Publicado: 02.04.2014 07:50 |Actualizado: 02.04.2014 07:50

Pablo Zoido: "Hay que cambiar qué se enseña y cómo se enseña"

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Los jóvenes españoles tienen serias dificultades para manejar un mp3, programar un termostato de aire acondicionado o elegir la mejor opción para desplazarse de un sitio a otro en una ciudad que no conocen. Una vez más, España suspende y se sitúa a la cola de la OCDE en el informe PISA que evalúa las habilidades y los conocimientos de los estudiantes de 15 años. Pablo Zoido (Sevilla, 1973) es asesor de la División de Indicadores y Análisis de la OCDE y en 2008 se incorporó al equipo que elabora las evaluaciones internacionales de PISA. Prudente en las valoraciones sobre el fracaso de los alumnos españoles y los contenidos de la futura ley de educación, Zoido afirma que el profesorado debe liderar el cambio hacia otra manera de enseñar trabajando codo con codo con las administraciones públicas.

Comprar un billete de tren, manejar un robot-aspiradora o distribuir una mesa haciendo encajar las preferencias de los comensales. ¿Qué buscan analizar los expertos con estos "problemas de la vida real"?

Son problemas complejos, que no tienen una solución obvia, en los que no hace falta un conocimiento abstracto en matemáticas o ciencias, y que están en contextos de la vida real porque puede haber problemas del día a día o problemas que nos podemos encontrar en una situación laboral. Son problemas que piden explorar, buscar información, convertir esta información en conocimiento y reflexionar sobre el tipo de soluciones o sobre el tipo de estrategias posibles para llegar a esas soluciones.

¿Hasta qué punto enseñar esas habilidades no es competencia de las familias?

Lo que queremos evaluar es si lo que se enseña en la escuela se traduce en un aprendizaje o si también sirve para la vida real. Es cierto que no hay ningún contexto específico en estas tareas que esté ligado a lo que se enseña en la escuela directamente, pero también existe la posibilidad de enseñar este tipo de competencias y, probablemente, la mejor opción sea hacerlo a través de las tareas de las áreas básicas de la enseñanza, como las matemáticas, la ciencia, la lectura o incluso otras materias. El arte, por ejemplo, puede servir para que los alumnos aprendan la perseverancia y la importancia de marcarse objetivos. La historia puede utilizarse para aprender a planificar, a desarrollar un proyecto largo, y a identificar pasos que son fundamentales, en líneas generales, en la resolución de problemas.

España se sitúa en el puesto 23º de los 28 países de la OCDE en la habilidad para resolver estos problemas. Al margen de los números, ¿qué nos dicen estos datos sobre cómo son nuestros jóvenes y cómo pueden llegar a ser?

Los datos destacan que hay mucho margen de mejora, pero también hay que ser optimistas y tener en cuenta que es la primera vez que hemos evaluado estos conocimientos y habilidades. Los datos marcan una base y a partir de ahora podemos utilizar esta base para evaluar si el tipo de políticas que se han puesto en marcha tienen un efecto. Lo que está claro es que, hasta ahora, las últimas reformas no han potenciado este tipo de competencias.  

¿La Lomce va a dar un vuelco a estos datos, como sugiere el Ministerio de Educación?

Las reformas, si tienen efecto, lo tendrán a largo plazo. La buena noticia es que ahora tenemos estas evaluaciones y que dentro de seis o diez años podremos ver si hemos mejorado.

A pesar de que los jóvenes de 15 años son nativos digitales y están familiarizados con la informática, también suspenden en las pruebas digitales de lengua y matemáticas. ¿Por qué?

Es cierto que los jóvenes están familiarizados con los ordenadores, pero interpretamos que los estudiantes en España son menos abiertos a intentar interactuar con este tipo de tareas en un medio desconocido, diferente a lo que suelen ver dentro de la escuela.

La secretaria de Estado, Montserrat Gomendio, achacó los malos resultados a un modelo pedagógico obsoleto basado en memorizar conocimientos. ¿Es así?

Lo que sugieren los resultados del informe es que se trata de un problema generalizado. No hay una escuela, ni un individuo, ni un grupo de estudiantes identificable, sino que los bajos resultados se dan en toda la distribución de competencias y, particularmente, entre los que tienen peores resultados en matemáticas.

¿Cuál es la solución para mejorar los resultados?

Es pretencioso dar soluciones concretas, esta es una tarea para las diferentes autoridades y para los centros, hay que intentar trabajar todos juntos para mejorar los resultados. Pero en países con mejores datos que España observamos que se dan muchas oportunidades a todos los alumnos para desarrollar este tipo de capacidades dentro de las escuelas, en las materias básicas, como las matemáticas o la ciencia. Hay experiencias fuera de España de las que podemos aprender, por supuesto, adaptándolas a nuestra realidad. Hay que estar abiertos, reconocer que esto se puede mejorar e intentar entre todos encontrar la mejor manera de hacerlo: modificando el currículum, cambiando la pedagogía, es decir, modificando tanto lo que enseñamos en el día a día como la manera en la que se imparten estas materias.

Entonces los profesores tienen que cambiar su metodología.

Los profesores juegan un papel fundamental, si cabe más en este tipo de competencias que en otras. Y van a jugar un papel crucial en este cambio porque tienen que ser ellos quienes lo lideren. Pero no es una responsabilidad única de los profesores, todas las administraciones públicas pueden hacer un trabajo muy importante apoyando a estos profesores, dándoles más formación, haciendo que la formación al profesorado sea algo continuo que ocurra dentro de los centros de forma diaria, facilitando enlaces y la creación de redes entre profesores para que haya más cooperación dentro de los centros pero también entre diferentes centros. Y la evaluación juega un papel fundamental en este sentido, si no evaluamos no podemos saber quién está logrando ciertos objetivos o quién tiene un mejor rendimiento, y por lo tanto no podemos aprender de ello.

¿Están adecuadamente formados los profesores para llevar a cabo este cambio?

Estos cambios no son nada fáciles y la formación al profesorado es imprescindible para cambiar la manera de enseñar. No creo que sea un problema específico de España, sino de muchos otros países. Hay que seguir apoyando al docente y conseguir motivarle para que participe de manera plena en estos cambios. 

Según los datos de PISA, el nivel socioeconómico de los padres no influye en los resultados de sus hijos. ¿Es una ventaja o un inconveniente?

Una ventaja. Quiere decir que aunque hay mucho trabajo que hacer, los resultados afectan de manera igual a todos los alumnos. En España se observa mucha interheterogeneidad, es decir, alumnos que consiguen peores resultados a pesar de tener un nivel socioeconómico más alto, y al contrario. En este sentido, las escuelas han jugado un papel poco importante, porque a veces los centros son los que aumentan estas diferencias. Lo que hay que hacer es conseguir aumentar el nivel general de rendimiento, sin centrarse en un grupo concreto, dando el mismo tipo de oportunidades a todos los alumnos.

¿Esta equidad debe ser entendida como hasta ahora -todos los alumnos deben poder llegar a obtener resultados parecidos- o como la entiende el Gobierno —cualquier alumno debe lograr su máximo potencial, aunque sea distinto del de sus compañeros—?

Esta última es la definición que solemos utilizar en las comparecencias internacionales y la definición que está más aceptada por los países que participan en PISA. Se trata de que todos los alumnos, independientemente de su contexto socioeconómico, alcancen su potencial. Y lo que se ve en los resultados es que incluso los alumnos que provienen de familias con un escaso nivel educativo obtienen resultados muy buenos en ciertos países. ¿Por qué no podría ser así en todas partes? El universo económico y social es importante pero no lo es todo.