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El panfleto viviente

Manuel Gerena alza su voz sencilla de cantaor protesta y niño yuntero

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Un niño que con 13 años está sindicado y milita secretamente en el PCE apenas alumbrada la década de los cincuenta es seguramente un niño que ha dejado pronto de serlo. Pero Manuel Gerena (Puebla de Cazalla, Sevilla, 1945), que lo recuerda con un asomo de nostalgia, parece querer seguir mirando al mundo con el mismo asombro de cuando era como el niño yuntero que inmortalizó Miguel Hernández: Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. 'Dejé el colegio a los nueve. Me tocó ir desde muy pequeño en las cuadrillas de mujeres y niños. Íbamos y volvíamos cada día a pie, ni bicicleta ni borriquillo, a un cortijo a diez kilómetros. Allí trabajábamos diez horas', cuenta Gerena, poeta y cantaor, figura emblemática del antifranquismo y voz social en permanente combate, que acaba de publicar un libro-disco, A contracorriente por la dignidad, dedicado cómo no a Miguel Hernández.

A los 13 años ya estaba en Sevilla, de electricista, el oficio de su padre, buscándose el pan. 'Lo que me movía a escribir era contar lo que veía en el trabajo, contar que en los cortijos a los que íbamos a poner la luz los gañanes dormían en los pajares, como animales', cuenta. Desde chico le gustó 'cantiñear' flamenco, así que ya adolescente empezó a ponerle voz a sus versos, que es donde de verdad se ha expresado: 'Escribo en cualquier momento, donde sea. Me vale un bolígrafo y una servilleta'. Como rimaría su amigo Alberti mucho después en Coplas para Manuel Gerena: 'Las coplas que de ti salen, te salgan como te salgan, valen'.

Se ilusiona con el 15-M, pero le apena que tantos currantes piquen en

Cantando aquí y allá, Gerena empieza a hacerse, ya en los 60, primero un nombre y luego, un mito popular. 'Antes de irme a la mili ya me habían prohibido cantar los gobernadores de toda Andalucía. Mis letras eran críticas con descaro, sin disimulo. Siempre me ha tocado escribir con sangre'. Fue seguramente el cantaor más vetado en el franquismo. El crítico de flamenco Manuel Bohórquez documenta su incesante paso por juzgados y comisarías en Manuel Gerena. La voz prohibida. 'Lo de Franco conmigo era personal', dice Gerena.

Su trayectoria no se ajusta ni a la horma del cante jondo ni a la de la canción protesta. Cantaor protesta, quizás. 'He puesto la nueva palabra al son del viejo cante', explica. Y la nueva palabra es lo social. Los setenta lo encumbraron. Discos como Cantando a la libertad y Alianza del pueblo nuevo se vendían como rosquillas. Su palabra elemental, directa del corazón, y su compromiso político se ganaron el respaldo de Pablo Neruda, Blas de Otero, Louis Aragon... Catalunya fue la tierra que mejor lo trató. 'Y no es que allí los gobernadores fueran menos franquistas, es que... Es otro país', dice. Gerena recuerda con cariño a Llach, a Raimon, a Vázquez Montalbán, que con tanta admiración y respeto escribió sobre él. 'En el 81 canté, y yo era el único que cantaba en castellano, en el Camp Nou ante 120.000 personas en defensa de la cultura catalana. Los periódicos decían 80.000, pero no. Era impresionante, y eso que había cantado ya ante 200.000 en el Festival de la Humanidad de París', cuenta.

Con 33 discos, ocho libros de poemas y más de 3.000 conciertos a sus espaldas, Gerena arrastra, para la bueno y para lo malo, la fama de haber puesto la lucha sociopolítica por delante de todo en su carrera. 'Hay quien maliciosamente dice que soy un panfletario', señala. 'Yo, cordialmente, les respondo: Soy un panfleto viviente por la justicia y la paz'', dice, ilusionado por un lado al ver a los jóvenes gritando su indignación en las calles y apenado por otro al comprobar que tantos intelectuales antes comprometidos y tantos currantes 'han mordido el anzuelo del consumismo y han caído en la trampa del capital'.