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Los países ricos designan al G-14 nuevo foro global

El nuevo grupo está formado por el G-8 y seis países emergentes. El G-20, donde se sienta España, decidirá sobre temas económicos. Inquietud en Moncloa por el nuevo reparto de poder

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La cumbre del G-8 en LAquila no será recordada tanto por haber conseguido grandes avances financieros o medioambientales sino por haber consolidado un nuevo foro internacional, el G-14. Este es el nombre provisional con el que se ha bautizado la unión de los países del G-8 con seis de las principales economías emergentes. Su papel será acordar grandes iniciativas internacionales en cualquier ámbito de interés global, mientras que el papel del G-20, formación en la que España ha dispuesto de una silla en las últimas reuniones, quedará en principio reservado a las cuestiones económicas y financieras.

El G-8 no se disuelve, pero los líderes de los ocho países más industrializados (Estados Unidos, Rusia, Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, Japón y Canadá) se han dado cuenta de que ellos solos no pueden resolver los principales desafíos del mundo globalizado. Necesitan a los principales países emergentes: China, India, Brasil, México y Suráfrica, que forman el denominado G-5, a los que se ha sumado Egipto. Un ejemplo claro lo ha proporcionado esta cumbre: el miércoles el G-8 acordó trabajar para reducir las emisiones contaminantes de cara a 2050, pero ayer China e India se negaron a suscribir este planteamiento. Y de poco sirve que algunos países se comprometan contra el cambio climáticoy otros no.

Ya antes de iniciar la cumbre, la alemana Angela Merkel o el brasileño Lula da Silva se habían mostrado favorables al G-14, pero ayer este foro hizo su primera declaración conjunta y el presidente de la cumbre, Silvio Berlusconi, dijo en nombre de todos que a partir de ahora su importancia no dejará de crecer. 'La estructura del G-14 ha quedado consolidada', afirmó. 'No está excluido que se puedan reunir estructuras como el G-20 o el G-24.De hecho, el G-20 se reunirá en Pittsburgh', explicó, pero quién realmente marcará la posición de Pittsburgh será elG-14, insinuó Berlusconi, pues se reunirá justo antes del G-20 para acercar posiciones. 'Con 14 países, hay la posibilidad de hablar en una misma mesa', dijo. En cambio, 'cuando hay demasiados participantes, no hay una auténtica discusión. Los europeos tenemos experiencia de cuando éramos 15 y pasamos a 27', zanjó el italiano. Sarkozy concretó que el G-14 se ocupará de 'las cuestiones globales', mientras que el G-20 'se concentrará en temas económicos y financieros'.

Los argumentos del primer ministro italiano para dar cuerpo al G-14 causaron inquietud en la delegación española. Oficialmente, ni José Luis Rodríguez Zapatero ni su entorno admiten preocupación por la posibilidad de quedar fuera del Grupo que decida las directrices de la política global. Fuentes de la Moncloa señalan que 'España está consolidando su presencia en los foros de gobernanza mundial'.

Sin embargo, el hecho de que se haya convocado una reunión de estos catorce países antes de la del G-20 de Pittsburgh (Pennsylvania) ha inquietado al aparato diplomático. Los rumores sobre que la mala organización de la cumbre de LAquila podía llevar a la expulsión de Italia del G-8 y su sustitución por España han creado un clima nada propicio para que el Ejecutivo italiano apoye a España para entrar en el foro de máxima influencia, si finalmente se confirma el G-14 como tal. Fuentes diplomáticas creen que el grupo propuesto cojea al no incluir a la Unión Europea, dar entrada a Egipto y dejar fuera a España o, por ejemplo, a Argentina.

Por otra parte, la cumbre acordó dar un impulso a la liberalización comercial y terminar en 2010 la Ronda de Doha, cuyas conversaciones están estancadas. El acuerdo fue suscrito por países emergentes, como China, India y Brasil, que son clave para el desarrollo de las negociaciones.

Con la camisa blanca arremangada y la corbata al cuello, el norteamericano Barack Obama corrió por la cancha que el italiano Berlusconi le ha hecho montar en el vetusto edificio de la Guardia de Finanzas donde se reúne elG-8, haciendo rebotar la pelota antes de irse a dormir. Se paró delante de la canasta y con un gesto ágil, lanzó su primer tiro. Acertó. Dos intentos más y otros tantos encestes. Obama no falla. Tres tiros, tres canastas, en una especie de metáfora del mismo número de victorias que ha logrado en su primera cumbre del G-8.

Su primer éxito ha sido dar la vuelta a la imagen de Estados Unidos en la lucha contra el cambio climático. El país más contaminante del mundo llegó a la cumbre cauteloso ante las propuestas de compromiso para reducir las emisiones de CO2, pero el presidente firmó una declaración que, sin ir más allá de la buena voluntad, pues se fija en objetivos muy lejanos, muestra que su actitud es radicalmente distinta a la de su antecesor, George Bush. El presidente demócrata queda así como nuevo apóstol ecologista. Si lo ha logrado ha sido porque poco antes de la cumbre firmó en EEUU un compromiso para redirigir la industria norteamericana hacia un modelo más sostenible. Todos los líderes del G-8 le han aplaudido, desde el francés Nicolas Sarkozy al australiano Kevin Rudd. Por si fuera poco, Obama consiguió transmitir esperanza, al asegurar que todavía hay tiempo para que China e India se suban al carro de la ecología.

Su éxito con países industrializados y los emergentes se plasmó, además, gráficamente, cuando se presentó a la foto de familia de los participantes en la cumbre y fue recibido entre espontáneos aplausos, una escena poco común en estos encuentros.

Obama, además, se salió con la suya en el aspecto económico, pues, a pesar del empeño de la alemana Angela Merkel por cerrar el grifo de las ayudas públicas extraordinarias contra la crisis, el G-8 acabó dejando manos libres a todos los países, como quería el líder demócrata.

El tercer tiro que le salió bien al presidente norteamericano fue el de su imagen de líder solidario. Se paseó por L’Aquila, devastada por un terremoto el 6 de abril, y dejó que su mujer Michelle repitiera el recorrido para dar más fuerza a su mensaje. Y prometió fondos para reparar varias obras de arte. Ninguno de los dos visitó a las personas refugiadas en tiendas de campaña –más de 20.000–. La pelota entró tras algún titubeo. Aun así, como buen aficionado al baloncesto, Obama sabe que es menos importante la belleza del tiro que llevarse los puntos. S.B.