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Orozco, un universo en expansión

El MOMA dedica una ambiciosa retrospectiva al mexicano, considerado uno de los artistas conceptuales más influyentes de su generación

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Como si fuera un universo que se expande sobre la nada a la velocidad de la luz, el arte del mexicano Gabriel Orozco lleva ganando espacio a la realidad, a la vida y al propio arte desde 1990. Pero, 20 años después, esa evolución constante ha creado un universo tan vasto que, en muchas ocasiones, es difícil distinguir sus estrellas e, incluso, galaxias. Para remediarlo y para poder examinarlo mejor, el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York ha preparado una retrospectiva de Orozco, un privilegio que muy pocos artistas contemporáneos pueden gozar en el MOMA a mitad de su carrera.

La retrospectiva cuenta con casi un centenar de obras, entre ellas, Movil Matrix (2006), un monumental esqueleto de ballena pintado con 6.000 pinceles mecánicos, que pende del techo de la segunda planta del MOMA y que es la primera ocasión que sale de México.

En ese casi centenar de obras están representados todos los géneros en los que crea Orozco su arte: escultura, pintura, dibujo, fotografía, impresión digital e instalación; pero también todos los materiales que usa y que, como reconoce él mismo, son los que tiene a mano: el hueso de un cráneo, cuatro bicicletas, un automóvil Citroën, la recámara de una rueda de camión, una concha recogida en una playa, arcilla natural, las tapaderas de un yogur, unos zapatos...

'Las creaciones de Orozco se convierten en obras cuyo significado se ha renovado'

“De repente hay que limpiarlo todo y ver la mesa muy limpia y bien puesta para ver qué es lo que hay. En esta exposición, cada objeto se siente importante y cada pieza y dibujo tiene una razón de ser”, señaló Orozco en la presentación de la retrospectiva. Según el mexicano, la muestra, por su propio carácter, representa un buen momento para ver cuál es el trabajo de un artista y una oportunidad para este de reflexionar junto con otras personas que lo han seguido de cerca y que tienen una visión complementaria.

Pero el carácter evolutivo de la obra de Orozco, quien suele crear pensando en un determinado espacio o momento, rompe el sentido tradicional de una retrospectiva y la exposición no es la mera recopilación de sus obras, según explicó la comisaria de la exposición Ann Tempkin. “Al aparecer aquí, las creaciones de Orozco se convierten en obras cuyo significado se ha renovado y puede ser diferente al que tuvieron en su origen”, dijo Tempkin, que eligió al artista mexicano para la exposición por dos motivos: “Porque es uno de los mejores representantes de su generación y porque, a la vez, es único”

“Orozco es miembro de una generación que se da cuenta de que es la última que va a hacer arte en el siglo XX”, según Tempkin, lo que lleva a los artistas a no tener la necesidad de crear una escultura de cuatro toneladas o de acudir a un objeto minimalista, porque eso ya está hecho. En su lugar, debe evolucionar en la relación y el significado de los objetos, especialmente los objetos cotidianos.

“Al mismo tiempo, Orozco es único, porque crea objetos que no hubieran existido si él no los hubiera transformado”. El MOMA es sólo la primera etapa de esta retrospectiva que se inaugura el domingo y que, tras cerrar sus puertas en Nueva York, el 1 de marzo, continuará en Basilea, París y Londres.