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El Papa unge a enfermos en Lourdes en su último día en Francia

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El Papa Benedicto XVI ungió y rezó por diez enfermos católicos el lunes durante su última misa en elsantuario de Lourdes, en el suroeste de Francia, cuyas aguas tienen la reputación de tener el poder de la curación milagrosa.

Los pacientes, en camillas con ruedas o en sillas de ruedas, muchos cobijados bajo las mantas para protegerse de la bruma de la mañana,se unieron a unos 30.000 fieles a las puertas de la basílica, construida junto a la gruta donde se dice que la Virgen María se apareció en 1858.

Aunque Lourdes es conocida por los 67 milagros que la Iglesia católica dice que han ocurrido allí, el Pontífice no los mencionó en su sermónde devoción a María. La unción de enfermos pretendía llevar curación espiritual, manifestó.

"Cristo no es un sanador a la manera del mundo", dijo el Papa de origen alemán durante la homilía. "La presencia de Cristo llega pararomper el aislamiento que induce el dolor. El hombre ya no tiene que llevar esta carga solo".

De los diez ungidos, Benedicto XVI se dirigió a ocho en francés, a otro en inglés y al último en alemán. Sólo tres de ellos estabansuficientemente bien para caminar sin ayuda y arrodillarse ante él mientras les aplicaba el óleo en la frente y manos.

Benedicto XVI debía regresar a Roma tras la misa, al finalizar la visita de cuatro días en la que incitó a un papel más destacado de la fe enla vida pública francesa y dijo a los obispos franceses que dejen más espacio en su iglesia para los tradicionalistas católicos.

Las misas y oraciones del Papa durante el viaje de cuatro días, con la ocasión de celebrar el 150 aniversario de la aparición de María,mostró detalles de un catolicismo más tradicional que ha hecho hincapié durante su papado.

En comparación con las misas celebradas por su predecesor Juan Pablo II, que visitó el lugar por última vez en 2004, hubo más oracionesen latín. También se usaron objetos de aspecto más antiguo, como cálices y candelabros, durante la liturgia.

Los obispos franceses fueron de los más críticos sobre el decreto emitido el año pasado por el Papa que permitía un uso más frecuente dela vieja misa tridentina, el rito en latín que se utilizó durante siglos y que es el preferido por los tradicionalistas de la Iglesia.

"Todo el mundo tiene un lugar en esta Iglesia", dijo en referencia a los que prefieren la misa en latín a la nueva liturgia en los distintosidiomas introducida tras el Concilio Vaticano II en 1965.

/Por Tom Heneghan/