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La ONU estaba condenada al fracaso en Irak

El ex embajador británico en EEUU declara que la invasion era inevitable

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Durante meses, los inspectores de la ONU dirigidos por Hans Blix lucharon contra el tiempo para encontrar pruebas de la existencia en Irak de armas de destrucción masiva. En realidad, su trabajo era inútil porque Washington y Londres ya habían decidido invadir el país para derrocar a Sadam Hussein.

La comparecencia del ex embajador británico en EEUU, Christopher Meyer, en la comisión de investigación ha servido para confirmar una sospecha generalizada. La actuación de los inspectores y la negociación en Naciones Unidas no tenían ninguna posibilidad de detener la maquinaria militar puesta en marcha por George Bush con el apoyo de Tony Blair.

“Cuando compruebas el calendario de las inspecciones, ves que era imposible que Blix pudiera terminar el trabajo, para bien o para mal, antes de marzo”, explicó Meyer.

Los preparativos militares eran prioritarios. Inicialmente, EEUU tenía previsto comenzar la guerra en enero de 2003. Cuando eso resultó imposible, la fecha pasó a ser marzo y Washington no estaba dispuesta a retrasarla para dar tiempo a que concluyeran las inspecciones.

Había que demostrar como fuera que Sadam mentía cuando decía que no tenía armas de destrucción masiva, “y por eso, terminamos buscando esa prueba definitiva” (en inglés, smoking gun). Pero en realidad, “nunca nos recuperamos del hecho de que desde luego no existía tal prueba definitiva”.

Meyer no sabe a ciencia cierta si Blair dio el visto bueno a la invasión en la reunión que tuvo con Bush en el rancho de Crawford en abril de 2002, 11 meses antes de la guerra, porque ambos líderes se reunieron varias veces sin presencia de asesores.

Pero considera muy significativo que el primer ministro británico utilizara por primera vez la expresión “cambio de régimen” unos días después en el discurso celebrado en una universidad de Texas.