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El paro quita el sueño a Zapatero

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Una vez contenida la inflación y aplicadas medidas paliativas urgentes contra la crisis financiera, el paro se ha convertido en el peor enemigo del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y en octubre ha alcanzado niveles no vistos en los últimos doce años, con la mayor subida de la historia.

En octubre, el paro registró 192.658 personas más que en septiembre, lo que eleva la cota de los desempleados a 2.818.026, la cifra más alta desde abril de 1996.

En los últimos doce meses, el número de parados ha aumentado un 37,56% y en lo que va de año el 32,33%.

Zapatero consideró el dato "objetivamente negativo" e insistió en el compromiso del gobierno para ayudar a los desempleados. El opositor Partido Popular ve la cifra como una "debacle".

El presidente del Gobierno compareció extraordinariamente en La Moncloa el lunes, un día antes de conocerse la mala noticia, para anunciar el cuarto bloque de medidas anticrisis, con ayudas para soportar las cargas hipotecarias y fomentar el empleo.

Cerca de medio millón de parados y autónomos en dificultades afligidos por la crisis podrán aplazar durante dos años el pago del 50% de sus cuotas mensuales hipotecarias, y también se bonificará a las empresas que contraten a parados con cargas familiares.

"El Gobierno -dijo Zapatero- tiene la capacidad, la fuerza y la determinación de que las familias con más dificultades tengan apoyo y ayuda".

Pero el vicepresidente Pero Solbes cree que estas ayudas han tocado techo. "Prácticamente hemos agotado nuestro margen de política discrecional", reconoció en Bruselas, aunque subrayó que "hemos hecho mucho".

Y esta declaración se produce en momentos en que los malos augurios no cesan, y una semana antes de la trascendental reunión del G20 en Washington, en la que se va a diseñar el nuevo marco económico mundial y a la que, tras mucho suspense, acudirá Zapatero, al cederle un puesto la presidencia francesa de la Unión Europea (UE).

El Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que la recesión en España será más aguda de lo previsto hasta ahora y el PIB se contraerá un 0,7% en 2009 por el empeoramiento de la economía global, mientras que hace un mes el pronóstico era del 0,2%.

Si las previsiones del FMI se cumplen, España registrará su peor año económico desde 1993, cuando se contrajo un 1,3% y el paro llegó al 22%.

La caída del mercado inmobiliario ha contribuido mucho a esta situación, pero España también padecerá por sus vínculos con los países emergentes, especialmente en Latinoamérica, que hasta ahora no ha sentido la crisis con toda su crudeza.

Para la Comisión Europea, la economía española ha entrado ya en una recesión que durará, al menos, hasta principios de 2009 y que tendrá un coste elevado en materia de empleo y déficit público.

Las otras grandes economías de la UE -Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido- también caerán este año en recesión técnica, pero en ninguna de ellas el coste en empleo será tan alto como en España.

Y menos mal que el Banco Central Europeo rebajó medio punto porcentual los tipos de interés, del 3,75 al 3,25%, lo que aliviará la carga hipotecaria de muchas familias españolas en los próximos meses, y el petróleo sigue bajando y se cotiza en los mercados en torno a los 60 dólares por barril.

La situación inestable se refleja en los datos empresariales.

Las eléctricas, como Endesa, que ganó 6.801 millones de euros por la venta de activos a E.ON, y Gas Natural, que obtuvo 804,6 millones de euros hasta septiembre, capean el temporal.

Pero la industria automovilística sufre en sus carnes la caída del consumo (un 40% menos de matriculaciones en octubre), y los EREs en el sector para reducir la producción son moda.

La petrolera hispano-argentina Repsol YPF se podrá quedar en Ecuador gracias a una negociación entre los gobiernos de Quito y Madrid, pese a que su salida del país había sido confirmada días antes por el presidente Rafael Correa.

La bolsa española, en consonancia con las europeas, acabó la semana plácidamente, después de las turbulencias de octubre. Subió el 2,5%, con un mercado más pendiente de aspectos técnicos que de la mala situación de algunos bancos europeos o el "efecto Obama".

Jesús María Alonso