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Un periodista contra el racismo

Günter Wallraff abre un debate sobre la diferencias en Alemania recorriendo el país con un disfraz de refugiado somalí

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El periodista Günter Wallraff ha abierto un debate sobre el racismo en Alemania con un libro y un documental en los que plasma sus experiencias recorriendo el país con un disfraz de refugiado somalí. A sus 67 años, Wallraff escribe un nuevo capítulo del periodismo undercover que le hizo famoso en el mundo cuando trabajó en una fábrica disfrazado de turco para denunciar la explotación laboral. El resultado fue la publicación en 1985 del libro Cabeza de turco. Wallraff repitió el experimento disfrazado de iraní en Japón, o colándose en la redacción de Bild para desenmascarar las prácticas periodísticas más deleznables.

'Toda sociedad se puede medir por su reacción a los extranjeros', dice Wallraff en el documental mientras le maquillan, una frase que también recoge al principio del libro, titulado Aus der schönen neuen Welt. Expeditionen ins Landesinnere (Bonito nuevo mundo. Expediciones al interior del país). El autor recorre el país de arriba abajo y se mete en situaciones de peligro, como cuando pregunta a unos hinchas de fútbol qué significa la palabra 'Lonsdale' en sus camisetas, para ponerse a departir luego con unos cabezas rapadas borrachos en un tren después del partido. 'No soy un actor que interpreta un papel predefinido. Trabajo de una forma muy espontánea y apuesto por la casualidad', explicó un Wallraff que se define como 'más bien tímido'.

'No había esperado encontrar tantos prejuicios. Están muy arraigados'

El esfuerzo físico ha sido mínimo en este nuevo papel, sobre todo comparado con el de el turco Alí, que supuso dos años de trabajo en una fábrica. 'Ese papel me dejó hecho polvo, melancólico y deprimido. Meses después, soñaba que seguía en su piel', recuerda.

El nuevo proyecto suscita muchos comentarios, no todos positivos. Muchos negros se sienten retrotraídos a los años veinte, cuando blancos de EEUU se disfrazaban de negros para hacer reír al público. La escritora afroalemana Noah Sow criticó en la televisión ARD que Wallraff 'imita como un mono a minorías reprimidas y cosecha dinero, atención e incluso respeto'. Para muchos, su tupida peluca y su camisa afro caricaturizan a los negros.

Los críticos del periodista le consideran como un «Borat malo»

El éxito de Wallraff es un pequeño milagro, ya que sus últimas iniciativas undercover habían pasado sin pena ni gloria. Hace dos años escribió un reportaje sobre las prácticas engañosas de los call centers. También en esa ocasión se llevó una cámara para registrar cómo los trabajadores son entrenados para tomar el pelo a la gente por teléfono. La repercusión fue anecdótica.

Sus métodos pueden considerarse tramposos, porque a veces se comporta de manera extraña para provocar reacciones de ciudadanos anónimos. Los críticos de Wallraff le consideran 'un Borat malo'. Pero de sesgado no se le puede acusar. En el documental, titulado Negro sobre blanco. Un viaje por Alemania, recoge también reacciones positivas. Incluye una escena en la que va a comprar un reloj de 15.000 euros. En una joyería de Cottbus, deprimida ciudad del este, la vendedora le tiene miedo y no le deja sostener en la mano el objeto. Pero a la de una tienda similar en Düsseldorf no se la puede acusar de racista. Su actitud hacia el somalí es como máximo de una condescendencia maliciosa.

En cualquier caso, el polémico periodista Günter Wallraff no se ahorra su personal conclusión final: 'No había esperado encontrar prejuicios a esta escala. He podido comprobar que están profundamente arraigados, tanto en el este como en el oeste del país'.