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Perú insiste en frenar el armamentismo e Insulza hace un gesto de apoyo a Honduras

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La XL Asamblea General de la OEA fue inaugurada este domingo con un enérgico llamamiento de Perú al continente para que limite el armamentismo y un gesto de apoyo a Honduras, a Haití y a los inmigrantes por parte del titular del organismo.

En el acto de apertura, que destacó por la ausencia de la mayoría de los cancilleres (a los que se espera en las próximas horas), Insulza comenzó con un claro mensaje de respaldo a Honduras, país que está suspendido de la OEA desde el 4 de julio de 2009 por el golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya y que por primera vez no participa en una Asamblea General del organismo.

Así, aseguró que el presidente hondureño, Porfirio Lobo, "ha dado pasos muy importantes en la dirección de normalizar la vida democrática del país".

"Todos estamos de acuerdo acerca de la conveniencia de un pronto retorno de Honduras a la organización. La única diferencia está en que algunos consideran que ello debe ocurrir sin mayor demora y otros creen que es necesario exigir condiciones adicionales", dijo.

Entre estas condiciones figuran la situación de exilio en que se encuentra Zelaya todavía, que contraviene "las normas de derechos humanos y la propia Constitución de Honduras", señaló.

Insulza sostuvo que "un retorno de Honduras es positivo para ese país y para la OEA", porque sería una forma de "apoyar los esfuerzos de quienes quieren una plena normalización, sin exclusiones ni persecuciones, y porque permitiría abordar de mejor manera los problemas de derechos humanos y otros pendientes".

El titular de la OEA también hizo un gesto de apoyo a los inmigrantes, al criticar abiertamente la ley SB1070 del estado de Arizona (EEUU) por su "trasfondo innegable de discriminación contra la población latina, migrante y no migrante".

Consideró que esta ley, así como la llamada "directiva del retorno" de la Unión Europea, "apuntan a reprimir artificialmente fenómenos que son naturales", y ambas cosas "han preocupado especialmente a nuestros miembros".

Por ello, recalcó, quiere propiciar un diálogo interamericano que permita propiciar "migraciones controladas, ordenadas y seguras, y que promuevan las capacidades de los migrantes como actores políticos, económicos, culturales y científicos".

Insulza, por último, también reiteró el apoyo de la OEA a la reconstrucción de Haití y al fortalecimiento de sus instituciones, y volvió a calificar de "poco eficaz aún la respuesta internacional" porque se registran "importantes deficiencias en materia de coordinación" de la ayuda y esfuerzos de los países.

El secretario general de la OEA recordó a las delegaciones que la transparencia de los gastos militares, como una medida de fomento de la confianza, constituye una parte importante de la agenda de desarme de la OEA.

Ese "guante" fue recogido por Alan García, presidente de Perú, quien insistió en su campaña para fomentar el desarme en la región y recordó que los países latinoamericanos y caribeños han gastado 25.000 millones de dólares en compra de armas en los últimos 5 años, y piensan destinar 35.000 más en el próximo lustro, cuando con esta última cantidad podría conseguirse sacar a 50 millones de personas de la pobreza.

El gobernante peruano, que dijo estar dispuesto a "insistir machaconamente" en esta idea del desarme en cualquier foro, sostuvo que América Latina ha "caído presa de un mal concepto de patria y soberanía" en sus intentos de rearmarse.

García minimizó los problemas que algunos países americanos pueden tener con sus vecinos y preguntó a las delegaciones, "¿dónde está la hipótesis de guerra? (El armamentismo) sólo termina beneficiando a los comerciantes de armas", dijo.

En una alusión que todos los presentes entendieron directamente dirigida a Brasil, García señaló que con un submarino atómico "que uno de nosotros quiere comprar" podrían reforestarse un millón y medio de hectáreas en la Amazonía, lo que varias fuentes calificaron de "diplomáticamente incorrecto".

Al término de los discursos de Insulza y García, todos los participantes fueron invitados a un cóctel de bienvenida mientras varios grupos folclóricos interpretaban algunas danzas y canciones del acervo tradicional peruano, tanto andinas como selváticas o costeras, todos ataviados con sus trajes tradicionales.