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El periódico de la masa enfurecida

El 'NOTW' se despide con una defensa orgullosa de su estilo

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Cuentan que hace muchos años un reportero del News of the World se presentó en un domicilio particular. Se identificó como miembro del periódico y la mujer que abrió la puerta preguntó si tenía alguna documentación que lo demostrara. “Pero, señora, ya lo he admitido”.

Husmear en los secretos de alcoba de los poderosos, pagar altas sumas de dinero para publicar adulterios y aventuras con prostitutas, rentabilizar en definitiva todas las variantes posibles en las historias de sexo y crimen han sido las señas de identidad del periódico a lo largo de su centenaria historia. En la lógica de ese reportero, ¿quién iba a sufrir la afrenta de identificarse al servicio de esa maquinaria de sabuesos implacables si no fuera en realidad uno de sus esforzados sirvientes?

Con el mismo descaro y orgullo, los 200 trabajadores de la redacción del NOTW se despidieron ayer de sus siete millones de lectores – la audiencia calculada en un periódico que vendía unos 2.600.000 ejemplares cada domingo– con su último número.

La tirada se dobló a cinco millones de copias, que en su mayoría volaron de las tiendas con inusitada rapidez.

“En pocas palabras, perdimos el rumbo”, decía su editorial de la página 3 al referirse al escándalo de las escuchas de teléfonos móviles que han provocado el fin del tabloide. “No hay justificación para esta horrible conducta”.

El mea culpa sólo ocupa unos pocos párrafos, porque la mayor parte del texto está dedicada a glosar el historial del periódico, comenzado nada menos que con una cita de un texto de George Orwell en 1946: una escena de un domingo por la tarde cuando un británico cualquiera, mientras sus hijos están dando un paseo y la mujer se ha quedado dormida en el sofá, se pone las gafas y disfruta del placer de leer el NOTW.

“Cubrimos la muerte de la reina Victoria, el hundimiento del Titanic, dos guerras mundiales, la victoria del Mundial de 1966, el primer hombre en la Luna, la muerte de Diana…, la lista sigue y sigue”, escriben orgullosos.

Las necrológicas que los periodistas escriben sobre sí mismos no suelen indagar en las hazañas menos gloriosas. El editorial destaca la campaña con la que convencieron al Gobierno para que los británicos tuvieran derecho a saber si un pedófilo convicto se había trasladado a vivir a su barrio.

La iniciativa se originó tras la muerte de la niña Sarah Payne, de ocho años, en julio de 2000, asesinada por una persona condenado antes por abusos a menores. Su madre escribió ayer en el periódico para recordar esos terribles momentos y agradecer el apoyo que recibió del NOTW.

'En pocas palabras, perdimos el rumbo', dice el último editorial de NOTW

Pero el periódico no cuenta que la campaña desató un estado de histeria que hizo que varias personas fueran agredidas sin motivo, y que entre ellas por ejemplo estuviera un pediatra. Cuando la masa enfurecida se tomaba la justicia por su mano, el tabloide no mostraba mucho interés en denunciarlo.

El escándalo ha acompañado al dominical en toda su historia. Ya en la época de Murdoch no había ningún periódico que pudiera pagar tanto dinero por las exclusivas. Pero desde siempre la falta de escrúpulos fue una de sus divisas. En 1949, publicó en entregas las memorias del asesino múltiple John George Haigh, más conocido como el asesino del baño de ácido (así se deshizo de sus nueve víctimas), escrita de su puño y letra mientras estaba en prisión. El periódico le pagó costeando la minuta de su abogado.

Lo suyo no era el servicio público, pero no se puede negar que ofrecía a sus lectores de clase trabajadora la oportunidad de enterarse de la hipocresía de los políticos y de los vicios de la aparentemente impoluta clase alta. Según el historiador Dominic Sandbrook, eso hizo que la sociedad británica fuera “más populista y más democrática”. O quizá sólo servía de válvula de escape para soportar las penurias del resto de la semana.

Lo que es indudable es que los políticos que engañen a su mujer con la secretaria dormirán ahora más tranquilos. Ya no se descubrirán en un titular completado con el terrible mensaje: “Ver páginas 2, 3, 4, 5, 6 & 7”.