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Un pasito 'palante' en La Habana

Si el bloqueo se va desvaneciendo y en cinco años exporta petróleo, la isla que Fidel convirtió en una nación puede ser otro país

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Raúl ha sacado de su Gobierno a dos colaboradores de Fidel que le acompañaron durante los cinco años de su último mandato presidencial: Carlos Lage, que era como un primer ministro encargado de la gestión del Gobierno, y Felipe Pérez Roque, que actuaba como portavoz de la política internacional, la pasión del comandante.

Ha nombrado a un general y a un coronel para dirigir Economía y coordinar el Consejo de Ministros, y a dos mujeres, procedentes del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista, en los ministerios estratégicos de Alimentación y Finanzas.

Aparta a fidelistas aparentemente insustituibles, aumenta la presencia en el Gobierno de sus militares de confianza y recuerda que el único heredero del comandante es el PCC. Falta sólo mes y medio para la Cumbre de las Américas a la que Barack Obama debería llegar dando los primeros pasos para levantar el bloqueo, como le ha exigido América Latina después de acoger a Cuba en el Grupo de Río.

Parece que el Congreso de Estados Unidos camina en esa dirección y se podría interpretar que el nuevo gobierno de Raúl es una demostración de que se va desprendiendo de la custodia de Fidel. ¿Un gesto en Washington y pasito palante en La Habana? Si es así, lo que ahora se podría esperar es un paquete de reformas para la próxima sesión de la Asamblea Nacional y el anuncio de cuándo se realizará el Congreso del PCC.

Cuba ya ha entrado en el proceso de integración de una nueva América Latina (equilibrando las vinculaciones con Venezuela y Brasil), desarrolla acuerdos fundamentales con China y Rusia, y normaliza sus relaciones con la Unión Europea. Si el bloqueo se va desvaneciendo y en cinco años exporta petróleo, la isla que Fidel convirtió en una nación puede ser otro país. Pero no es suficiente con un cambio de nombres. Es urgente cambiar las políticas para no amargarle la vida a los cubanos si todavía se considera la posibilidad de que la democratización del socialismo sea la garantía de la soberanía nacional.