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Patillas y pitillos

Este jueves arranca el Festival Internacional de Benicàssim, donde moda y música van de la mano: cuatro días para ver a las estrellas pero también para ser visto

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La moda ya no es patrimonio de las pasarelas. Desde lugares que antes le eran ajenos, las tendencias cambian de escenario para reagruparse en torno a los festivales de música, germen y motor de los estilos de las tribus urbanas, donde crece y se reproducen los estilos contemporáneos de forma espontánea. España ha dejado de ser el patito feo de esta industria gracias, en parte, al alto rendimiento económico que produce la juerga y el cachondeo. De hecho, somos una de las primeras potencias en cuestión de estilos suburbanos derivados de música.

El próximo jueves 16 de julio, abre sus puertas la nueva edición del Festival Internacional de Benicàssim (FIB), cuna de la vanguardia de la música indie, centro neurálgico del verano festivalero y manifestación rebelde de la moda actual. La tradición que arrastra el FIB -que celebra su decimoquinta edición con The Killers, Franz Ferdinand, Oasis y Kings of Leon como cabezas de cartel- ha conseguido acuñar un término propio para definir a su público, los fibers. Atraídos por una fórmula magistral que combina sol, playa, música y alcohol, el estilo de los fibers no es ecléctico, sino 'eléctrico y burbujeante', según declara Sofía Clarí, responsable del apartado de moda del festival.

Una afirmación que justifica el ambiente multicultural que se respira en la áridas laderas de Benicàssim, sobre todo desde que el FIB es codirigido por los organizadores del mítico Glastonbury: 'Ahora hay mucha influencia británica en el vestuario por el gran número de ingleses que vienen, pero también están mezclados con alemanes, españoles, franceses... Cada vez el público se lo curra más, hay grandes dosis de estética pop e indie, que es la base del festival. Año tras año, la gente tiende más a hacerse disfraces en los que invierten semanas de trabajo'.

Los festivales -y más aún el FIB- ya no son sólo un sitio para ver. Son, sobre todo, un paraíso masificado en el que dejarse ver entre más de 50.000 personas. A falta de grandes ideas, las mejores pistas de estilo para ir a los conciertos no se encuentren en las consabidas revistas de moda: más bien, hay que poner el ojo en los artistas preferidos por cada uno. 'Hace tiempo que las estrellas musicales influyen en la moda. La gente adapta sus estilismos a las temperaturas y características del FIB, porque la presencia dandi de Paul Weller y el glam The Killers son la bomba. Pero te puedes freír al calor o sacarle un ojo a alguien si estás bailando en medio de la explanada del Escenario Verde', aclara Clarí.
Desde que Pete Doherty pusiera su pie en el FIB, prolifera el manido y desfasado look de yonqui lampiño y sudoroso pero con estilo, a pesar de haber protagonizado una de las instantáneas más vanagloriadas con su ex novia Kate Moss cubiertos de barro hasta las cejas en el mencionado Glastonbury hace ya algunos años.

'Los looks de los fibers no varían demasiado según el cabeza de cartel de cada día porque el festival ya tiene una estética demasiado definida. Tan sólo en conciertos de grupos para los que su imagen es fundamental, como The Cure y sus fans siniestros, o Fangoria y sus seguidores electroclash, se percibe un fuerte cambio en el público', subraya Clarí.

Los responsables del FIB saben mejor que nadie de marabuntas musicales y fusiones estéticas, y de ahí que desde hace años hayan apostado por su propia pasarela, la Mustang Fashion Weekend, por donde han pasado nombres tan relevantes de la moda española como Carlos Díez y David Delfín. 'Hay mucho público del festival que se interesa por la moda, aunque algunos no saben muy bien ni cómo ni por qué han terminado viendo los desfiles', explica Clarí, para quien esta confluencia de amantes de la moda y despistados ocasionales no tiene más que beneficios.

'Este tipo de eventos multitudinarios como el FIB, con actividades extra musicales, logran relacionar personas neófitas en una materia con disciplinas creativas que en principio les son ajenas. Y, al mismo tiempo, introduces a profesionales de la moda en un mundo menos elitista e inalcanzable como un festival', reconoce.Más allá de destinos musicales y vacacionales, los festivales de verano se han erigido como auténticos generadores de tendencias tanto dentro de los escenarios como en las propias pistas de baile. Cualquiera puede tener hoy su punto de referencia estético. De hecho, hay un abismo -no sólo musical- entre las propuestas de cada género, como el techno, el indie, el rock y el pop.

