Público
Público

En la pagoda global

La muestra ‘Fascinados por Oriente' analiza el peso de las culturas orientales en Occidente

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

La gran ola de Kanagawa, de Hokusai.

El interés por la Nintendo DS y por personajes como Akira y Son Goku nació en realidad hace 24 siglos. Poco podía imaginar Alejandro Magno cuando llegó al norte de la India a principios del siglo IV a. C. que con su hazaña no sólo facilitaría el desarrollo de rutas marítimas, sino que también abriría la puerta a la pasión que Occidente desarrollaría más tarde por la cultura oriental.

Esa atracción se ha ido intensificando con el paso de los siglos, y ha logrado que su influencia en nuestra vida cotidiana sea algo tan habitual como imperceptible. Este diálogo constante entre el mundo oriental y el occidental es analizado en la exposición Fascinados por Oriente, que hasta el 20 de junio de 2010 podrá visitarse en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

A través de 300 piezas, entre las que hay porcelanas, muebles, cerámicas y estampas, esta muestra trata de discernir 'cómo Occidente ha entendido a Oriente, cómo ha ido en su busca, cómo lo ha asimilado y luego cómo lo ha integrado en su propia cultura y ha pasado a formar parte del mundo que se ha vivido en todas las épocas, pero fundamentalmente del mundo cotidiano actual', según explica a Público Sofía Rodríguez Bernis, subdirectora del Museo.

La exposición está dividida en cinco bloques, que arrancan con la visión que se tenía de Oriente en la Edad Media. Forjado a base de los testimonios llegados por los viajes de la ruta de la seda, el sueño sobre Oriente lo recrea como un mundo legendario bañado en el misterio propio de las culturas lejanas.

Esta ensoñación daría paso a una visión más centrada en el exotismo. A finales del siglo XV, se establecieron rutas marítimas directas controladas por las potencias occidentales que, junto a las colonias en Asia, modificaron la percepción occidental. Los objetos de Oriente, como la pólvora, la tinta o los tejidos, eran tomados como un símbolo de prestigio por las cortes europeas.

La Ilustración arrojaría luz sobre esta idea, y se impuso la visión científica y racionalista, que evolucionaría a finales del siglo XIX por la marcada influencia que Japón ejerció en la renovación del arte occidental. Un ejemplo de ello es Toulouse Lautrec, cuyo trabajo se inspiró en las estampas japonesas, o Claude Monet, que, al igual que el diseñador Adolf Beckert, adoptó la visión oriental de la naturaleza propia de Katsushika Hokusai.

Por todo ello, el poso oriental es innegable. 'En Oriente está todo o casi todo, desde el principio. La pólvora, el té, la tinta, el papel... Desde el mundo de la decoración o de los materiales hasta los usos y costumbres han sido definitivos para Occidente, y hoy más aún porque Oriente está entre nosotros. Nosotros formamos parte de él en esta aldea global o pagoda global', afirma.

Para recordar esa presencia en la actualidad, la muestra finaliza con un repaso audiovisual de los productos orientales con mayor presencia, como el manga y el anime (cómic y animación japoneses), el diseño, la gastronomía, el cine o los videojuegos.

Además, a modo de despedida, un grupo de gatos dorados de la suerte, cuya presencia es habitual en las tiendas de ciudadanos chinos de cualquier población, nos dice adiós con la mano. Ese montaje pretende ser 'una toma de conciencia' sobre lo que hoy significan los inmigrantes orientales en nuestro país. A juicio de Rodríguez Bernis, la tradición oriental nos ha llegado 'de forma sedimentada a través de las épocas' y también en distintos niveles, porque 'no todo es lujo, esto también es gente y un mundo común en el que todos significamos algo'.