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Pancho Villa cabalga otra vez en pueblo fronterizo de EEUU

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Decenas de jinetes mexicanos, algunos vestidos como bandidos y llevando sables en la mano, cruzaron a caballo la frontera con Estados Unidos para recordar un ataque realizado por Francisco "Pancho" Villa, que dejó a 18 estadounidenses muertos y este polvoriento pueblo fronterizo en ruinas.

Los jinetes cruzaron la frontera en una conmemoración anual del sangriento ataque de Villa, bandido convertido en revolucionario, en Columbus, Nuevo México, durante la Revolución Mexicana en marzo de 1916.

La recreación la organizan entusiastas de ambos lados de la frontera, y atrae a cientos de turistas y residentes que se reúnen para observar y hacer picnic.

Villa atacó el pueblo en represalia al apoyo del Gobierno de Estados Unidos a su rival, el líder del gobierno nacionalista Venustiano Carranza.

Sus pistoleros armados se metieron sigilosamente por las calles ocultos por la oscuridad, atacaron a la guarnición del Ejército estadounidense del lugar dejando a 10 soldados y ocho civiles muertos, e incendiaron las casas de adobe y madera de Columbus.

"Hoy venimos en son de paz, no tenemos armas", dijo Narciso Martínez, de 57 años, propietario de un rancho del estado mexicano de Durango, vestido como Villa con un salacot, un pañuelo en el cuello y espuelas, y blandiendo un sable sobre su cabeza.

"Venimos con un espíritu de amistad, amor y amor de Dios", añadió, momentos después de cruzar la frontera desde el arenoso pueblo de Palomas, México.

Los hombres de Villa saquearon tiendas, robaron metralletas y municiones al igual que caballos y mulas antes de huir hacia la frontera y refugiarse en el revolucionario México. Sesenta y siete de sus hombres murieron, de más de 500.

Indignado por el ataque, el Gobierno de Estados Unidos envió una expedición de 10.000 soldados en un fallido intento por capturar a Villa, que había dispersado a sus insurgentes y había desaparecido.

La preocupación por la violencia a lo largo de la frontera de Estados Unidos y México ha vuelto a surgir durante los últimos meses, mientras el Gobierno mexicano lucha por desbaratar cárteles de drogas que han dejado más 7.000 muertos desde el comienzo del año pasado.

Los jinetes que conmemoraban el asalto de Villa se encontraron en la frontera a tempranas horas del sábado con ayudantes de sheriffs del Condado Luna, y con decenas de jinetes estadounidenses, algunos vestidos como bandidos, otros como miembros de la caballería de Estados Unidos de la época.

Cabalgaron unos kilómetros arriba desde la frontera y se reunieron en un parque en Columbus, donde cientos de residentes locales y visitantes se mecían al ritmo de una banda de mariachis y hacían picnic bajo un sol brillante.

"La frontera es un lugar violento, pero esto nos une", dijo Francisco "Chito" Flores, un trabajador de construcción del pueblo que asistió para disfrutar del evento con su familia.

"Es nuestra forma de convertir la violencia en amistad", agregó.