La variedad va desde el muy bakala y poligonero Creamfields de El Ejido (Almería) al más sofisticado Contempopranea, de Alburquerque (Badajoz), cuyo público, según Agustín Fuentes, promotor del festival, 'suele vestir con un estilo popero muy retro, de los años sesenta, sobre todo entre las chicas'.

Para Fuentes, 'todos son muy coquetos', porque el público masculino también apuesta por el vaquero de pitillo, las zapatillas, las camisetas y mucha gafa de pasta negra, a lo Woody Allen. 'En definitiva, un estilo muy marcado pero al mismo tiempo también variado, muy cercano a las últimas tendencias del underground británico', explica el promotor de Contempopranea.

La tónica general de algunos de estos eventos suele ser, tal y como comenta Eugenio González, responsable de La Mar de Músicas -festival de Cartagena (Murcia) dedicado a las músicas del mundo-, la hibridación y el mestizaje: 'El público que viene aquí es muy heterodoxo. No tiene un estilo muy definido como puede ser el rockero, el poppy, el heavy... Nuestro estilo es más ecléctico, con una tónica más cercana a lo hippie, pero sin llegar definirse del todo'.

Hedi Slimane, el mismo gurú de la moda que puso patas arriba la estética musical vistiendo a grupos como Rolling Stone y Sonic Youth, fue uno de los primeros que percibieron este cambio. Tanto, que en la pasada edición del FIB realizó una amplia sesión de fotos, recogida en su libro Rock Diary. El milagro de la democratización de la moda no se ha obrado ni sobre las pasarelas ni las supermodelos. Las tendencias más radicales las dictan hoy el público de los festivales, de forma anónima, enseñando el adorno que les saque del anonimato.

Indies: sombreros, chapas y gafas de pasta

También conocidos como pijos alternativos, su look es fácilmente reconocible: Converse All Star o Adidas Vintage en los pies, pantalones vaqueros más bien ceñidos y perfectamente raídos, camisetas de grupos musicales de culto (si son británicos, suma puntos) o polos de Fred Perry o Lacoste, gafas de pasta, chapas repartidas por toda la anatomía y pelos desaliñados al milímetro, que pueden ir con sombrero. Los podrán ver sobresaliendo entre la masa en Benicàssim (16 al 19 de julio) o en el más sibarita Contemporánea (24 y 25 de julio en Alburquerque). 

Electrónica bakalaera: no sin mi chándal

Uno de los grandes logros del ‘bakalao’ ha sido introducir la ropa deportiva en la pista de baile. Si piensas ir a Monegros (el 18 de julio), al Creamfields (el 15 de agosto en El Ejido) o al Electrosónico (21 y 22 de agosto en Burgos), pasa de vaqueros, camisas y zapatos, y mete en la mochila un buen ‘pack’ de chándales, zapatillas con apliques fosforescentes y camisetas con grandes logos de Adidas, Nike y Umbro. Las chicas, bien prietas y recauchutadas, son casi las únicas que han sabido combinar la ropa de noche con la deportiva. 

Chupas y greñas, aliados de los heavys

Rock en estado puro, sin coartadas modernas, también tiene sus festivales: Caslarock y Carabaña rock (18 de julio en Segovia y Madrid). Litrona en mano, greñas al viento, chupa de cuero negro cuarteada, camiseta desvencijada, vaqueros tan pegados que casi son una segunda piel y tachuelas, muchas tachuelas. Las chicas, adaptan el mismo ‘look’ que los mozos y suman vestidos de los años cincuenta y llamativos colores y estampados. Nada de refinamientos; como mucho, algún que otro homenaje a Elvis, pero poco más. 

Aviso para hippies: las rastas son un plus

Las tendencias multiculturales, alternativas y el mestizaje neohippie también cuentan con sus propios festivales: Fatetar Folk (24 de julio, en Cádiz) o La Mar de Músicas (Cartagena). La estética ‘flower power’ campa a sus anchas por eventos dedicados a las músicas del mundo, new wave, folk y demás estilos para bailar con buen rollo. Algodón orgánico por arriba y por abajo, prendas amplias con un toque étnico, sandalias de cuero de tiras cruzadas (de ahí los pies negros), collares de cuentas y demás abalorios de origen africano. Las rastas, claro, son un plus.