejo Europeo de Relaciones Internacionales los problemas que encuentra la UE para armar una posición común con respecto a Afganistán. Según Korski, 'la UE no tiene una estrategia ni para Afganistán ni para Pakistán'.

El informe pone el ejemplo de Dinamarca para identificar la falta de organización sobre el terreno. El Gobierno danés invierte la mitad de su ayuda económica a Afganistán a las escuelas de la provincia de Helmand, las cuales son objeto de ataques por parte de los talibanes sin que la población local pueda hacer nada por evitarlo. La distribución de la ayuda se organiza desde las capitales europeas ignorando a las organizaciones locales.

Uno de los planes para ganarse a la población local tras la caída de los talibanes era construir infraestructuras en el país y mejorar la calidad de vida de los afganos. Ocho años después del inicio de la Operación Libertad Duradera, la capital apenas dispone de unas horas de suministro eléctrico.

Ganar la guerra contra los talibanes a corto plazo ha dejado de ser un objetivo realista. Los mandos militares prefieren ahora contener a los talibanes. Los líderes europeos han empezado, según Korski, a aceptar ciertas medidas: iniciar negociaciones con los integristas más moderados, mejorar la lucha contra las plantaciones de droga e implicar en el conflicto a las potencias regionales: China, India e Irán.

Los países europeos encuentran dificultades políticas para aumentar su presencia en un conflicto que ha pasado de ser “una guerra olvidada” a una en la que casi nadie quiere implicarse. Una encuesta del ‘Financial Times’ del pasado enero mostraba cómo la mayoría de entrevistados en Reino Unido, Francia, Italia y Alemania se oponían a enviar más tropas a Afganistán en caso de que Barack Obama se lo pidiera a sus gobiernos.

España era el único país de los encuestados en el que su población sí se mostraba favorable a aumentar su presencia militar. El 55% de los 1.000 entrevistados en España aceptaría la petición de Obama. La mayor oposición se registró en Alemania, donde el 60% se opone a mandar más tropas. Un rechazo que se sitúa en el 57% en Reino Unido y en el 53% en Italia y Francia.