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Un pausado paseo por Cimadevilla

Desde la Plaza Mayor hasta una de sus típicas sidrerías, este popular barrio de Gijón, con vistas al mar, es el auténtico corazón de la ciudad.

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Que el concejo de Gijón es uno de los que más lagares tiene de Asturias se nota, sobre todo, en determinadas zonas de la ciudad. Pero si en algún lugar abundan los chigres, que es el nombre con el que se denomina aquí a las sidrerías, es en el barrio de Cimadevilla, donde cualquier ruta debe rematarse en una de ellas.

Abandonado durante un tiempo, ahora este barrio medieval goza de ser uno los lugares más recomendables de Gijón. Su pasado se refleja en los edificios que se arremolinan en su entramado urbano, los más señeros de la ciudad, como el palacio de Revillagigedo; y sus plazas y calles desvelan historias de pescadores, cigarreras, militares y artesanos que aquí nacieron, vivieron y trabajaron. El barrio, que constituye el auténtico corazón gijonés, es el germen de la ciudad, y, como buen barrio de pescadores, el mar está siempre visible desde él.

La visita puede iniciarse en el espacio ajardinado de Campo Valdés, en cuyo subsuelo se encuentran las termas romanas, herencia del pasado gijonés, como también los visibles restos de su muralla, en el camino por el barrio hay un buen número de lugares imprescindibles que no hay que perderse:

Casa-museo de Jovellanos
En sus salas, además de recuerdos jovellanistas, se guardan importantes muestras de la pintura asturiana de los siglos XIX y XX, esculturas contemporáneas y se organizan diversas exposiciones de carácter temporal a lo largo del año. Destaca, en la segunda planta, el Retablo del Mar, obra del escultor ovetense Sebastián Miranda, donde se ensalza la tradición pesquera y marinera de Cimadevilla. En la misma plaza también se encuentra el antiguo Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, cuyo promotor fue el más insigne de los gijoneses, el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos.

Torre del Reloj
Esta antigua cárcel constituye ahora un excelente mirador de la ciudad y también un museo sobre la historia de Gijón. La torre, iniciada en el siglo XVI, estaba dispuesta sobre un antiguo baluarte defensivo de la ciudad que aprovechaba la privilegiada situación de Cimadevilla, lo que da una idea de las magníficas vistas que proporciona.

Campu les Monxes
El Campo de las Monjas es en realidad la plaza de Arturo Arias y el edificio que la preside fue convento y más tarde Fábrica de Tabacos. Los pescadores, las rederas trabajando al sol, las cigarreras y las mujeres de antaño que por ella transitaban han dado paso a multitud de jóvenes que se reúnen los fines de semana y días de verano, a disfrutar del sol, la sidra y de la charla al aire libre.

Cerro de Santa Catalina
Desde él se disfruta una de las mejores estampas de Gijón, puesto que domina la playa de San Lorenzo a un lado y, al otro, el puerto deportivo. Coronando el cerro y asomado el mar se encuentra el símbolo de la ciudad: el Elogio del Horizonte, la escultura-monumento de Eduardo Chillida que simboliza la despedida al emigrante y el abrazo a los que regresan. En su interior, con una acústica especial, se puede gozar de la fuerte brisa del Cantábrico.

Palacio de Revillagigedo
En la plaza del Marqués, escoltado por el monumento a Don Pelayo, el palacio sorprende por su expresividad barroca. Levantado en el siglo XVIII, hoy es sede del Centro Internacional de Arte Moderno. Adosado a él, la colegiata de San Juan, utilizada ahora para conciertos por su excelente acústica. Enfrente, el antiguo fondeadero es hoy puerto deportivo.

Además de estos cuatro hay otras paradas ineludibles, como la sobria y cúbica Casa de Nava -otro de los palacios nobiliarios de Cimavilla-, las casas típicas de la calle del Rosario, la plaza de La Corrada, la capilla de La Soledad -antigua sede del Gremio de Mareantes-, la vista sobre el extenso brazo de tierra que sale al mar, el llamado cabo de Torres o Campa de Torres -un parque arqueológico de gran interés que alberga uno de los mayores castros de Asturias- la antigua rula y la plaza del Marqués. El resto de Gijón parece extenderse a los pies de Cimavilla, llamando a continuar el paseo por sus calles y seguir descubriendo los magníficos rincones que la ciudad esconde.


Turismo de Gijón