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Payasos en pie de guerra

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‘Balada triste de trompeta'

 EN SÍNTESIS

Javier tiene a su padre, de oficio payaso, encarcelado en el Valle de los Caídos. 'Sólo podrás ser un payaso triste', le augura éste. Ya de adulto, en la España de los setenta, Javier encuentra trabajo en un circo como contrincante del payaso alegre, el violento Sergio. La rivalidad salta fuera de la pista cuando Javier se enamora de la trapecista Natalia, novia de Sergio. 

COMENTARIO

Sancionada por el maestro Quentin Tarantino con el premio al mejor director y al mejor guión en Venecia, cuyo jurado presidía, ‘Balada triste de trompeta' es un compendio de gran presupuesto de la filmografía de Álex de la Iglesia, donde aparecen amplificados los defectos y virtudes de sus obras. Como en ‘Muertos de risa', enfrenta un par de cómicos capaces de odiar(se) profunda y largamente. Como en ‘El día de la bestia', se reserva un clímax final de altura de ciertos clásicos norteamericanos. Como en ‘Acción mutante', lo único definido con detalle de la protagonista femenina son sus curvas: Natalia bascula entre el arquetipo de la ‘femme fatale' y el de la ‘scream queen' salpicada constantemente de sangre. Como en ‘La comunidad', parte del protagonismo es coral. Como en ‘800 balas', existe esa ambivalente fascinación por la violencia testosterónica desatada como motor del drama...

En su película más ambiciosa, De la Iglesia pretende enlazar con una tradición artística del retrato de la España negra que va de Goya (inevitable pensar en ‘Duelo a garrotazos') a Berlanga-Azcona pasando por Valle-Inclán. ‘Balada triste de trompeta' se sitúa en las antípodas del cine naturalista sobre la convulsa historia de España del siglo XX: el país se refleja desde un espejo deformado en el que todos los gestos se tornan muecas, los hombres se vuelven bestias y las ideologías, mera sed de venganza. Hipertrofiada y excesiva, contiene ideas brillantes, pero derrapa a menudo y se sale del adecuado tono tragicómico para caer en la payasada facilona, al tiempo que no sabe transmitir el aliento trágico del payaso enamorado pero no correspondido que sirve de excusa argumental.

EL MÁS DIFÍCIL TODAVÍA

Tras la escena culminante de ‘El día de la bestia' en el emblemático anuncio luminoso de Schweppes de la Gran Vía madrileña, De la Iglesia consigue el más difícil todavía en ‘Balada triste de trompeta'. La mastodóntica cruz del Valle de los Caídos se convierte en el pesadillesco escenario de un vertiginoso final que es el equivalente español de la secuencia en el monte Rushmore de ‘Con la muerte en los talones' de Hitchcock. Al menos, alguien le ha encontrado una utilidad expresiva al monumento fascista.

 LA 'TROUPE DE ALEX'

 El trío protagonista de ‘Balada triste de trompeta' es tan irregular como la película: Antonio de la Torre, como Sergio, sirve una espléndida actuación que huele a Goya, el gran Carlos Areces, Javier, se muestra dubitativo entre hacer de sí mismo o interpretar un papel y Carolina Bang, bueno, se esfuerza. Entre el plantel de secundarios, habituales del cine de De la Iglesia (Santiago Segura, Sancho Gracia y el indispensable Manuel Tallafé). Atención a la aparición virtual de Raphael, cantando el tema que da título a la película, extraído de su film ‘Sin un adiós' (1970).

FIHCA TÉCNICA

Director: álex de la iglesia
Género: comedia
Reparto: Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang
Duración: 107 minutos