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"El periodismo puede contribuir a un mundo más justo"

José Antonio Guardiola. Periodista. El director de ‘En portada’ estrenó la semana pasada el programa ‘El ojo en la noticia’, un espacio dedicado a los reporteros

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José Antonio Guardiola lleva media vida en TVE mostrando lo que sucede en el mundo. A través de él y sus reportajes hemos conocido la guerra de Afganistán, el conflicto de los Balcanes o el genocidio de Ruanda. Desde 2009 es director del espacio de reportajes de política internacional En portada. Ahora, emprende un nuevo reto: la dirección de El ojo en la noticia, un espacio donde seis reporteros gráficos relatan en primera persona cómo han vivido las noticias que marcaron el futuro del mundo, como la caída del muro de Berlín, la cumbre que mantuvieron Ronald Reagan, Mijaíl Gorbachov en 1986 o la matanza de Tiananmen.

Dice la teoría que el periodista nunca es noticia. ¿Llegó la hora de romper esta idea con El ojo en la noticia'?

El programa corresponde a una deuda que teníamos con grandes reporteros de TVE. El mundo actual tiene una historia muy visual. Cualquier acontecimiento histórico es reproducido en nuestra mente con una imagen. Y esa imagen tiene un autor. Con este programa queremos poner voz y cara a esa gente que supo estar en el sitio oportuno en el momento adecuado y narrarlo.

¿Qué claves se sigue para conseguir estar 'en el momento adecuado' en un conflicto internacional?

Hay mucho de olfato. Pero decir que es sólo olfato o instinto sería empobrecer el trabajo del reportero. Hay muchas horas de estudio, de hablar con mucha gente, de saber orientarte y, obviamente, también hay un punto de suerte. Hay veces que estás a 10 metros de la noticia pero no has podido verla o grabarla.

¿Recuerda alguna ocasión en la que haya estado tan cerca y haya perdido la noticia?

Estaba en Afganistán con José Manuel Frean (cámara de TVE) persiguiendo' a Bin Laden en las montañas de Tora Bora junto con soldados muyahidines. De repente, aviones norteamericanos comenzaron a bombardear la zona, los guerrilleros de Al Qaeda disparaban a nuestras posiciones y los muyahidines devolvían los disparos. Yo quería grabar una entradilla en la que se viera disparar a los muyahidines. Frean me decía que estaba a contraluz y que era imposible porque no se iba a ver nada y nos pusimos a discutir a gritos. Entonces, un muyahidín se acercó y nos miró con cara de a ver si os calláis que la guerra la hacemos nosotros'.

En esa aventura afgana usted llegó a entrar en la casa de Osama Bin Laden.

Era 2001 y no había ningún poder en el país. Los talibanes habían huido y aun no habían llegado ni los americanos, ni los españoles, ni nadie. Un día alguien nos comentó donde vivía Bin Laden antes de empezar la guerra y fuimos. Estaba completamente vacía y había muchas cosas por el suelo: algún Corán, disquetes... Era una casa aparentemente sucia, no había lujos ni comodidad. Vivía en unas condiciones muy similares a las que tenía en Pakistán cuando le mataron.

¿Es la televisión el mejor medio para contar los conflictos internacionales?

Para mi la televisión es el medio total. El ojo en la noticia es una reivindicación de la narración con imágenes. La televisión está perdiendo en gran medida la fuerza de la narración audiovisual, que es la clave de la televisión por encima de los directos y de todo lo demás. Por ello, si se utilizan bien todos los recursos el resultado es insuperable.

Cómo director de En portada', ¿qué pautas sigue a la hora de encargar o seleccionar los reportajes?

Conforme van pasando los años ves que a las guerras sigue yendo mucha gente. La cobertura que el espectador necesita de un conflicto como el de Libia, por ejemplo, la tiene. Ahora bien, me parece fundamental el papel del reportero de posguerra. En sitios como ahora en Libia se está demostrando que se están violando derechos humanos. Los periodistas también están para poner en su sitio a los que han cometido violaciones de los derechos humanos después de que el país haya estado en el centro de atención.

¿Y cuando las condenas no llegan? ¿Alguna vez se cuestionó si tenía sentido jugarse la vida?

Uno de los momentos más duros fue la muerte de Julio Fuentes (Afganistán, 2001). Ahí me planteé si merece la pena o no, pero la respuesta fue que sí porque aunque pase mucho tiempo para ello ves que dictadores como Pinochet o Milosevic han caído y han sido juzgados. Al fin y al cabo, la labor que puede dejar el periodismo para el futuro es haber contribuido para un mundo más justo.

Y cuando regresa de una guerra, ¿puede readaptarse a la realidad?

Todas las vivencias van dejando un poso, como el café. Yo me adapto rápidamente al país donde voy pero me adapto más rápido aun al país de donde soy. Y eso contribuye mucho a que el poso no llene la taza. Si vuelves amargado y dándole vueltas a lo vivido el poso enseguida se llena la taza. Ha habido compañeros que en situaciones complicadas han tenido que dejarlo o reorientar su carrera.