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Phelps da la de Arena

El alemán Biedermann, con un bañador de tercera generación, supera con claridad al multicampeón olímpico

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'Fija objetivos elevados. Trabaja conscientemente, todos los días, para lograrlos'. Estas dos frases resumen la filosofía de Bob Bowman, el hombre que entrena a Michael Phelps desde que era un niño. Aquel niño que se refugiaba en una piscina de Baltimore para no ver discutir a sus padres.

Ayer, el objetivo era demasiado elevado. La renuncia de Phelps a utilizar un bañador de tercera generación le costó al de Baltimore su primera derrota en una gran competición desde 2005.

El estadounidense salió muy serio a la piscina. No se desprendió de sus auriculares acostumbra a escuchar música del rapero Eminem para motivarse hasta el último momento.

Sabía que el reto era difícil porque su bañador, el habitual Speedo LZR con el que ya nadó en Pekín, ofrece un rendimiento inferior en flotabilidad al Arena-X-Glide de poliuretano que está triunfando en Roma y en el que se había embutido el alemán Paul Biedermann, su gran rival. Calle 3, Phelps.Calle 4, Biedermann.

'Mi entrenador señaló Biedermann me dijo que debía nadar más rápido que Phelps porque él es muy bueno en la salida, en los virajes y en el nado subacuático'. Las palabras del técnico con anterioridad a la final se convertirían en un excelente análisis.

Y Biedermann nadó bien. Aunque cedió unas centésimas en la salida (el tiempo de reacción de Phelps fue de 0.68 frente a 0.81 del alemán), se situó en cabeza ya en las primeras brazadas. Phelps iba cerca, a sólo 15 centésimas al paso por los 50 metros.

El segundo largo generó la falsa sensación de que el estadounidense podía triunfar. Phelps, siempre segundo, iba muy cerca de Biedermann. De hecho, daba la sensación de estar recortando muy lentamente la distancia.

Así era. En la segunda pared, el hectómetro, la diferencia había disminuido a 13 centésimas. Y Phelps confiaba en la magia de sus virajes. Pero en el tercer largo emergió Biedermann (y la marca Arena de su bañador) con toda su fuerza, como si hubiera estado conservando energía temiendo el superior final de Phelps. El alemán ya percibía que el de Baltimore se quedaba atrás. La ventaja aumentó a 41 centésimas en el último viraje.

El bañador marcó la diferencia

Phelps lo intentó de nuevo pero ya no pudo. Su Speedo LZR perdía la batalla ante el Arena-X-Glide. Ganó Biedermann con 1:42.00. Para redondear la fiesta, la marca significaba un nuevo récord del mundo por 96 centésimas. Phelps, que entregó la cuchara en los últimos metros, se quedó en 1:43.22.

La decisión del norteamericano (a medio camino entre el romanticismo de la tradición y la fidelidad a sus patrocinadores) pudo haberle costado su primera gran derrota desde que su compañero de equipo Ian Crocker le humillara en los 100 mariposa de los Mundiales de Montreal, hace cuatro años.

Realmente, el de Phelps era un reto valiente. Biedermann, un alemán que no pasó del quinto puesto en la final de 200 libre de los Juegos dePekín, ya había enviado un tremendo aviso en la primera jornada.

El nadador germano, de 22 años, sumergió para siempre el domingo el récord del australiano Ian Thorpe en los 400 libre, una plusmarca de 2002 contra la que se había estrellado toda una generación de fondistas.

La honestidad del alemán

En las semifinales, anteayer, Biedermann lanzó el segundo aviso. Registró el mejor crono con 1:43.65, mientras Phelps se iba a 1:45.23 en su serie: una diferencia enorme. Al menos el alemán demostró ser honesto. 'Creo que este bañador me concede una ventaja muy grande, unos dos segundos en esta distancia. Estoy realmente contento'.

Phelps intentó tomarse la derrota con filosofía, pero la seriedad de su rostro expresaba una enorme decepción al salir de la piscina. A pesar de su largo periodo sabático después de Pekín, con sanción de tres meses incluida, la derrota le escocióy mucho.

'En teoría he nadado bastante bien', afirmó el estadounidense, de 24 años.Después de haber estado seis meses sin entrenar he sido capaz de nadar a tres décimas de mi mejor crono'. Pero después se sinceró. 'No estoy contento, pero sé que no me he entrenado demasiado este año. Tengo que aceptar esta derrota, aunque no me siento feliz'.