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Pinocho no tuvo la culpa

El francés Winshluss publica una adaptación sarcástica y oscura del clásico, que cambia moral por ética

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Se abre el telón y aparece una cadena de montaje industrial. Ahí está Pinocho, metálico, robótico, produciendo como nadie, como ninguno de los niños esclavizados a la cinta. Pinocho no miente, sufre las mentiras de un sistema podrido. Apenas hay rastro del argumento del cuento clásico creado por Carlo Collodi. Nada de aquella 'historia de Walt Disney, con moraleja y final cerrado', dice el autor francés Winshluss que, no contento con este relato, ha decidido darle un enfoque diferente, totalmente innovador, que acaba de publicar La Cúpula. 'Pinocho no tenía la culpa de nada. Fue el producto de un hombre que lo modeló para no sentirse solo. Su mentira es, en realidad, la mentira del mundo, la que rodea a la sociedad', afirma su nuevo inventor.

Su Pinocho de cómic es un robot ideado por un ingeniero ávido de éxito, que sueña con una máquina que lo saque de pobre. Hasta su mujer ve posibilidades en la puntiaguda nariz de esa creación. Tampoco Pepito Grillo es quien era. Winshluss lo ha transformado en cucaracha y en un okupa que habita en la cabeza de Pinocho. Un lugar perfecto para invocar al mal desde su conciencia podrida, su ser totalmente fracasado y alcohólico perdido. 'Era más entretenido así, además es una manera de hablar de mí mismo', declara su autor, que describe a esta cucaracha como 'desesperadamente divertida'.

Escoger a un personaje tan conocido e infantil como Pinocho ayuda a Winshluss a conseguir muchos de los propósitos que se había marcado con este cómic: 'Es todo lo contrario del cuento original y las películas de Walt Disney, donde siempre hay un viaje épico que al final es la moral'. Toma el tema, pero busca una conclusión distinta. 'La nada, el vacío. Yo no creo en la moral, sino en la ética', afirma contundente.

La historia de Pinocho representa, además, un soporte que le permite hablar del mundo y todo aquello que le interesa: 'Es, también, uno de los grandes recuerdos que guardo de mi infancia'. Esta marioneta queda convertida ahora en un robot neutro: 'Una base perfecta para trasladar la mentira a la sociedad actual, el catalizador ideal de la estupidez humana en el mundo. Pinocho no entiende nada, es un instrumento de los demás'. Geppetto trata de venderlo al Ejército como la perfecta máquina de matar.

Además de la revolución en cuanto a la temática, Winshluss maltrata los códigos del cómic popular para darle otro enfoque. Más moderno y con gran fuerza en el tratamiento gráfico, alterna los silencios, cuando explica la historia del protagonista, con el blanco y negro de la vida de Pepito Grillo, borracha de diálogos sobre la perdición y la desorientación. 'He hecho un ejercicio de estilo experimental para mostrar el caos en el mundo'. Sus múltiples formas narrativas terminan por convertirse en una sola: 'He tratado de resumir mis gustos y pulsiones para explicar lo que quería transmitir de la mejor manera posible'.

Así también aspira a llegar a un público que no es habitual en este tipo de lecturas. 'Antes era considerado como un arte menor, pero el auge del cómic en los últimos 15 años hace posible evolucionar en su lenguaje y desarrollarlo mucho más'.

Con respecto al público al cual va dirigido esta novela gráfica, Winshluss se muestra categórico: 'Definitivamente, es un libro para adultos, no es para niños en absoluto'. Su sátira mordaz e incisiva acerca del amor, la guerra, el fracaso, la soledad, la envidia y 'casi todos los temas que nos tocan', pese a estar tratados a través de mitos infantiles, 'no es comprensible aún para ellos'.

Un duro trabajo para demostrar lo que Winshluss denomina la edulcoración de la infancia: 'Imagina que te ofrecen un bombón y cuando lo coges, está envenenado. Lo mismo pasa cuando te haces mayor y te das cuenta de que las cosas no son como pensabas y de que te han estado engañando todo este tiempo'.