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La OTAN sienta las bases en Bucarest de una agenda de seguridad sin bloques

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A punto de llegar a su 60 aniversario, la OTAN ha sentado en Bucarest las bases de una nueva agenda de seguridad para un mundo que no gira ya en torno a bloques enfrentados.

En la cumbre de Bucarest, inusualmente larga, los líderes aliados han hecho frente en estos tres últimos días a algunas de sus obligaciones más inmediatas, como la estabilización de los Balcanes y la campaña de Afganistán, pero también han preparado el camino para una actualización de la doctrina.

La lucha contra el terrorismo, la defensa antimisiles y la protección de las infraestructuras energéticas vitales o frente a los ataques cibernéticos han sido confirmados como ámbitos en los que la Alianza tiene un papel que desempeñar.

Dentro de un año, se conmemorará el 60 aniversario de la firma del Tratado del Atlántico Norte, que fundó lo que sus veintiséis miembros actuales califican sin empacho como "la alianza más exitosa de la historia".

La celebración vendrá marcada por una cumbre extraordinaria, que tendrá lugar por primera vez simultáneamente en dos ciudades, la francesa de Estrasburgo y la alemana de Kehl, símbolos de la guerra en Europa y de la posterior reconciliación.

El secretario general de la OTAN, el holandés Jaap de Hoop Scheffer, ha propuesto aprovechar la oportunidad para subrayar el hecho de que la Alianza, pese a los cambios que han supuesto la caída de los regímenes comunistas, la desaparición del Pacto de Varsovia y la unificación de Europa, ha seguido y seguirá teniendo una función vital.

Los aliados pretenden aprobar en la cumbre de Estrasburgo-Kehl una Declaración Atlántica que proporcionará "claridad conceptual" en la definición de las misiones y objetivos de la OTAN para "hoy y mañana", según ha explicado en Bucarest el propio Scheffer.

Esta semana los líderes de la OTAN han confirmado la vitalidad de la organización invitando a otros dos países europeos, Croacia y Albania, a abrir negociaciones para su adhesión, la cual si todo va bien podría convertirse en realidad de aquí a un año.

Con ello, la Alianza extiende su paraguas defensivo a los Balcanes occidentales, vivero de casi todas las grandes guerras de la historia europea y escenario todavía de sangrientos conflictos hace menos de una década.

El contencioso bilateral entre Grecia y Macedonia a propósito del nombre de la república ex yugoslava ha impedido que la invitación se extendiera también a este país, lo que reduce al menos de momento el efecto estabilizador de la ampliación decidida en Bucarest.

Aunque la OTAN insiste en que cualquier nuevo miembro tiene que ser proveedor de seguridad, y no sólo consumidor de ella, está claro que la incorporación de Albania y Macedonia, dos de los países más pobres de Europa, tiene como finalidad principal tutelar su evolución limitando el impacto desestabilizador de la independencia del vecino Kosovo.

La OTAN como fuerza militar ya está presente en Kosovo, donde dirige los 16.000 soldados de la KFOR encargados por la ONU de mantener la paz entre la mayoría albanesa y la minoría serbia.

En Bucarest además la Alianza ha puesto al día su estrategia a medio plazo para Afganistán, donde protagoniza su otra gran operación de estabilización por encargo de las Naciones Unidas.

En aquel país asiático dirige 47.000 soldados y en esta cumbre algunos gobiernos aliados han respondido positivamente a la demanda de más tropas -Francia, por ejemplo, enviará un batallón suplementario al Este- y se han concertado con otros socios internacionales en los objetivos para los próximos cinco años.

Afganistán no sólo es la "prioridad número uno" de la OTAN en estos momentos, porque "el fracaso no es una opción", sino que constituye un excelente banco de pruebas para la transformación de la estrategia y los medios de la Alianza.

Los Veintiséis se han comprometido en Bucarest a seguir transformando la OTAN a fin de contribuir eficazmente "a la seguridad internacional en el siglo XXI".