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Oxígeno para un líder en apuros

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Mariano Rajoy estaba ayer exultante. No era para menos: el resultado de las elecciones gallegas le ha proporcionado un invaluable balón de oxígeno en un momento en que su liderazgo en el PP estaba severamente cuestionado. Nadie ni el propio Rajoy se ha creído las recientes exhibiciones de unidad de los conservadores, cuyo único objetivo es torpedear la investigación judicial de la trama de corrupción inmobiliaria que saplica al partido.

Rajoy estaba debilitado, y sus numerosos enemigos dentro del PP esperaban que continuara en ese estado hasta que la coyuntura les permitiera a unos o a otros arrebatarle el timón del partido. Pero hete aquí que llegan las primeras elecciones desde que se recrudeció la guerra interna en el PP, y el hombre de confianza de Rajoy recupera el poder en Galicia. De repente, todo el partido se declara contento con el resultado, pero los únicos que tienen motivos sinceros para el júbilo son el denostado líder del partido y su estrecho círculo de fieles colaboradores.

Cuando se reanude la actividad en el Congreso de los Diputados, Zapatero se las tendrá que ver con un rival algo fortalecido. Dirigentes del PSOE comentan, con pretendida ironía, que lo positivo del resultado gallegos para los socialistas es que Rajoy continuará al frente del PP. Pero, en realidad, lo que más les convenía, en estos momentos de crisis económica, era un Rajoy noqueado.

A diferencia de las estirpes condenadas a cien años de soledad, el líder conservador tiene ahora una segunda oportunidad sobre la tierra.