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Picasso y Dürrenmatt inspiraron la nueva ópera "El Minotauro", de Birtwistle

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Pablo Picasso y el dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt inspiraron la nueva ópera "El Minotauro", de Harrison Birtwistle, que acaba de estrenarse en la Royal Opera House de Londres y estará en cartel hasta el próximo 3 de mayo.

Un grabado de la "Minotauromaquia" de Picasso en poder del compositor británico muestra la agonía de esa híbrida criatura, medio hombre medio animal, observada por un grupo de personas.

Desde la barrera, una de ellas tiende la mano al animal como compadeciéndose de la suerte de ese ser monstruoso a la vez que humano.

Birtwistle reveló en una entrevista en 1997 su deseo de basar una ópera en ese mito a sugerencia de la viuda de Dürrenmatt, que le dio una copia de un libreto para ballet escrito por su marido y titulado precisamente "El Minotauro: una balada".

En el guión de Dürrenmatt, el Minotauro baila con su propia figura reflejada en los espejos del laberinto -metáfora de Borges, como sabemos-, viola y mata inocentemente a sus víctimas y luego se queda dormido y sueña.

Como ha explicado el autor del bello libreto de la ópera de Birtwistle y frecuente colaborador del compositor, el poeta inglés David Harsent, "el Minotauro es una figura trágica", que si mata y viola no es por puro vicio o capricho sino porque parece imponérselo su ADN.

Birtwistle y su libretista nos comunican magistralmente la dualidad de esa extraña criatura, que resopla y emite todo tipo de sonidos inhumanos cuando sacrifica a las víctimas inocentes que llegan a su guarida subterránea pero resulta trágicamente humano cuando sueña o reflexiona sobre su destino.

Sólo en esos momentos logra el Minotauro hablar y expresarse en el lenguaje de los hombres.

Los otros dos personajes centrales de la ópera son, como en el mito griego, Ariadna y Teseo: La mujer que quiere escapar de Creta por todos los medios y el héroe dispuesto a acabar de una vez con los sacrificios a ese monstruo y de quien aquélla se sirve para cumplir sus deseos.

Birtwistle es, por encima de todo, un compositor dramático con un estilo musical consistente y reconocible de ópera en ópera: Desde "La Máscara de Orfeo", "Gawain", otro encargo como "El Minotauro" de la Royal Opera House, o "La Segunda Mrs. Kong".

En su nuevo trabajo abundan las líneas musicales y dramáticas. La composición, de dos horas y media de duración, es de una extraordinaria fuerza expresiva, y el compositor se sirve de un conjunto orquestal tan enorme que ha habido que instalar a la sección de percusión en dos palcos laterales porque no cabía en el foso.

La partitura está coloreada por el címbalo y el saxofón alto, que acompaña continuamente a la voz de Ariadna, e incluso parece su prolongación, y sólo en los momentos clave, como en los dos sacrificios rituales de la primera parte, se emplea la orquesta con toda su fuerza, dando trallazos sonoros que ahogan los gritos del coro.

Pero hay también momentos de extraordinaria delicadeza, ejecutados con gran atención al detalle por el maestro Antonio Pappano, director musical de la Royal Opera House.

La dirección escénica de Stephen Langridge es de gran fuerza dramática y los decorados de Alison Chitty -una especie de pantalla de cinemascope que se transforma en la barrera de una plaza de toros para las escenas del sacrificio- son también de una gran elegancia y eficacia escénica.