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El Papa condena la idolatría y dice que el amor al dinero es raíz de todo mal

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Benedicto XVI ofició hoy en París una misa ante más de 260.000 personas, en la que hizo un llamamiento al mundo para que "huya" de los ídolos, "que son -dijo- un señuelo que encadena al hombre al reino de las apariencias y lo alejan de la felicidad, de su verdadero fin, que es Dios".

El Pontífice denunció que la codicia insaciable es una idolatría, que el amor al dinero es "la raíz de todos los males" y que "el afán de tener, de poder e incluso de saber desvían al hombre de Dios".

En una mañana luminosa, Benedicto XVI se despidió de París, primera etapa de su viaje al santuario sureño de Lourdes, en los Pirineos franceses, con una misa en la explanada de los Inválidos, en el centro de la ciudad, "invadida" ya desde la noche del viernes por 60.000 jóvenes que participaron durante la noche en una vigilia de plegarias.

Desde primeras horas de la mañana ríos de gentes llenaron los Inválidos y zonas adyacentes, llegando a los 260.000 fieles, según datos facilitados por las autoridades locales.

Benedicto XVI recorrió el lugar a bordo del "papamovil", en medio de vivas, palmas, cantos y ondear de banderas.

Tras ser recibido por el cardenal de París, André Vingt-Trois, que llamó a los jóvenes "esperanza del cristianismo", Benedicto XVI ofició una misa cuya homilía dedicó a la búsqueda de la felicidad de Dios y a condenar la idolatría.

"No tengáis que ver con la idolatría", afirmó, citando al apóstol San Pablo, a la vez que subrayó que ese llamamiento "sigue siendo válido en la sociedad actual.

¿Acaso nuestro mundo contemporáneo no crea sus propios ídolos?, ¿No imita, tal vez sin saberlo, a los paganos de la antigüedad desviando al hombre de su verdadero fin de vivir para siempre con Dios", se preguntó el Obispo de Roma, que añadió que ídolo además de imagen, también significa "espectro, fantasma y vana apariencia".

"El ídolo es un señuelo, pues desvía al hombre de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia. Pero ¿no es ésta una tentación propia de nuestra época?", añadió el Papa, que agregó que la codicia insaciable es una idolatría, que por ella muchos se apartaron de la fe y que el amor al dinero es la raíz de todos los males.

El Papa Ratzinger agregó que la idolatría es "una falta grave, una escándalo, una peste" y que el dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber desvían al hombre de su verdadero fin, que es Dios.

El Papa teólogo volvió a subrayar que la razón no está en contradicción con la fe, pero advirtió que lo que "desencamina" al hombre de esa perspectiva es el culto a los ídolos, "y la razón misma puede fabricarlos".

El Papa también habló de como llegar a Dios y de nuevo echando mano de Pablo de Tarso invitó a los fieles a usar "no solamente la razón, sino sobre todo la fe para descubrirlo".

Benedicto XVI resaltó la importancia de la Eucaristía y dijo que celebrarla significa reconocer que sólo Dios puede dar al hombre la felicidad plena, los valores eternos que nunca declinan, "El nos enseña a huir de los ídolos, espejismo del pensamiento".

En una época como la actual, en la que avanza la secularización y hay falta de vocaciones religiosas, el Papa pidió a los jóvenes "y no tan jóvenes" que "no tengan miedo" a entregarse al servicio de Cristo.

Benedicto XVI distribuyó la comunión siguiendo el antiguo ritual, es decir entregándola en la boca al fiel arrodillado, uso que ha vuelto a recuperar con el objetivo de incrementar "la devoción y el misterio", según dijo recientemente el maestro de ceremonias del Vaticano, Guido Marini.

Antes de la misa, el Papa teólogo visitó el Instituto de Francia, institución que comprende cinco academias, entre ellas la de Ciencias Morales y Políticas, de la que es miembro desde 1992, cuando era el cardenal Joseph Ratzinger y sucedió al ruso premio Nobel de la Paz Andrei Sajarov, fallecido en 1989.