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La ONU reconoce que afronta un dilema en la República Democrática del Congo

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La cuestionada misión de paz de la ONU en la República Democrática del Congo (MONUC) reconoció hoy que afronta el dilema de respaldar la lucha del Ejército congolés contra los grupos rebeldes y, por otro lado, evitar que el largo conflicto interno se cobre más víctimas civiles.

Ante esta situación, el máximo responsable de MONUC, el británico Alan Doss, pidió hoy al Consejo de Seguridad de la ONU que autorice una ampliación de seis meses del mandato, que expira el 31 de diciembre, para poder reorganizar la misión.

Los responsables de los "cascos azules" han sido duramente criticados por prestar apoyo logístico a unidades del Ejército congolés (FARD) acusadas de cometer crímenes de guerra durante la ofensiva lanzada este año contra la guerrilla hutu de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR).

Doss anunció en su intervención en el Consejo de Seguridad que la ofensiva llamada Kimia II concluirá el próximo 31 de diciembre, tras la rendición de 1.400 combatientes y haber logrado "en general" el objetivo de dispersar a las fuerzas rebeldes.

"El Consejo conoce el dilema que afronta MONUC, que es inherente al mandato con que contamos, por el que le debemos dar la máxima prioridad a la protección de civiles, mientras colaboramos con las FARDC, que incluyen efectivos responsables de violaciones de derechos humanos", dijo el enviado especial.

Al mismo tiempo, resaltó que los rebeldes hutus enfrentados al Gobierno son desde hace diez años una gran fuente de inestabilidad en las provincias orientales congolesas, en las que tienen aterrorizada a la población y expolian sus recursos minerales.

"No hay una respuesta fácil al dilema y contamos con que el Consejo nos oriente al respecto", agregó.

Los quince miembros del máximo órgano tienen previsto adoptar el próximo lunes una resolución que extienda el mandato de MONUC hasta mediados de 2010, lo que le daría tiempo a Naciones Unidas a reorganizar la misión.

Una extensión corta del mandato también podría satisfacer al presidente congolés, Joseph Kabila, que ha expresado en varias ocasiones su interés en que Naciones Unidas vaya reduciendo su presencia militar.

Doss dijo que, una vez que concluya la operación Kimia II, el Ejército y MONUC adoptarán medidas para mantener el control del terreno ganado y proteger a la población de las represalias de los rebeldes.

Al mismo tiempo advirtió de que la presión militar y los incentivos a la rendición de los combatientes son sólo dos de los instrumentos necesarios para acabar con más de una década de violencia en el Congo.

También es necesario aumentar el control del Estado sobre la explotación de la riqueza mineral del país, de las que se nutren los grupos irregulares, y perseguir judicialmente a los cabecillas políticos de la guerrilla que desde el exterior la financian y la guían, apuntó.

En particular, mencionó un reciente informe de un grupo de expertos del Consejo de Seguridad en el que se denuncia la existencia de una amplia red internacional de financiación del FDLR, que supuestamente incluye a organizaciones religiosas y caritativas españolas.

El documento divulgado a principios de diciembre también critica en otro apartado la colaboración de MONUC con ex guerrilleros integrados en las FARDC, a los que se acusa de cometer atrocidades contra la población civil durante la campaña contra los rebeldes hutus.

Doss reconoció que la integración de antiguos combatientes irregulares a las filas del Ejército ha multiplicado la indisciplina, aunque resaltó que estas incorporaciones son una parte indispensable de la desmovilización de los irregulares, y lo definió como el "precio de la paz".

"Conseguir la paz es la mejor manera de proteger a los civiles", y no se logrará mientras existan grupos armados que desafíen la autoridad del Estado, dijo el enviado especial a la prensa a la salida de la reunión.

La estrategia de MONUC ha sido objeto de duras críticas en los últimos meses por parte de varias organizaciones de derechos humanos, que han pedido el cese de su apoyo al Ejército congolés.

Human Right Watch aseguró el lunes en un informe que la ofensiva congolesa ha causado la muerte de 1.400 civiles y advirtió de que los "cascos azules" corren el riesgo de ser cómplices de las atrocidades cometidas por ciertas unidades de las FARDC.

Doss declinó precisar si la conclusión de la ofensiva contra el FDLR supone el fin del respaldo logístico de MONUC al Ejército, que ha recibido raciones, transporte y materiales de los "cascos azules".

"La naturaleza de las operaciones cambian, y veremos si también debe cambiar la naturaleza de nuestro apoyo", apuntó.