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Las peripecias de los primeros españoles emigrados a Nueva York, en una muestra

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Una completa exposición fotográfica narrará, a partir de la próxima semana en Nueva York, las peripecias de los españoles que se asentaron en la Gran Manzana a principios del siglo XX y que acabaron por echar raíces en la ciudad.

"Es una selección de fotografías de los obreros y jornaleros españoles que llegaron a Nueva York en busca de trabajo y un futuro mejor para sus hijos", explicó a Efe el catedrático James Fernández, experto en Literatura Española de la Universidad de Nueva York y comisario de una muestra, que abre sus puertas el 17 de septiembre.

Con el título de "La colonia: Inmigrantes españoles en Nueva York 1898-1945", la exposición está compuesta por 60 fotografías sacadas de los archivos familiares de los emigrantes españoles que hace un siglo se instalaron en la Gran Manzana con la idea de regresar algún día a su patria y que sin embargo en su mayoría decidieron quedarse tras la Guerra Civil.

"La posguerra cerró la puerta del regreso para muchos de ellos, quienes habían pensado en emigrar, progresar y regresar. Eran en su mayoría indianos en potencia, pero acabaron por quedarse indefinidamente aquí", explicó Fernández, descendiente de unos españoles que acabaron por llamar "hogar" a esta ciudad.

La muestra, que acogerá hasta el 17 de diciembre el Centro Rey Juan Carlos I de la Universidad de Nueva York, repasa así casi medio siglo de la presencia de la colonia española en la ciudad de los rascacielos, enmarcada entre la pérdida de Cuba hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

"El momento en el que la presencia española fue mayor fue en los años 20 y 30. Se calcula que hacia 1930 había entre 25.000 y 30.000 españoles residiendo en Nueva York", explicó Fernández, quien detalla que la mayoría de los españoles llegados a Nueva York eran "obreros y jornaleros de la cornisa cantábrica".

Muchos, según el catedrático, llegaron para trabajar en los muelles de Manhattan y Brooklyn, otros acabaron en la Gran Manzana tras pasar por La Habana y Tampa (Florida) y trabajar el tabaco, al tiempo que algunos llegaron directamente desde España "en busca de trabajo y sabiendo que había una comunidad en la que integrarse".

"Funcionaba como cualquier otra inmigración. Los españoles se asociaron y crearon instituciones de carácter social para ayudarse mutuamente", indicó Fernández.

Los españoles se asentaron alrededor del Puente de Manhattan en el Lower East Side, en la zona de la calle 14 de Manhattan -que se llegó a conocer como "Little Spain" (Pequeña España)-, en el Spanish Harlem y en Washington Heights, además de en las cercanías de los puertos de Brooklyn, en las áreas de Red Hook y Brooklyn Heights.

Su paso por todos esos lugares queda documentado en las fotografías que componen la exposición y que están "llenas de historias llamativas de éxito y de otras de éxito normal", según Fernández, quien asegura que, pese a no regresar a España, muchos emigrantes consiguieron el futuro que querían para sus hijos.

"Hay historias como la de Gregorio Bustelo, un español que abre una tienda de café en la Quinta Avenida con la calle 117 y que es capaz de crear una de las marcas de café más conocidas ahora, pero también hay mucha gente que es capaz de salir de Asturias sin nada y conseguir que sus hijos vayan a la universidad", relató.

La muestra, compuesta por fotografías, artículos de la prensa local y otros materiales, también refleja cómo los inmigrantes vivieron la Guerra Civil en Nueva York.

Las imágenes detallan que, mientras en España se desarrollaba una guerra fratricida, el enfrentamiento tuvo su eco también en Nueva York, donde, pese a que la mayoría de emigrantes españoles se identificaron con la clase obrera y los valores de la República, hubo también quien apoyó el alzamiento militar.

"Las asociaciones de españoles se movilizaron para ayudar al bando republicano, pero la clase profesional y los dueños de algunos negocios se mostraron partidarios del alzamiento de Francisco Franco", indicó.

Algunas imágenes incluidas en la muestra reflejan incluso los piquetes que muchos emigrantes organizaron para boicotear los negocios de esos españoles que simpatizaban con el bando nacional, como el caso del mayor establecimiento español de ultramarinos en la ciudad por entonces, Casa Moneo, regentado por una emigrante vasca.

David Valenzuela