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¿Qué pasaría si se abrieran las compuertas del canal de Panamá o el de Suez?

  

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Lo primero que debe señalarse es que ambos canales presentan dos situaciones muy distintas. El canal de Panamá une los océanos Atlántico y Pacífico. El canal cruza el istmo de Panamá, atravesando el lago Gatún, que se encuentra en la zona central de Panamá. Este lago está a mayor altura que los dos océanos mencionados y, por ello, los buques deben ser elevados, mediante un sistema de esclusas, para que pasen de un lado a otro. Este lago es de agua dulce, por lo que resulta una barrera infranqueable para las especies marinas. Es decir, actualmente, no hay intercambio de especies entre el Caribe y el Pacífico.

En el caso de que una gran obra de ingeniería lo propiciara, originaría un intercambio de especies entre ambos océanos que ya estuvieron unidos hace unos tres millones de años, antes de la formación del istmo de Panamá. De hecho hay muchas especies litorales muy similares a uno y otro lado, con un régimen de temperaturas muy parecido.

Algunas especies que se han expandido están convirtiendo las costas de Turquía y Grecia en desiertos

El caso del canal de Suez es muy diferente, pues el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo están realmente conectados y, de la misma manera que los barcos navegan sin necesidad de esclusas, las especies podrían hacerlo. De hecho ya hay en el Mediterrá-neo más de 300 especies originarias del Mar Rojo. Y esta migración, que ya es una realidad, está siendo un auténtico desastre para el Mediterráneo.

Un límite a esta migración es la escasa profundidad del canal, unos 14 metros, lo que dificulta que las especies que viven a mayor profundidad y sus larvas, que no viven cerca de la superficie, puedan migrar a través del canal. Otro límite: muchas especies del Mar Rojo tienen hábitos similares a los de especies mediterráneas y, por tanto, no encuentren fácilmente un lugar donde vivir porque ya está ocupado.

En el agua de lastre de un solo barco puede haber más de 350 especies diferentes

A pesar de estas limitaciones, entrelas especies que han emigrado hay algunas que se han expandido ampliamente en el Mediterráneo oriental. Algunas de ellas, como por ejemplo peces del género Siganus, son herbívoras y muy abundantes y se alimentan de algas, dejando completamente desnudas las rocas por donde pasan. Ello está convirtiendo muchos fondos de las costas de Turquía y Grecia en auténticos desiertos.

Sin las algas, los juveniles de peces y crustáceos no pueden guarecerse y desaparecen. Resultado: pasamos de un vergel a un desierto. Hagan lo mismo con cualquier bosque de nuestros montes y verán el resultado.

El problema, por otra parte, no sólo está en la migración de una especie de un lado a otro del canal de Panamá o de Suez. El problema son los barcos que circulan transportando en el agua de lastre o adheridos al casco cientos de larvas y propágulos de numerosas especies. En el agua de lastre de un solo barco puede haber más de 350 especies diferentes. Este agua de lastre es la conexión real entre las dos vertientes de estos canales, sin necesidad de obras de ingeniería. Es decir, la pregunta inicial ya es casi una realidad.

El agua de lastre, al ser evacuada en el trayecto de los buques, va introduciendo numerosas especies que van modificando con mayor o menor velocidad nuestros ecosistemas. En las islas Balears, sin ir más lejos, varias especies de algas originarias del Pacífico e Índico ya recubren ampliamente sus fondos.

En las costas atlánticas europeas hay especies de sargazos originarios de Japón que cubren también amplias zonas. En el mar Negro hay un pequeño ctenóforo, organismo planctónico parecido a una medusa y originario de América, que devora los huevos y larvas de sardinas y otros peces, provocando un descenso en la pesca hasta una quinta parte de lo habitual.

La lista es interminable y en muchos casos ocasiona pérdidas muy importantes en la pesca. No es un tema trivial, más bien todo lo contrario.